FOTO LA GACETA/OSVALDO RIPOLL
La feria de Simoca funciona desde hace más de dos meses con el 90% de su capacidad, luego de permanecer cerrada ocho meses a causa de las medidas que se adoptaron para evitar la propagación de la Covid-19. Están ocupados ahora 251 puestos de ventas de un total de 300. Todos los feriantes son locales, al haberse prohibido el ingreso de los de otras comunidades. Los de Famaillá, Río Colorado y Lules se movilizaron para que se les permitiese recuperar sus puestos. Pero el municipio, por razones sanitarias, se mantuvo inflexible con la prohibición.
Pese a todo, Simoca volvió a recobrar los sábados el movimiento de otros años, al tiempo que la economía muestra indicios de recuperación. Sin embargo, el riesgo a una regresión en el proceso de reapertura de la feria preocupa sobremanera a los funcionarios municipales. “Recorro punta a punta advirtiendo a puesteros y clientes sobre la obligación que tienen de usar el barbijo. Sin embargo se lo ponen y cuando me retiro se lo vuelven a sacar. No hay conciencia de los peligros a que se exponen. Esto es una lucha sin tregua” contó Juan Ruiz, administrador del predio ferial.
El municipio, a los pocos sábados de reabrirse la feria, entregó 300 barbijos y delantales a los feriantes. En el acceso instaló un puesto de control sanitario en el que se toma la temperatura a los que ingresan y se los sanitiza con alcohol en gel. “Se han adoptado todas las medidas necesarias a fin de hacer seguro este paseo tanto para vendedores como para visitantes. Pero hay gente que pone en riesgo su propia salud y la de los otros al no usar el barbijo y tampoco mantener la distancia social. Esto sucede pese a las advertencias”, se lamentó Daniel Paz, presidente del Concejo Deliberante local. El edil, integrante del COE Municipal, fue lapidario al advertir de lo que puede suceder si en la ciudad vuelve a producirse un rebrote de Covid-19: “roguemos que no vuelvan a estallar los casos de coronavirus porque no habrá más remedios que volver atrás con las prevenciones y reducir el movimiento del predio”.
La feria inició su proceso de reapertura autorizando primero a instalarse a los vendedores de frutas y verduras. Por último se rehabilitaron los quinchos de venta de comidas regionales. El humo de los asados y el aroma propio de esos platos han vuelto a invadir el sitio y sus alrededores. “Los ocho meses sin feria fueron terribles. Estábamos sin nuestro sitio de venta. Los bolsillos siempre los teníamos flacos. Vendíamos de cualquier manera, en casa o saliendo a ofertar. Ahora tenemos un poco de alivio”, comentó don Luis Rodríguez, vendedor de verduras de San Pedro Mártir. “No quiero ni imaginarme lo que vamos a padecer si otras vez vuelven a cerrar la feria. Va a ser peor porque aún estamos peleando para recuperarnos de tanto tiempo de trabajar apenas para comer” advirtió.
Fábrica de dulces
En Simoca genera expectativas la instalación de una fábrica de dulces regionales. La planta demandará una inversión de casi $80 millones y se levanta en predio del ex Matadero. El proyecto se complementa con la construcción de nueve viviendas para las familias que viven en el sitio en condiciones precarias y que deben ser reubicadas. En principio la fábrica producirá dulce de batata. Se estima una demanda de 800.000 kg de ese cultivo. El costo de la inversión proviene de recursos no reintegrables de la provincia.








