Tucumán opaco - LA GACETA Tucumán

Tucumán opaco

La Provincia ha perdido la mística y el desarrollo que la hacían disputar el progresismo con otros distritos. Ahora, un fallo judicial pone en ebullición al poder acostumbrado al intervencionismo. La oposición parece despabilarse.

17 Ene 2021 Por Federico Diego van Mameren
1

Con cuanta precisión se ajustan al Tucumán de hoy los versos que María Elena Walsh escribió para Argentina, obligada a exiliarse durante la dictadura: Porque me duele si me quedo / pero me muero si me voy / por todo y a pesar de todo, mi amor / yo quiero vivir en vos.

¿Es posible determinar el momento en que esta provincia se sumió en el tobogán de la decadencia? La que le dio su nombre a la primera región de lo que hoy constituye nuestro país, la que jalonó con heroísmo patriótico la Guerra por la Independencia en 1812, para proclamarla después en 1816… La que dio a luz la primera industria pesada del país y otorgó a este dos presidentes decisivos para ponerlo en marcha. La que orgullosamente proclamaba su pujanza siendo la más pequeñita de las otras 24 y aquella cuya belleza alborozaba a los poetas y motivó al gran Sarmiento a llamarla el Jardín de la República.

¿Cuándo empezó el retroceso de esa provincia que disputaba con la progresista Mendoza la imagen de pujanza y de futuro?

Quizás comenzó cuando ya desaparecido Julio Argentino Roca empezó una campaña contra la actividad azucarera, alimentada por las cada vez más frecuentes crisis del mercado mundial del dulce y que nuestra clase dirigente y empresaria, tan lúcida al inicio del siglo, no supo mensurar, renegociando la inserción de la provincia en el esquema nacional.

La incapacidad de la provincia para enfrentar con éxito la arremetida antiindustrial de 1966-67 se tradujo en los tristes sucesos que vivimos a partir de entonces, entre ellos el alejamiento de la provincia de más de 300.000 tucumanos, que se fueron a buscar trabajo y que no pudieron cantar La serenata para la tierra de uno, de la magnífica María Elena.

La efervescencia social y el desorden político que sobrevino a esa nefasta etapa, terminó ensangrentada en medio del terrorismo de Estado y con otra oleada migratoria fuera de la provincia. Si la de 1967 fue básicamente de obreros calificados, técnicos y trabajadores, esta segunda fue de intelectuales, artistas y profesionales.

Cuando se recuperó la democracia, Tucumán ya había perdido esa mística de crecimiento y desarrollo. La actividad azucarera sufría el retraso tecnológico y se veía arrinconada por el crecimiento de los edulcorantes artificiales. La aparición del fenómeno citrícola no alcanzaba a compensar el retroceso productivo y ya en 1982, el Estado provincial pasó a ser el principal empleador, dando lugar a un creciente clientelismo que empieza ya en el gobierno militar.

En casi 40 años de ejercicio institucional democrático, la provincia –que alguna vez brilló en el NOA con luz propia como su polo principal- ha venido retrocediendo. Es opaca, parece que no tiene ni para pagar la luz y sus dirigentes están más atentos a las estrellas que fulguran en Buenos Aires que a la oscuridad que reina en la Provincia. Hasta sus palabras, sus convicciones dependen de lo que les digan en la Casa Rosada.

Tucumán ha retrocedido en términos sociales, dando lugar a una pobreza extendida que afecta a buena parte de la población y que se alimenta del alto desempleo estructural. Ha retrocedido en peso económico relativo en el contexto nacional, hasta volverse una provincia mendicante y menesterosa, cuya calidad de vida se deteriora mientras espera los mendrugos que llegan desde la metrópoli. Pero, sobre todo, Tucumán ha retrocedido institucionalmente de la mano de una dirigencia política que se muestra incapaz de pensar un proyecto estratégico que restaure el ingreso, el empleo y el crecimiento.

El aspecto quizá más doloroso de este retroceso tiene que ver con el debilitamiento de la ética pública lo que ha impactado fuertemente en las instituciones. Por otro lado, al naturalizarse los estados de emergencia jurídica en el Estado, la violación “legal” de las normas se ha tornado frecuente, así como el debilitamiento de los esquemas de control público.

Esta semana se conoció el fallo de la Cámara en lo Contencioso Administrativo, concediendo el amparo solicitado hace más de un lustro por el ex legislador Alberto Colombres Garmendia pidiendo la normalización de los entes autárquicos de la provincia, intervenidos hace años.

Extrañamente, se exceptúa a la Caja Popular de Ahorros en la resolución de la Cámara, que se refiera solamente al Instituto de Previsión Social, al Instituto de la Vivienda y al IPLA. El fallo provocó una gran ebullición en el escenario político, adormecido y acostumbrado a las licencias discrecionales y autoritarias del poder de turno. La valiente decisión judicial abre un capítulo realmente sorprendente, más allá de la actitud de los actores políticos que no se los vio demasiado perturbados.

