“Sólo una alianza global puede sacar al mundo de la pesadilla que estamos viviendo” - LA GACETA Tucumán

“Sólo una alianza global puede sacar al mundo de la pesadilla que estamos viviendo”

El analista internacional sostiene que los líderes globales del momento requieren ponerse el traje de estadistas, coordinando acciones. “Estamos obligados a descubrir la fórmula científica que permita derrotar al coronavirus”, puntualiza.

17 Ene 2021 Por Marcelo Aguaysol
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OTROS TIEMPOS. Trump saluda a Biden, con Obama de testigo. Anticipó que el miércoles no estará en el acto de investidura presidencial. reuters

Los líderes globales tienen la posibilidad de quedar registrados en los libros de historia como verdaderos estadistas o simplemente como presidentes o premier que, teniendo la oportunidad de cambiar los hechos, no han sabido encontrar las soluciones a los problemas globales. El mundo está envuelto, desde hace un año, en una de esas pandemias que ponen al planeta al revés y que, sin acción coordinada, será difícil vencer a un enemigo tan pequeño como el virus Covid-19 que ya ha infectado a más de 94 millones de habitantes de todo el mundo (casi dos veces la población argentina) y que ha causado la muerte de más de dos millones de personas (poco más de la cantidad de habitantes de Tucumán) en 10 meses de pandemia global. Mientras en esta parte del planeta se atraviesa la primera ola de contagios, en el Hemisferio Norte hay países que están en una segunda y hasta en una tercera. Paralelamente, las principales potencias tienen sus conflictos políticos. El más evidente es el de los Estados Unidos que, dentro de tres días, renovará su presidente, con Joe Biden envuelto en un cúmulo de problemas a resolver y con Donald Trump jaqueado por un proceso de destitución a las puertas del cierre de su gestión. Frente a este escenario, el analista político de asuntos internacionales, Claudio Fantini, insiste con la idea de que, para salvar al mundo, se requiere una alianza global antipandemia, capaz de coordinar acciones y hallar la fórmula para darle un respiro al planeta y salir de los confinamientos. “Se necesitan liderazgos que se pongan el traje de estadistas para la construcción de aquella alianza global”, afirma el politólogo en una entrevista telefónica concedida a LA GACETA.

-¿Cómo debe encararse la lucha contra la pandemia de la Covid-19? ¿En qué instancia se encuentra el mundo frente a este problema global?

-Vengo planteando que el mundo está obligado a una alianza global antipandemia. Esta es la primera que marca el inicio de una nueva era en el que el planeta requiere una coalición sanitaria, política y científica global. En esta lucha no existe la posibilidad de vencer a la Covid-19 si las potencias grandes y medianas y el resto de los países actúan individualmente, cada uno por su cuenta. Estamos obligados a descubrir la fórmula científica para derrotar al coronavirus con un desafío tecnológico y logístico para todos los países en una gran campaña de vacunación global. Así como en la Segunda Guerra Mundial se aliaron potencias ideológicamente contrapuestas, como la Unión Soviética de Iósif Stalin, el Reino Unido de Winston Churchill y los Estados Unidos de Franklin Delano Roosevelt y dejaron de lado sus diferencias porque las circunstancias así lo imponían para vencer al nazismo de Adolf Hitler, la pandemia impone un escenario similar, pero en términos sanitarios. Sólo esa gran coordinación científica puede llegar a elaborar la fórmula para rescatar al mundo de esta pesadilla que estamos viviendo.

-Sin embargo, persiste la desconfianza. Algunos países optan por la vacuna de un fabricante; otros, de las que proveen naciones a las que consideran confiables...

