Tironeos en la cúpula de un país de locos

27 Marzo 2021

Hugo E. Grimaldi

Periodista y analista político

Una nación que en 65 años no ha honrado ninguno de los 27 acuerdos que firmó con el Fondo Monetario Internacional está fuera del mundo por su propia dinámica y no depende ya de la buena voluntad de nadie. Las actitudes políticas de su actual clase dirigente son leídas con reservas en todos lados, a veces porque son ideológicas y otras porque parecen una buena excusa para reafirmar la creencia que muchos sustentan sobre la Argentina: son deudores seriales o vivillos de ocasión.

A contramano de aquello que pensaban y transmitieron por generaciones los viejos inmigrantes tanos, gallegos, turcos o judíos (“ahorrá en ladrillos, no pidas prestado, pero si tenés que contraer una deuda, un apretón de manos vale más que un pagaré”) hoy, quienes manejan el Estado vuelven a jugar a la escondida, de allí el malestar global. Desde afuera no se entiende la jugada o se cree que es parte de un ADN inyectado por el populismo, invasión que ya tiene muchas décadas de vigencia. Inclusive, hay quienes pueden suponer que el gobierno argentino está haciendo un acting, sin darse cuenta que esa táctica ya está gastada y que le va a jugar como un boomerang, incluido con los países del Club de París con quienes hay que renegociar pagos.

No son para menos tantas dudas, porque casi en simultáneo el Presidente y la vice del país del “fin del mundo” han expresado este miércoles discursos tan divergentes que le han metido más ruido no sólo a la visión que el mundo tiene sobre la Argentina, sino esencialmente a su propia relación y al futuro del gobierno del Frente de Todos. En tanto, el ministro Martín Guzmán ponía la cara ante el FMI y seguramente se sacudía en la silla eléctrica que le enchufaban sus jefes en la Argentina. El cortocircuito se produjo porque mientras Alberto Fernández le decía al Banco Mundial cara a cara que el país iba a honrar sus deudas, en otro planeta Cristina aseguraba que “no hay plata” para pagar.

En esta afirmación de la vicepresidenta hay al menos un par de manipulaciones flagrantes hacia quienes creen en la maldad intrínseca del Fondo, el mismo “que le prestó plata a Macri para fugarla”. En primer lugar, ninguno de los receptores de este mensaje se ha puesto a ver estadísticas para discernir que ese préstamo fue para atender buena parte de la monumental deuda que el propio kirchnerismo le dejó a la Argentina. En segundo término, hay que saber que no es verdad que haya vencimientos urgentes (ni con el FMI ni con los acreedores), por lo tanto todo lo se viene para este año, incluido lo que hay que pagarle al Fondo se puede obtener del aumento de los Derechos Especiales de Giro (DEG) que el propio organismo le asignará a los países.

Además, ha dicho Cristina que se necesitan “20 años” al menos para ponerse al día, un plazo que es muy difícil que se acuerde, no sólo por la propensión argentina a evadir las deudas, sino porque nadie cree que la vicepresidenta quiera atarse al odiado FMI por tanta cantidad de tiempo.

En paralelo, surgió el retiro de la Argentina del Grupo Lima, emparentando al país con Nicolás Maduro y la Venezuela de la súper inflación y el desprecio por los derechos humanos. El propio gobierno de los EEUU, quien tiene la llave del FMI, se ha sentido tocado y fue un detalle más que se ha leído como la vocación argentina de salirse del mundo.

Los dos Fernández han ido en sentido contrario y esto pareció muy evidente, salvo para las justificaciones del Gobierno: “Ambas son verdades y no se contraponen” se ha dicho para justificar la nueva divergencia, pero es seguro que el tema va a traer graves consecuencias adentro y afuera del país. Aquí, porque muy pocos creen que haya habido coordinación de policía malo-policía bueno entre Cristina F y Alberto F. y atribuyen todo a un cortocircuito y afuera porque les parece que se está gestando otra gran estafa de la Argentina.

El cansancio que el mundo profesa hacia el país se refleja por dos lados:

a) en la inversión productiva cero en proyectos que puedan generar empleo, eventual deseo que está inhibido también para los argentinos por una presión impositiva demencial, por rígidas reglas laborales y hasta por graves aprietes sindicales consentidos (caso Wallmart) y

b) en materia financiera, en un país que ha hecho una reestructuración de la deuda privada y que parece que está otra vez en riesgo de default, cuando tampoco hay vencimientos en el horizonte. El caos se nota en los casi 1.600 puntos de su riesgo-país que se traducen en una tasa de rendimiento de más de 18 por ciento anual. Así y todo, hasta el santo desconfía.

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