
Padres e instituciones educativas siguen en alerta por el avance de los casos de Covid-19 mientras llevan adelante su tarea como educadores. A pesar de todas las precauciones tomadas en el regreso a las escuelas, los primeros síntomas de la falta de clases presenciales del año pasado, comenzaron a sobresalir este mes.
Los diferentes especialistas y docentes consultados por LA GACETA la semana que pasó, coincidieron en que los alumnos volvieron a las aulas con una dispersión en su atención, propia de un año sin rutinas. “El año pasado fue un año de ‘zafar’ y llegar a fin de año sin saber lo que hicieron’’, expresó un profesor de física y matemática. En la experiencia de quienes preparan alumnos para exámenes, los jóvenes se tomaron el año de modo muy relajado y sólo se preocuparon por pasar de curso sin fijar realmente los conocimientos. La dificultad que encuentran los docentes para motivarlos debió estar vinculada en el primer año de la pandemia con el poco interés que demuestran algunos chicos por estudiar.
Los psicólogos ya habían advertido sobre las ansiedades que genera el uso prolongado de los dispositivos electrónicos en niños y adultos. Esa ansiedad fue síntoma durante todo 2020, provocada por la incertidumbre del rumbo que tenía la pandemia en Argentina: “15 días más de aislamiento”, pedían en el gobierno una vez al mes. Los docentes y psicopedagogos, acostumbrados a observar diaria y cotidianamente a los alumnos, podían obtener diagnósticos más certeros sobre los síntomas observados en clase. Las consultas llegaron, esta vez, de la mano de los padres quienes notaban que algo había cambiado en sus hijos. “Mucha angustia”, dijeron observar los profesionales.
La situación en las aulas es lo preocupante. A las clases presenciales y semipresenciales de algunas instituciones, se les suma también la creencia de que en cualquier momento podríamos volver a Fase 1, estimulada por las advertencias de los profesionales y por autoridades de la Salud, inquietos por los riesgos que generan las reuniones sociales y y otras manifestaciones de la vida comunitaria, y el aumento de contagios a medida que comienza la temporada de frío. Rumores o no mediante, se escuchan pocas voces capacitadas priorizando las estrategias para resolver lo que sucederá con las escuelas en caso de que aumenten los contagios por Covid-19. Asimismo, hace falta conocer estrategias de docentes y especialistas para volver a motivar a los chicos, unificar y construir conocimientos en ese andar.
Todos los niveles educativos están siendo afectados: nivel inicial, en donde se sientan bases de convivencia; nivel primario, con los primeros aprendizajes de la expresión y comprensión oral, la lectura, la escritura, el cálculo y la adquisición de nociones básicas de la cultura. El nivel secundario que los prepara para el mundo, y el universitario con sus respectivas especialidades. En la edición de hoy, una experta en educación explica que la virtualidad ha cambiado el paradigma pedagógico y obliga a repensar el vínculo entre docente y estudiante, mediado por la tecnología.
La vuelta a clases requiere un sinnúmero de estrategias multidisciplinarias para que el sistema de estudio recupere un ritmo de aprendizaje adecuado. Docentes, psicopedagogos y padres deben estar alertas a los síntomas que muestren los pequeños, teniendo en cuenta los desafíos que se presentan en este ansiado regreso.
El primero de ellos tiene que ver con sostener la presencialidad para poder recuperar la escuela como espacio físico de sociabilización. Sostener el sistema dual de educación (virtualidad y presencialidad) focalizando en las ventajas de cada uno y equilibrando las tareas en casa. Atraer y motivar a los alumnos para “engancharlos” en la enseñanza.
Y, prioritariamente, hay que atender a los sectores más vulnerables, los grandes postergados, que requieren especial atención porque son los más perjudicados en la pandemia: retenerlos en las aulas es una tarea ardua pero necesaria.







