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A esta altura de la historia, todos tenemos la información: el tabaco causa graves daños. Pero cuando se trata de adicciones la información no es barrera, y la voluntad casi nunca es suficiente. A esta altura de la historia, todos sabemos que el tabaco causa graves daños a la salud: es el mayor responsable de muchas enfermedades pulmonares no transmisibles, desde el cáncer al EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva cónica), también incide en la salud cardíaca, cerebral, renal... También aprendimos que las personas con enfermedades respiratorias son vulnerables a sufrir covid-19 severo. Pero cuando se trata de adicciones la información no es barrera, y la voluntad casi nunca es suficiente. Sin embargo...
En pleno pico de pandemia, cuando (al menos en teoría) tomábamos en serio el distanciamiento, el Centro de Investigaciones de Enfermedades No Transmisibles lanzó un relevamiento sobre hábitos y tabaquismo en cuarentena, que incluyó (por teléfono) 3.418 individuos mayores de 16 años de todo el país. Entre otras cuestiones, preguntaban sobre los intentos (o no) de dejar de fumar.
El resultado: 6 de cada 10 dijeron que -de intentarlo- lo harían apostando a su voluntad personal.
“Ese intento es uno de los motivos que hacen fracasar los intentos -asevera Ramiro Hernández, director del Programa Universitario de Estudio de las Adicciones-. Muy pocos lo logran por efecto muy traumático de alguna enfermedad severa, pero en general con sólo la decisión no basta. Es necesaria la ayuda profesional”.
Coinicde con él Ariela Tarcic, coordinadora de la Terapia de Cesación Tabáquica del Programa de Lucha Antitabáquica del Sistema de Salud de la Provincia. “El tabaquismo es una adicción; por consiguiente, una enfermedad crónica -explica-. Con tratamiento se puede controlar, pero no se cura”. “Pero además -agrega-, hay un agravante: es la adicción a sustancias con mayor aceptación social; a nadie le parece mal que alguien prenda un cigarrillo a las 7 de la mañana, en ayunas... Imaginen que a esa hora vieran que alguien se toma un whisky on the rocks...”.
Por qué cuesta tanto
Ya lo decía el tango: “fumar es un placer genial, sensual”, cantaba Sarita Montiel, y no era pura literatura. “El tabaco es cinco veces más adictivo que la heroína -advierte, contundente Tarcic-; y esa adicción se da en varios planos, empezando por la química, de la mano de la nicotina”.
Al inhalarlo, el humo va a los alvéolos pulmonares y entra en contacto con los capilares sanguíneos. “En cuestión de segundos llega el sistema nervioso -describe-; allí los receptores de nicotina liberan dopamina, sustancia que deja una sensación de bienestar, placer y tranquilidad. Pero en realidad el humo produjo, además de dopamina, taquicardia, agitación...”.
Con esto hubiera bastado para entender por qué “se necesita más”, pero no es todo. “Es una trampa -agrega Tarcic-. Cuando no hay nicotina, otro sector del sistema nervioso libera noradrenalina, y ese genera nerviosismo, sudor, insomnio, aumento de apetito... y se arma el círculo vicioso”.
Y sigue sin ser todo: “además se crean otras dependencias; desde la gestual (no se sabe qué hacer con las manos, por ejemplo) a la psicológica, que es muy compleja, porque el fumador le va otorgando poderes y valores al cigarrillo; lo transforma en gran protagonista de su vida -describe-. Lo necesita para estar con amigos, estudiar, trabajar... todas cosas que, claro, puede hacer sin él, pero ya no puede. Se escucha a los pacientes frases como ‘es mi sostén, mi bastón’; ‘es mi mejor amigo, no me cuestiona nada’...”.
Abordajes
Hernández y Tarcic coinciden también en que el primer paso es el diagnostico y en que no hay una única receta. “El tratamiento es ‘un traje a medida’”, sentencia Tarcic.
“Inciden muchas variables: cuánto tiempo hace que el sujeto fuma; cuánto, en qué momentos, en relación con qué actividades, o con que circunstancia emotivas…”, explica Hernández, y añade que si el caso es leve, puede alcanzar con acompañamiento psicológico. “Pero puede ser necesaria, además, terapia farmacológica”, advierte Tarcic.
“El objetivo es que fumar deje de ser algo de lo que no se tiene conciencia (especialmente, de la cantidad) y lograr cambio de hábitos; por eso se apela a estrategias cognitivo-conductuales, algunas muy sencillas, como cambiar el paquete de cigarrillos de bolsillo, para que al no encontrarlo se den cuenta de que están por fumar uno nuevo”. De a poco, coinciden también, las personas van haciendo consciente en qué circunstancias buscan fumar, o con qué está relacionado el acto de encender un cigarrillo.
“Cuando llegue el momento de decir ‘o dejo’ -recomienda Hernández-, ayuda no decir también ‘desde hoy’. Suele ser más efectivo consensuar el día y prepararse para él. Y saber que puede haber recaídas, y también se puede volver a empezar. Importa que no sea traumático, y los grupos, además de la terapia individual, pueden ayudar”.
TELECONSULTAS
• Centro de Orientación de PUNA: WhatsApp 3815288759
• Doctora Tarcic: pedir turno al 0800444999 o en la App “Tucsalud”








