Bienvenidos inversores al país del nunca cumplir

Por Hugo E. Grimaldi, periodista y analista político.

18 Marzo 2021

Alberto Fernández salió por un momento de las distracciones que le provocan las internas de su propio Gobierno y se hizo un tiempo para vestirse de promotor de negocios de la Argentina. Por videoconferencia, el Presidente tomó contacto con 18 fondos de todo el mundo, socios a su vez de un fondo ruso que es parte del acercamiento que alentó la vicepresidenta Cristina Fernández, cuando la Argentina apostó casi en exclusiva a la vacuna Sputnik V.

No está mal el intento y es lo que se espera de un Presidente, pero deberían tomarse en cuenta algunos reparos fundamentales. ¿Qué beneficios se les ofrece a estos inversores? ¿Bajo qué reglas jurídicas llegarán esos capitales? ¿Qué tasa de retorno esperan? ¿Qué habrá que ceder para conseguir que se arriesguen a invertir en un país que después de haber reestructurado su deuda elevó el riesgo-país a la estratósfera? Hay que recordar que en tiempos de Néstor Kirchner, ya fuera del FMI y sin querer saber nada con inversores financieros de los EEUU, la Argentina encontró en Hugo Chávez un prestamista que le arrimaba fondos a tasa de usura.

Lo cierto es que a la posibilidad de hacer negocios (“Necesitamos inversión extranjera que invierta en trabajo, arriesgue, produzca y gane”), tal como dijo Fernández para seducirlos, se le opone un listado de todas las malas prácticas que mantiene a la Argentina aislada del mundo, por ejemplo los costos impositivos, cambios permanentes de las reglas de juego o una mayor injerencia del Ejecutivo en la Justicia, lugar donde se van a dirimir eventuales cuestiones litigiosas de los futuros inversores (incluidos los locales que colocan en títulos en pesos), práctica que parece asegurar la presencia del nuevo ministro en el área, Martín Soria.

Como gran contrasentido, casi como para darle la “bienvenida” al capital inversor, el Gobierno no tuvo mejor idea que poner en marcha un sistema de control, casi policíaco, que obliga a las empresas más grandes de varios sectores a un régimen informativo que incluye precios de venta, cantidades producidas y vendidas, canales de comercialización, stock de sus productos y costos de elaboración. Otro regalito para los inversores ha sido la baja del impuesto a las Ganancias para trabajadores que será financiado con una suba de alícuotas a las empresas, proyecto que el Congreso aprobará la semana próxima. Mayor presión tributaria y cambio de reglas de juego, todo al unísono.

Este proyecto ha sido bendecido por Martín Guzmán porque el equilibrio fiscalista que propugna el ministro de Economía, a partir de tener una manta corta y aún a costa de inhibir más la inversión, le da los recursos que se pierden por el otro lado en el Presupuesto. Es como si se quisiera adrede que los locales tiren la toalla para que lleguen como salvadores otros del exterior, inversores de corto plazo que pueden llegar a ser voraces y depredadores.

En general no estuvo muy lúcido Guzmán en el reportaje que le hizo el lunes Carlos Pagni porque demostró que adhiere a una idea de gradualismo que suena insensible ante los problemas urgentes que hay que resolver. El ministro está encerrado en el mundo teórico de la academia y alejado también de este tipo de remedios como el explorado por el Presidente, a partir de salvadores que no regalan absolutamente nada porque saben que la Argentina tiene la soga al cuello.

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