Resultó hasta gracioso ver los argumentos que tuvo la Provincia para analizar la resolución de la Cámara Contencioso Administrativa. Se dedicaron a cuestionar la legitimidad de quien hizo el planteo. Es irrisorio que un legislador (ese rol cumplía Colombres Garmendia cuando hizo el planteo) no pueda representar al ciudadano que ve en la intervención el incumplimiento de la legitimidad democrática de aquellas instituciones intervenidas. Más allá de esto, sorprende más aún tanta comodidad en aceptar la necesidad de que los organismos estén intervenidos y no que tengan un ejercicio democrático en su conformación. Como ejemplo vale la hipótesis de que el Instituto de la Vivienda hubiera evitado tanta corrupción si en su conducción hubieran estado todos los estamentos representados. A alguno, seguramente, le habría dado vergüenza tanta discrecionalidad y tantos abusos de poder.

En medio de ese revulsivo, a mitad de semana se produjo una protesta de las 62 Organizaciones sobre el Subsidio de Salud que resultó toda una novedad en los últimos 15 años. No fueron muchos: el terror de ofender al poder es paralizante. Sin embargo, fue una sorpresa después de tantos años que se exigiera el cumplimiento de la resolución judicial para la normalización del Instituto de Previsión Social. El estado de descontento que aparece entre algunos justicialistas tucumanos llama la atención. Más aún cuando el modelo de conducción manzurista se asemeja al de su antecesor José Alperovich. La billetera alguna vez debería dejar de degradar las instituciones y a los dirigentes.

Manzur y Jaldo no han abierto la boca en relación al tema. Siguen su curso de negociaciones para afrontar el proceso electoral de ese año con la mira puesta en el armado de 2023.

Vienen explorando un acuerdo que está bastante avanzado, aunque algunas voces indiscretas cercanas al vicegobernador dicen que el entusiasmo de este se enfrió cuando escuchó quien podría ser propuesto como candidato a vicegobernador en la fórmula.

Un hombre y una frase

También en la mitad de la semana un hombre se bajó del avión y en el aeropuerto lo esperaban dos intendentes. Uno fanático de los fierros y el otro de los caballos.

El hombre aterrizó con la mayor humildad, a diferencia de años anteriores cuando el sillón de Lucas Córdoba lo desvelaba. “Vengo a acompañar porque quiero a Tucuman”. Palabras más, palabras menos eso fue lo que repitió tanto en público como en privado. Y para no contradecirse ni confundir, en el mismo aeropuerto Alfonso Prat Gay puso un pie en el estribo del caballo del intendente Mariano Campero y el otro pie en el auto del intendente Roberto Sánchez. Más tarde, se subió al auto del lord mayor de Concepción y bajo su conducción trepó la ruta 307. Allí el copiloto fue Campero. Al día siguiente luego de una larga charla entre empanadas y humitas servidas por el anfitrión Manuel Courel, jefe de gabinete del municipio de Yerba Buena, hicieron una cabalgata. Esta vez encabezó la expedición el mandatario de la Ciudad Jardín. Prat Gay se entusiasmó con la idea de una oposición unida. No habló de candidaturas y destacó la importancia de que de una vez por todas la oposición de Tucumán tuviera vocación de poder. Para los radicales aquella elección de Rubén Chebaia en 1987 fue la última vez en que se construyó con tiempo y esfuerzo y hasta se ganó la elección que después el peronismo se preocupó por tergiversar uniéndose en el desaparecido Colegio Electoral.

Compartieron las humitas gente de Fuerza Republicana (Ricardo Bussi está en Pinamar), el titular de CREO, Sebastián Murga, dirigentes del PRO y otros radicales. Fue ineludible que varios minutos de la conversación se destinaran a hablar sobre la senadora Silvia Elías de Pérez y sobre el diputado José Cano, a quienes se pretende sumar en la cruzada. La consigna fue no hablar de candidaturas sino de vocación de poder y para ello subrayaron varias veces la necesidad de que la oposición estuviera unida. Con ese objetivo, Prat Gay, apenas apeó del caballo se fue a almorzar con Sebastián Salazar, el otro intendente de la oposición que comanda Bella Vista.

El que quedó más descolocado fue el intendente de la Capital, Germán Alfaro, que años anteriores supo tejer una amistad con Prat Gay. En la reunión de los Valles, los interlocutores dejaron en claro que el peronista tiene las puertas abiertas en el espacio opositor: la pregunta que se hicieron es si él quiere estar.

Alfaro, en tanto, a quien le sobra astucia política, mientras Prat Gay caminaba por las peatonales de la capital, lanzaba una frase contundente. Recomendaba que no haya Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias y que ese dinero sea para atender cuestiones sociales. La habilidad de este “zorro del desierto” esconde cierta debilidad. La oposición puede encontrar en las PASO el ordenamiento de todas sus filas. Allí se podría dirimir quién es quién y cuál es el verdadero caudal político. Eludir las primarias sería seguir haciéndose eco de encuestas, de órdenes desde la dirigencia nacional y de la habilidad de los dirigentes. Pero no implicaría escuchar a los electores.

La visita de Prat Gay fue un despertar político de la oposición que no sólo impactó en la provincia sino que también envió un telegrama a Buenos Aires, advirtiendo que se está despabilando.

Comentarios