Pequeñas grandes obras

En una provincia carente de obras públicas, la inauguración de una cuadra semipeatonal en pleno centro de la capital, que se concretará pasado mañana, es casi un hecho para descorchar champaña.

Es la segunda cuadra semipeatonal (permanente) que construye esta intendencia, de un conjunto de una decena de calles que completarán la reorganización del microcentro, en paralelo con el rediseño que se está realizando en plaza Independencia.

Claro está, si los anuncios se cumplen, porque ya sabemos que el pueblo tucumano ha sido engañado demasiadas veces.

Mientras tanto, ya comenzaron las obras de semipeatonalización en 25 de Mayo al 300, entre San Juan y Córdoba.

Obviamente, lo de la champaña es una ironía, una exageración, pero no tanto…

Si consideramos que las últimas grandes obras públicas que se hicieron en la provincia fueron la avenida Perón, en la década del 90, iniciada (1993) e inaugurada (1995) por Ramón Ortega, y el barrio/ciudad Lomas de Tafí, iniciada por Julio Miranda (2000), quien llegó a inaugurar la primera etapa, y concluida por José Alperovich en 2012, quien habilitó las dos etapas siguientes.

Nos referimos a obras importantes, de esas que modifican radicalmente la vida de la sociedad, que producen cambios estructurales en una metrópolis, no a obras de mantenimiento o de mejoras de las ya existentes, que es lo que vienen haciendo las gobernaciones de Alperovich y de Juan Manzur en los últimos 20 años.

En el mejor de los casos, porque hay otras infraestructuras que ni siquiera se mantienen, como algunas rutas, canales, puentes o edificios públicos.

Alperovich, para el caso, al menos pudo continuar y terminar el mega barrio que empezó Miranda. Manzur, en cambio, sigue firmando convenios y haciendo anuncios.

El resto de las obras importantes en la provincia las hizo el sector privado, la Nación o algunas intendencias.

Justamente ayer, el gobernador suscribió en Buenos Aires, con el ministro de Desarrollo Territorial y Hábital de la Nación, Jorge Ferraresi, un convenio para la construcción de 3.600 viviendas en Tucumán.

Deudas que se acumulan

Hasta ahora este convenio con la Nación es sólo una firma en un papel, que se le suma a la autopista a Las Termas de Río Hondo, al centro cívico de César Pelli, al centro de alto rendimiento en Tafí del Valle, al estadio internacional de fútbol, al dique Potrero Las Tablas, el plan de obras contra las inundaciones, al teleférico a San Javier y la restauración de la Primera Confitería, al saneamiento del río Salí, a la recuperación de los Talleres de Tafí Viejo y de la red ferrourbanística, entre otra decena de grandes obras publicitadas por Manzur en sus más de seis años de gobierno.

Varios de estos proyectos se vienen anunciando desde la gestión de Alperovich, cuando no estaba el “tacaño” Mauricio Macri en la presidencia, sino los “generosos” Néstor y Cristina.

Proyectos heredados por Manzur del propio vicegobernador Manzur, que cada tanto se sacan del cajón, se plumerean y se vuelven firmar.

Construir 3.600 casas sería trascendental para una provincia que arrastra un déficit de más de 30.000 viviendas, según el Indec.

Ningún tucumano de bien podría desear que esta obra no prospere.

Es el primer gran anuncio de Manzur en 2021.

Pecados capitales

La transformación de arterias neurálgicas en semipeatonales son un paso importante, aunque insuficiente sin un conjunto de otras modificaciones, en el camino hacia el rediseño urbanístico que la capital clama a gritos.

Devolverle a la ciudad una escala humana -hoy su escala es vehicular- y priorizar a los peatones, al transporte público, y al transporte alternativo no contaminante, más económico, saludable y que ocupa menos espacio, como la bicicleta, el monopatín o los rollers, son una demanda esencial en todas las grandes ciudades.

Las arterias de la capital son las mismas desde hace más de un siglo, mientras que el parque automotor se duplica cada década.

Es un dislate pretender que todo siga igual y que el drama del tránsito y el deterioro de la calidad de vida se solucionen por arte de magia.

No es necesario inventar nada nuevo, simplemente basta con copiar lo que otras ciudades modernas hicieron o vienen haciendo bien.

La peatonalización de los micro y macrocentros es una tendencia mundial, que se aceleró exponencialmente durante la pandemia.

Es insostenible que un vehículo particular demore media hora para atravesar el centro en los horarios pico, que es justamente cuando la gente está más apurada.

Se tarda lo mismo en viajar de Tucumán a Monteros que en cruzar el centro al mediodía.

Estas obras que ejecuta el municipio buscan desalentar el ingreso de autos al corazón de la ciudad, y también reeducar a los tucumanos de que no se puede llegar en auto a cualquier parte y de que caminar unas cuadras -la mayoría que puede hacerlo, por supuesto-, es un hábito saludable para las personas, pero también para la urbe, que recupera silencio, calma, orden y se generan grandes beneficios para el comercio, como ya está comprobado en todo el mundo.

Otras transformaciones

Para mermar el caos actual no alcanza con las semipeatonales. Hacen falta otras medidas, como incentivar la creación de cocheras más alejadas del centro (quizás con facilidades impositivas, subsidios o créditos blandos); descentralizar la administración pública nacional, provincial y municipal; prohibir -en serio- el estacionamiento en las calles más congestionadas y por dónde circulan ómnibus; rediseñar en algunos casos el recorrido de los colectivos; y abrir más el cinturón ferroviario que asfixia a la ciudad, entre otros cambios fundamentales.

La calle San Juan es uno de los ejemplos más paradigmáticos acerca de la necesidad urgente de repensar la ciudad.

Es la única arteria que cruza el centro sin cortes de oeste a este, entre avenida Sarmiento hasta 24 de Septiembre, es decir en nueve cuadras.

Sin embargo, es una calle angosta, donde circulan colectivos urbanos, transporte de cargas y que está estacionada de punta a punta en su paso por el centro, cuando no en dobles filas.

Es un infierno atravesar la San Juan en horarios pico y a veces no hay alternativa porque es la única que no tiene cortes en nueve cuadras, como sí lo tienen Santa Fe, Corrientes y Mendoza, las otras que cruzan el centro de oeste a este.

El lunes se dará otro paso hacia la modernización de la capital, en una carrera que tiene varios kilómetros de recorrido.

El gobierno provincial debería involucrarse y colaborar en el rediseño de la ciudad, no sólo porque tiene el 90% de sus oficinas en el centro y provoca una gran inyección de tránsito, de empleados y de público, sino porque la ciudad cabecera no es propiedad de un intendente sino de todos los tucumanos.

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