La copa menstrual: verdades de primera mano

Cómodo, ecológico y durable, el más reciente sustituto de las toallas femeninas es cada vez más elegido por las tucumanas, que nos cuentan su experiencia.

UNA SOLUCIÓN. Eso fue para muchas mujeres la copa menstrual, pero además, protege el medio ambiente. UNA SOLUCIÓN. Eso fue para muchas mujeres la copa menstrual, pero además, protege el medio ambiente.
30 Enero 2021

“Es un cambio sustancial en mi vida”, “me parece que vale la pena darle una chance”, “hasta podés olvidarte de que la tenés puesta”. Estos son algunos de los testimonios de chicas que le contaron a LA GACETA su experiencia con la “copita”. Algunas por curiosidad, otras por ecología, todas encontraron en este producto un aliado que las ayuda a llevar con mayor tranquilidad su período.

En los inicios de esta tercera década del siglo XXI, las cuestiones relativas al cuerpo de la mujer, que antes se consideraban tabú, se hacen cada vez más habituales y se encaran con mayor naturalidad. Un caso es este, de la copa menstrual, el más reciente sustituto de las toallas femeninas y de los tampones.

Se comercializa en el país hace algunos años y ahora son cada vez más las tucumanas que optan por este producto que no sólo tiene menor costo, sino que también genera menos contaminación ambiental.

Nadine Lamarque contó que conoció la copa menstrual por una de sus tías que se animó a probarla. “Como al año, literal, me surgió la curiosidad. Me informé bastante, averigüé marcas, cómo se ponía, cómo se sacaba, algunas experiencias”, destacó. Y ahora afirma sin dudar: “la copa es un viaje de ida”, y reitera que fue un cambio sustancial en su vida. “Me pasan cosas como desde olvidarme que la tengo puesta hasta vivir las menstruaciones de modo más llevadero, porque no hay incomodidad ni temor a malos olores”, relata. Admite que todas sus amigas y familiares mujeres la usan. “Creo que una vez que una del grupo la prueba, se convierte en una ‘evangelizadora’ de la copita”, afirma con humor.

Según Lamarque, el uso no presenta inconvenientes; sí hay que tener paciencia las primeras veces y aprender a conocer la anatomía personal para evitar filtraciones. Recomienda la copa no solamente por ser económica y ecológica, sino por la practicidad.

La ginecóloga Silvia Nieto, resalta: “es una muy buena alternativa, a la paciente le da seguridad y puede hacer hasta actividad física”. Agrega que es importante trabajar en el autocuidado de las pacientes, recomendar cómo es la higiene y cada cuanto tiempo hay que hacerlo, pero que al fin y al cabo cada mujer es la que toma la decisión de animarse o no a la copa. “Si algo me va a ocasionar temor, y voy a estar muy preocupada y con la percepción de que me va a hacer daño, es mejor no usarlo”, advierte.

Subrayó, asimismo, que no todas las copas menstruales están aprobadas por la Anmat. De modo que hay que tener cuidado al hacer la compra, y buscar las marcas que estén debidamente autorizadas.

“Las copas son de silicona, que es un material muy flexible y no causan daño físico”, aclara.

Cómo ponerla

Lucia Marianela Zelaya se enteró del producto hace más o menos cuatro años, al leer un articulo sobre una copa de silicona pensada originalmente para mujeres sin recursos de África, que era furor en Europa.

Relata que cuando empezó a usarla, le resultaba bastante incómodo hasta que entendió cómo colocarla y quitarla. “Probé varias formas de doblarla según había visto en videos, y me quedé con la que era más cómoda era para mí. El problema fue sacarla. Como hace vacío, tenía que doblarme de mil formas para poder alcanzar el tallo, que se me deslizaba constantemente. Después, prestando atención a mi cuerpo, me di cuenta de que cierta posición me daba más ‘alcance’ y tenía que sí o sí contraer el suelo pélvico para que la zona donde está la copa baje y pueda pellizcarla y romper el vacío. Ahora no tengo ningún problema”, describe.

Marianela, que también es docente, encontró en la copa la comodidad que buscaba. Narra que se informó bastante antes de usarla, que consultó a una amiga francesa, buscó en blogs y en videos de YouTube.

Recuerda que su amiga le había detallado una lista de cosas que no le gustaban, pero que con el tiempo y la búsqueda online se encontró que todas esas cosas negativas tenían solución. “Es cuestión de acostumbrarse, porque a la larga son más saludables, más eco-friendly y muchísimo más económicas que las toallas sanitarias o los tampones”, asegura.

“Es una inversión de una sola vez, con cuatro paquetes de toallitas ya cubrís el precio de la copa, que te puede durar hasta 10 años según la marca”, afirma.

Luego viene la comodidad: “no te manchás nunca más; no la sentís, no se corre, no se nota, te podés meter a la pileta tranquila, dormís toda la noche sin tener que estar pendiente de tu posición”, enumera. Por otra parte, se reduce considerablemente la cantidad de basura, porque se reutiliza.

“Cuando me la compré sólo encontré una marca en Argentina, y la adquirí online porque en Tucumán no la conseguía. Venía en tres tamaños. Hoy las venden en las farmacias y hay muchas marcas y distintos tamaños, formas y colores”, añade.

Lo único negativo que ve en el uso es que durante el período, hay que,. si salías de la casa, tenés que llevar una botella de agua potable para lavarla. “Uno nunca sabe la calidad del agua de la canilla o el estado de los tanques, o si vas a tener un caño en el cubículo del inodoro de un baño público, o si van a cortar el agua”, aconseja.

La ginecóloga Adriana Díaz Montivero asevera que la copa es una excelente alternativa justamente porque es reutilizable y no genera residuos, a diferencia de las toallitas, tampones y sus respectivos envoltorios que requieren muchos años para su degradación.

Entre los beneficios, enumera: “es muy segura. Su duración aproximada es de cinco años, pero si se la cuida, higieniza y manipula como corresponde, puede llegar a durar hasta 10 años. El uso correcto implica el lavado de manos con agua y jabón antes y después de manipularla; la sanitización de la copa se hace hirviéndola de tres a cinco minutos cuando terminó el periodo menstrual. Luego, hay que guardarla en la bolsa respirable que viene con la copa, en un lugar fresco y seco”.

La doctora Díaz Montivero comenta que usarla no produce ni infecciones ni bacterias. “La copa es un recipiente de silicona de alta calidad, no tiene poros, por lo cual no se adhieren los gérmenes y no produce infecciones. Y al hacer un vacío, evita el contacto de la sangre con el oxígeno, por lo cual no proliferan las bacterias. Es hipoalergénica y no modifica el pH vaginal”, resalta.

(Producción periodística: Nicolás Sánchez Picón)

Precios: se adquiere en farmacias o por internet

La copa menstrual puede conseguirse a partir de los $ 1.450 y según el talle, su costo puede ascender hasta poco más de $ 1.500. Las opciones son varias en cuanto a colores y marcas. También puede adquirirse por Internet y en algunas plataformas a menor costo: desde $ 600 a $ 1.000 y ofertas como cuatro copas por $ 1.400.

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