MARLENE WAYAR. “De por sí, las categorizaciones son violentas”.

La funcionaria del Palais de Glace, Marlene Wayar, defendió la encuesta de la polémica del Salón Nacional de Artes Visuales.
“Si lo ponemos en contexto histórico desde el silencio que nos ha sido impuesto a las disidencias sexo/genéricas, puede ser un susurro poner mucho acento. Pero no hay un medidor para decir qué es mucho o qué es poco, y por otro lado que sea estigmatizante y limitante no hace a la cuestión, pues la encuesta pregunta cómo las personas se autodefinen y a todas por igual: no hace juicios de valor”, respondió en una entrevista de la agencia Télam.
La activista travesti indicó que “las categorizaciones son de por sí violentas y tienden a la taxonomía; eso conlleva una jerarquización y discriminación, pero este es el estado de situación en el que nos hemos puesto: no hay disidencias o no son abiertamente visibles. El tema de que pueda leerse como estigmatizante y limitante es de quien haga esa lectura pero el Estado no lo está proponiendo en estos términos sino que está intentando hacer estadística como insumo para saber en qué situación estamos, cuántas de las disidencias sexo/genéricas no acceden del mismo modo a la participación en el ámbito del arte impulsado por el Estado”, explicó en relación a las críticas que hicieron dar marcha atrás a la obligatorierad a la encuesta.
- ¿Por qué cuando estamos hablando de arte hay que pensarlo desde una estructura atravesada por la condición sexual? ¿Por qué no se puede hablar más allá de eso?
- Porque no es un ente abstracto, está compuesto por corporalidades que son sexuadas como en todo constructo social en donde estas dinámicas están presentes. Pensar que el arte o cualquier otro ámbito está desprovisto de los mismos prejuicios que nos atraviesan (como parte de una sociedad) sería ingenuo y poco científico, no sería una visión crítica.
- En la declaración que realizaron con la directora del Palais, Fede Baeza, dice que “el Salón Nacional escenifica la construcción de una comunidad y pone en debate lo común”. ¿Cómo se puede pensar lo común?
- En principio, pensar lo común tiene que ser en comunidad, tienen que estar las distintas voces representadas en ese diálogo. Es muy complejo en un contexto social donde la exclusión se da a veces por cuestiones claras como que una persona sea joven o niña, que se le haya negado la posibilidad de estudios formales, que sea travesti o Qom; pero a veces se vuelve más complejo por la interseccionalidad de las discriminaciones: ¿qué pasa si es una travesti del cordón suburbano en Córdoba y además racializada, o si es una lesbiana masculina en el interior, en un pueblo de Santa Fe? Las travestis no son inteligibles en lo artístico, tampoco la masculinidad trans: no vemos obra que venga desde esas corporalidades situadas, como tampoco vemos que haya una paridad entre artistas hombres y artistas mujeres. Como no hay paridad en entender el arte sin hablar de una racionalización estrictamente ligada con lo geopolítico: una cosa es el arte europeo y otras cosas son las artes decorativas o funcionales de lo no occidental. Unas son arte con nombre y apellido, y otras son artes colectivas de zonas geográficas no eurocéntricas.
- ¿A qué te referís cuando hablás de que nadie va a “perder sus privilegios”?
- Me refiero que los privilegios de ser una corporalidad hegemónica: blancas que portan la masculinidad o que portan la legitimidad de ser mujeres y que tienen relaciones pre-existentes de pertenecer a una clase social en particular, de educarse y relacionarse de cierto modo, teniendo herramientas para presentarse a concursos o certámenes, pensando qué es lo que pueden plantear en sus obras, las temáticas, técnicas, procesos de producción y posibilidades de transportar las obras. Todas estas cuestiones hacen que tengan privilegios objetivos respecto de otras corporalidades que no reciben educación. Entendemos que los privilegios nos preexisten como cultura y nadie debe pagar por haber nacido en las condiciones en que le tocaron, pero sí podemos pensar en las responsabilidades que nos tocan. Lo que estamos proponiendo desde los movimientos de mujeres, feministas, desde los de disidencia sexo/genéricas como así también de los colectivos racializados y de los pueblos originarios, es pedirles que dejen de lado sus privilegios. El Estado en este caso no puede hacer otra cosa que tomar algunas acciones que hagan a buenas prácticas basadas en la discriminación positiva. Esto significa permitir que los recursos y la información lleguen a otros colectivos históricamente menospreciados, discriminados, disminuidos en sus posibilidades de acceso y de permanencia en el espacio institucional.







