Falleció Rodolfo Maris, ex bailarín del Estable

Después de haber sido el partenaire preferido de primeras figuras, fue asistente de dirección.

APASIONADO. Maris amaba todo lo relacionado con el arte escénico. APASIONADO. Maris amaba todo lo relacionado con el arte escénico.
29 Marzo 2021

El ex primer bailarín del Ballet Estable de la Provincia, Rodolfo Esteban Maris, falleció ayer a los 70 años. Oriundo de Tafí Viejo, fue uno de los pioneros del elenco y partenaire de Mónica Michal, Alicia Cruzado, Mercedes De Chazal y otras protagonistas femeninas.

Maris ingresó al cuerpo de baile en 1968 y se formó con grandes directores que se sucedieron en ese período, como Esther Gnavi, Cesar Yureff, Alfredo Gurquel, Esmeralda Agoglia, María Teresa Carrizo, Héctor Zaraspe, Nelly Casella, entre otros.

“Rudy entró al ballet en una época en que los varones eran tan pocos que se formaban ahí mismo, sin haber hecho escuela de danza. Recuerdo que en un concurso en que participábamos tres bailarinas, él tuvo que bailar con las tres, porque no había otro capaz de acompañarnos tan bien”, recordó De Chazal, actual directora artística del ballet.

“Lo conocí en la época de Esther Gnavi, cuando hicimos ‘El sombrero de tres picos’, un espectáculo que tuvo mucho éxito. Él era uno de los bailarines. Era bajito pero tenía mucha fuerza y era muy buen partenaire”, resumió el actor y director teatral Ricardo Salim.

Hermano del también bailarín Gustavo Maris, ya fallecido, Rodolfo se desempeñó durante muchos años como primera figura del Estable, pero en la década del 90 decidió irse a Alemania para trabajar en una actividad no artística. Regresó a Tucumán algunos años después. Más tarde reingresó al ballet, esta vez bajo contrato como asistente de dirección, convocado por De Chazal.

“Era un libro abierto para quien quisiera saber algo con respecto a todo lo relacionado con el teatro, no sólo del ballet sino también de la orquesta, el Teatro Estable y el coro -agregó Mercedes De Chazal-. Le gustaba investigar sobre todo lo relacionado con el arte escénico en la provincia y tenía todo en su cabeza. También era un apasionado de la parte técnica, las luces y la escenografía, porque trabajó mucho junto a Guido Torres. Rudy era un soñador, un bohemio, su vida era el teatro. Un hombre humilde, servicial y leal. Siempre dispuesto”.

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