-El mundo está en una situación inédita; por lo tanto, se requieren respuestas inéditas. Hoy no vale la pena hablar de las dificultades, que están a la vista. Lo que vale la pena es señalar a los liderazgos que estén dispuestos a calzarse el traje de estadistas que este tiempo impone para la construcción de la alianza global contra la pandemia. Una alianza que bien puede empezar por Estados Unidos, China, Europa, Japón y Rusia. Aquí no se trata solamente de conseguir vacunas potentes. Se trata de coordinar la tecnología y la logística para esa campaña global. Es la misma alianza que debe trabajar para evitar que crezca el calentamiento global, que es la causa de la pandemia, desde mi punto de vista. Todos los males tienen origen en ese calentamiento global. De nada sirve que Europa adopte políticas tendientes al cambio climático -tal vez tenga éxito en su territorio-, si China, Estados Unidos o India no la aplican a nivel global. La pandemia y el calentamiento global son los dos grandes desafíos existenciales que se les presenta al mundo, para la continuidad o no de la especie humana. Están intrínsecamente ligados y no pueden ser enfrentados aisladamente por los países. Con la globalidad, una campaña puede ser exitosa en Latinoamérica, pero si Asia no se suma, pasado mañana tenemos el virus por aquí. Sin acción conjunta de los países, estos problemas nos llevan puesto todo.

-¿Qué tipo de liderazgos se requieren en estos tiempos?

-El mundo necesita de estadistas que entiendan que la lucha debe darse con pensamiento global para encarar los problemas. Se unen o padecen sus efectos. No hay tercera alternativa. Ser estadista es entender esa lógica. Eso es lo esencial. Si tomamos casos particulares, observaremos que Joe Biden puede llegar al poder con la necesidad de aplicar un liderazgo de restauración del bipartidismo dentro de los Estados Unidos, tal como lo era históricamente. Ahora, hay que ver si lo logra, porque es posible que el partido republicano se rompa. Los liderazgos puestos de manifiesto por Donald Trump o Jair Bolsonaro en Brasil bien puede ser definidos con aquella descripción que hizo John Bolton, ex consejero de seguridad nacional de EEUU: una aberración política.

-Trump anticipó que no estará en la ceremonia de traspaso presidencial del miércoles próximo. ¿Qué puede llegar a pasar el 20 con tantas predicciones de Apocalipsis político y versiones acerca de ese acto?

-No sé qué puede llegar a ocurrir, pero sí se sabe el origen de la preocupación con la que se mira esa fecha. Estados Unidos ha tenido en estos últimos años un liderazgo perturbador o basado en la perturbación. Este es un concepto central. Representó lo contrario a la calma, a la armonización. Ese liderazgo fuertemente perturbador fue encarnado por Trump que reemplazó la búsqueda de consensos por la provocación, tanto en la relación con la oposición como en la propia vida interna del partido republicano. Trump fue el primer presidente de la historia norteamericana que intentó imponer un liderazgo personalista. Desde George Washington, el primer presidente, se impuso la tradición antipersonalista. Cuando Washington cumplió los dos mandatos le ofrecieron un tercero y dijo que no. Adujo que si aceptaba estarían frente a una monarquía. Ni los presidentes Dwight Eisenhower ni Ronald Reagan intentaron apropiarse del partido republicano y ponerlo bajo la sombra de sus liderazgos, a sus servicios. Franklin Delano Roosevelt ganó tres elecciones y rompió la tradición, pero luego se estableció la enmienda de la reelección por una sola vez. Y rompió las reglas no porque fuera personalista, sino por dos hechos específicos: la Gran Crisis de 1930 y la Segunda Guerra Mundial. Ni se le ocurrió “roosvelizar” al partido demócrata. Trump, en cambio, intentó adueñarse del partido republicano y terminó rompiéndolo o, por lo menos, debilitándolo. Los últimos cuatro años, la vida política de los Estados Unidos estuvo marcada por la histeria y por la furia.

-¿Habrá coletazos?

-Aquel escenario se terminó con la derrota de Trump en las elecciones, pero se teme por esos coletazos. El asalto al Capitolio fue un estertor violento del final de aquel liderazgo perturbador. Fue un movimiento post mortem brutal y se teme otro coletazo el día de la asunción de Biden. Trump se ha encargado de dejarle un mar tempestuoso a Biden para que la administración demócrata naufrague. Habrá que ver si lo logra y si Biden es el timonel que se necesita en un momento tan complicado como es el que ha dejado Trump a los Estados Unidos de América.

