“El secundario puede formar a los alumnos sobre lo que ven y consumen, más allá de Netflix" - LA GACETA Tucumán

“El secundario puede formar a los alumnos sobre lo que ven y consumen, más allá de Netflix"

Juan Carlos Veiga, director de la Escuela de Cine, habla sobre el perfil de los egresados y sobre su inserción en el mundo laboral. También reclama más políticas que acompañen y financien la producción audiovisual.

01 Mar 2021 Por Guillermo Monti
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BALANCE. La paralización de los rodajes fue uno de los aspectos negativos del 2020 para la Escuela de Cine. El ingreso 2021 reunió 124 inscriptos.

La pandemia multiplicó el encendido de pantallas, fenómeno global que se tradujo en un notable aumento del consumo de películas, series, cortos -ficciones y documentales- y cuanta producción rondara por Internet. Ese es un dato de la realidad, pero su análisis no es lineal ni implica, de por sí, que todo sea ganancia neta para la industria audiovisual. Es uno de los tantos temas de los que habló Juan Carlos Veiga, director de la Escuela de Cine de la UNT, quien celebra el crecimiento de la actividad en Tucumán pero no deja de apuntar cuáles son las condiciones para que esa producción se visibilice y la coyuntura pospandemia pueda aprovecharse a fondo. Veiga conduce una Escuela que cuenta con alrededor de 400 alumnos, todos aspirantes a insertarse en un mercado laboral prometedor, pero a la vez de lo más variado.

- ¿Cuál es el perfil que están detectando en los egresados de la Escuela?

- Todos vienen con la idea de ser directores, ya sea al modo hollywoodense o de cine de autor. Entonces se encuentran con un abanico enorme, que son los oficios del cine: fotografía, montaje, sonido, producción, guión... Y desde ahí van asomándose a las nuevas ventanas del audiovisual que proporcionan las plataformas digitales. El campo de trabajo incluye la televisión, los celulares, los nuevos dispositivos de streaming, la publicidad, la comunicación institucional.

- Hay una gran oportunidad ahí...

- Las cuarentenas multiplicaron la generación de contenidos audiovisuales, tanto en el ámbito público como en el privado, para la comunicación interna y externa. Es algo que va a perdurar por la llegada que tiene el formato. Un gran nicho de mercado, sin dudas.

- ¿Pueden mantener algún seguimiento de los egresados?

- Tratamos de hacerlo, pero es difícil porque pasan a trabajar de forma independiente. De todos modos los vemos a partir de nuestro contacto con la Asociación Tucumán Audiovisual y con la Cámara de la Industria Audiovisual, donde muchos se insertan. Creo que la influencia de la Escuela se aprecia en la cantidad y calidad de profesionales que están trabajando en la provincia. Cuando nuestros egresados se involucran es una diferencia muy notoria respecto de todo lo que se produce en forma doméstica.

ANÁLISIS. Según Veiga, necesitan mayor capacidad en las aulas.

- ¿Qué clase de temas están abordando los alumnos?

- En quinto año tenemos el taller donde le dan forma al trabajo final de la carrera. Con Benjamín Ávila, que es el titular de la cátedra, implementamos el sistema de pitching de proyectos, que es la forma en la que funciona la industria del cine. Esto obliga al alumno a que su proyecto no sólo sea original y correcto; sino también viable. Históricamente el género más elegido era el drama, que es un clásico del cine nacional, pero a partir de este sistema fueron apareciendo el humor, la ciencia ficción, los temas urbanos, las cuestiones de género, el policial. Tuvimos un mediometraje sobre el robo de una Ferrari; otro sobre una invasión alienígena en San Javier. Todo esto rompió el molde de los géneros clásicos. Lo mismo sucede con los proyectos documentales en cuanto a su variedad.

- ¿Cómo analizan el impacto de la Escuela, a 15 años de su creación?

- Es notorio porque cambió el mapa de la realización audiovisual. Es un crecimiento exponencial que en 2019 se tradujo, por ejemplo, en la producción de 20 cortos y seis largometrajes. El nacimiento de la Escuela en 2005 coincidió con la explosión de las ventanas de difusión, que no dejan de crecer. Hubo suerte en eso, claro. Fue algo impensado, que excede al cine y a la TV, y se define como un estallido digital. Entonces los estudiantes tienen la posibilidad de difundir masivamente lo que hacen; hoy con el acceso a Internet y las plataformas gratuitas una película puede verse en todo el mundo.

