Clubhouse: ¿nos dejarán entrar a la próxima red social? - LA GACETA Tucumán

Clubhouse: ¿nos dejarán entrar a la próxima red social?

01 Mar 2021 Por Pablo Hamada
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Imagine una nueva red social en la que no haya videos. Tampoco se ven fotos. Mucho menos texto. Lo único que queda es el audio, ese formato primal con el que comenzamos a contar historias podría ponerse de moda en los próximos meses. La tendencia viene impulsada por una nueva aplicación que en Estados Unidos justamente está haciendo “ruido” y se llama Clubhouse. Se trata de una plataforma con salas de conversación protagonizadas solamente por las voces de sus participantes.

La red que fue creada en 2020 por dos ingenieros de Silicon Valley por ahora solo está disponible en teléfonos y tabletas de Apple. Si bien esta podría ser una barrera para los usuarios, hay otra más importante y es por la que todos hablan: lejos de buscar masividad, este entorno por ahora solo se maneja por invitaciones y según sus directivos “es importante que las comunidades crezcan lentamente”.

¿Por qué tendría futuro una red social VIP que se jacta de estar basada solo en voces? Existen un par de explicaciones. El 2020 estuvo marcado por el crecimiento de formatos sonoros como los podcasts, que si bien venían despegando en el mercado norteamericano y europeo, encontraron en la pandemia un momento ideal para que los usuarios consumieran producciones de audio con contenidos de toda clase: emprendedurismo, cocina, sexo, filosofía, política, historias de vida. Otra particularidad es la posibilidad de escuchar producciones a demanda en distintas situaciones, tales como el momento de manejar, correr o bien en el transporte público. La vieja radio ahora funciona a control remoto y sus usuarios son los dueños de la programación.

“Olvida TikTok. Clubhouse es la próxima red social estrella”, aventuró a decir la prestigiosa revista de negocios Bloomberg. Otros medios como Fortune, Rolling Stone o el propio Washington Post ya le dedicaron varias líneas de análisis a este fenómeno en los últimos días. ¿El motivo? Personalidades de la talla de Elon Musk, Oprah Winfrey, John Mayer, Lindsay Lohan, Jared Leto y Ashton Kutcher impulsan charlas y conferencias dentro de la aplicación. Los usuarios pueden escucharlos y hasta intervenir en la conversación si el moderador lo permite.

Los accesos a Clubhouse por ahora se consiguen solo si alguien que ya está dentro del club envía una invitación. Según sus creadores, su intención no es crear una red privativa, sino que quieren cambiar el modelo de crecimiento. Sin embargo, por ahora esa idea de espacio restrictivo está empujando al emprendimiento que hoy vale 1.000 millones de dólares, según publicaciones especializadas.

Del sueño de una internet abierta, democrática y participativa solo quedan anhelos. Perdimos la inocencia cuando nos revelaron que lo que estaba en juego en todo lo gratuito eran nuestros datos y nuestra privacidad. Pero el interés que despierta esta nueva red obliga a reconsiderar algunos aspectos. Aquí la exclusividad se convierte en valor y este aspecto cambia la vieja lógica de la masividad sobre la que se construyeron las redes que hoy conocemos. El deseo de estar ahí donde estaban todos, ahora es desplazado por la atracción de pertenecer a un club donde solo unos pocos acceden. Es decir, nada más parecido al mundo analógico y excluyente.

Lo real y lo virtual

La virtualidad opera sobre la idea de reemplazar algo que no está presente. Lo material se convierte en abstracción y las posibilidades se expanden. Por eso nos atrae viajar, jugar, espiar o participar en situaciones en la que nuestro cuerpo está excluido por razones de las que el tiempo y el espacio se encargaron de separarnos.

Un ticket hacia la exclusividad de Clubhouse podría significar entonces dos posibilidades. Puede virtualizar la clásica distinción que nos ordena y separa en clases sociales, o bien expandir el simulacro que nos seduce de toda red social.

Enviada la solicitud es tiempo de espera, y si de esperar se trata, somos especialistas. Así lo demanda toda utopía, que si tenemos suerte, llegará en un par de días con una antorcha en una mano y un código de acceso en la otra.

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