-¿Qué puede llegar a suceder con el impeachment (proceso de destitución)?

-Es una situación absolutamente inédita. La biblioteca jurídica se divide porque precisamente es una instancia impensada. A nadie se le ocurrió que a un presidente de los Estados Unidos se lo someta a un impeachment en los últimos días de su mandato. La pregunta que todos se hacen en esta instancia es ¿qué hacer con Donald Trump luego que instigó a una rebelión golpista que fue violenta? De esa rebelión tiene Trump algo de responsabilidad; resta saber si tiene culpa. Convocó a sus seguidores a través de sus tuits y de mensajes televisivos para que fueran hasta el Congreso. No había otra razón para convocar a esa protesta que no fuera un intento desesperado para evitar una sesión conjunta de la Cámara de los Representantes y el Senado, con el solo fin de certificar la votación del colegio electoral. Buscó destruir una instancia protocolar. Por eso tiene responsabilidad de lo que pasó en el Capitolio y que terminó con cinco muertos. Eso no quiere decir necesariamente que es culpable. Eso lo dirán los procesos judiciales y las investigaciones. Ahora bien, ¿qué hacer con un presidente que delinquió de manera flagrante no sólo con esos hechos en el Capitolio, sino también cuando intentó torcer el escrutinio del Estado de Giorgia y que quedó grabado? Los estadounidenses se preguntan si puede quedar semejante precedente y hacer de cuenta que allí no pasó nada.

-¿Qué debió pasar?

-Que Trump renuncie, cosa que no ocurrió ni que, aunque hubiera pasado, el vicepresidente Mike Pence hubiese invocado la vigésima quinta enmienda, con la mitad más uno del gabinete, tomando los atributos de Trump. Como eso no pasó, quedó como una muestra de cobardía y de genuflexión por parte de Pence. No hizo nada y no quedó otra instancia que iniciar un juicio político que, teóricamente, pasará al senado el martes 19, a horas de la asunción del nuevo presidente. Creo que debe continuar ese proceso de enjuiciamiento y tal vez hasta Trump pueda ser encontrado culpable meses después de dejar el poder y, si eso pasa, lo inhabilitará para ejercer cualquier candidatura para el resto del tiempo.

-¿Cabe la comparación con lo que pasó con Richard Nixon, que debió dejar la presidencia en medio del escándalo?

-Trump me pareció siempre un personaje grotesco. Nixon fue de otra envergadura, pero hay un punto de conexión: ambos eran y son paranoicos y oscuros. Sin embargo, Nixon se diferencia porque llegó a la Presidencia por sus capacidades. En cambio, el fenómeno Trump se explica por el momento histórico que atravesaba el mundo, que produjo liderazgos inconcebibles, como el de Jair Bolsonaro en Brasil. Volviendo a las comparaciones, Nixon llego al poder a través su trayectoria y de su astucia. Pero aquí hay que distinguir que el partido republicano dejó a Nixon, con una metáfora que puede resumirse del siguiente modo: “señor presidente, si usted delinque, no vamos a ser sus cómplices”. Cuando se presenta la denuncia por el caso Watergate, a Nixon le quedaba claro que los senadores republicanos no lo iban a defender por más de pertenecer al mismo partido. Si tenía que ver con los espionajes al bunker demócrata, tenía que ser destituido. En cambio, respecto de Trump, el partido republicano fue cómplice porque si hubiera actuado como lo hizo el conservadurismo con Nixon, lo hubiese destituido ya con el caso Ucrania. Del primer juicio político, a Trump lo salvó el hecho de haber sido inocente, sino que su partido tenía mayoría en el Senado. Ahora está el asalto al Capitolio y la pregunta que surge es si el partido lo seguirá apañando o lo juzgará como se debe bajándole el pulgar en el Senado para que no vuelva a aspirar a otras candidaturas.

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