- ¿Qué se necesita para seguir creciendo?

- Siguen siendo imprescindibles las políticas de acompañamiento y financiamiento por parte del Estado. Que se comprometa a difundir lo local; que apueste por la educación, por la capacitación. En el colegio secundario hay materias en las que se puede formar a los alumnos sobre lo que ven y consumen, más allá de Netflix. Hay muchísimos contenidos a los que no se accede, simplemente, por desconocimiento. Es importante también que no sea un laberinto, sino que sepa dónde encontrar lo que yo busco, ya sea Vimeo, YouTube o cualquier plataforma del Estado.

- ¿Cómo respondieron ante la urgencia de la pandemia?

- Se estableció una buena comunicación interna en la Universidad y eso nos permitió compartir ideas y soluciones. Ahí noté mucha solidaridad. Nosotros accedimos de esa forma al soporte técnico para las clases virtuales, que era lo que más necesitábamos.

- ¿Y dónde los golpeó más el 2020?

- Lo más perjudicial fue para los talleres, donde la actividad fue casi nula. En los tres primeros años, donde se cursa la tecnicatura, no fue tanto por el balance de clases virtuales y prácticas. Pero cuarto y quinto, que son los de la licenciatura, lo sintieron mucho más. Por suerte hubo alumnos que aprovecharon para avanzar con los trabajos finales de varias materias, ya que pudieron hacer posproducción de imagen y sonido de manera virtual. Pero los rodajes se paralizaron por completo.

- ¿Y en cuanto a las clases?

- Los exámenes virtuales se tomaron sin inconvenientes, del mismo modo que se avanzó con el cursado. El porcentaje de regularidad alcanzó el 62% en los estudiantes de primer año; 76% en segundo; 70% en tercero; 62% en cuarto; y en quinto, con los chicos abocados a la tesis final sin tanto uso de los laboratorios, llegó al 82%.

- ¿Cómo fue la respuesta de los docentes?

- Han tenido un año laborioso, con la mayor dedicación que se recuerde porque debieron reestructurar programas y rediseñar la forma de enseñar, de modo que los contenidos siguieran siendo atractivos desde la virtualidad. Fue un trabajo que requirió ingenio y dedicación. Hubo entre ellos mucha ansiedad por la comunicación, por conocer cuanto antes los lineamientos a seguir. Cuando se entendió que la cuarentena iba para largo supieron usar los soportes y herramientas tecnológicas.

- ¿Incidió la pandemia en el ingreso del 2021?

- Desde hace cuatro años, cuando se eliminó el cupo de ingreso, tenemos una media de 100 anotados. Esta vez son 124, así que no hubo incidencia de la pandemia en ese sentido. Sí tomamos la decisión este año de no dictar el curso de nivelación; entonces lo que haremos es anticipar el inicio de las clases en primer año. La idea en el primer semestre es que la Escuela funcione con modalidad mixta: teóricas virtuales y prácticas presenciales en la medida que se aprueben los protocolos.

- ¿Lograron mantener algún ritmo de trabajo interno?

- Más allá del parate académico se continuó con las actividades. Por ejemplo entregamos 36 títulos, así que desde lo administrativo el período fue positivo. Y también mantuvimos una agenda de extensión. En octubre participamos junto a la Municipalidad de Yerba Buena en el Festival Cortala! Fue una lástima que hayamos debido cancelar la organización del congreso internacional de AsAECA (Asociación Argentina de Estudios sobre Cine y Audiovisual), por primera vez íbamos a ser anfitriones. Pero contamos con la visita de Lucrecia Martel a nuestro archivo, laboratorio que siguió trabajando -por turnos y de manera individual- en la digitalización de material

- ¿Qué desafíos afrontan en materia de infraestructura?

- Tenemos la necesidad de agrandar la capacidad áulica, que es algo previo a la pandemia. También debemos renovar equipamiento, que tiene los problemas lógicos de obsolescencia y desgaste. Nosotros proveemos a los alumnos de esas herramientas en forma gratuita para que trabajen. Son equipos caros, que tienen una vida útil. Otra deuda es la renovación del laboratorio informático, que está igual desde que se inauguró la Escuela. De todos modos, durante la cuarentena aprovechamos para hacer mantenimiento y mejorar la estructura edilicia.

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