Filmó su lucha contra la muerte y ahora compite por un premio de cine en Italia

Filmó su lucha contra la muerte y ahora compite por un premio de cine en Italia

La escritora y cineasta tucumana Gabriela Bosso relata en el filme “Seis letras” su propia historia desde que fue diagnosticada de cáncer.

“SEIS LETRAS”. Una escena del documental de Gabriela Bosso, donde habla con su psicóloga sobre los efectos emocionales de la quimioterapia. “SEIS LETRAS”. Una escena del documental de Gabriela Bosso, donde habla con su psicóloga sobre los efectos emocionales de la quimioterapia.

El mismo día en que estrenó su documental “Divino Niño”, sobre una orquesta de cuerdas nacida en un comedor comunitario, la felicidad se mezcló con el dolor. A Gabriela Bosso le diagnosticaron cáncer, con un pronóstico de seis meses de vida. Pero la escritora y documentalista no se limitó a enfrentar la enfermedad sino que registró en video cada etapa de su odisea, para después convertirlo en una película de una hora. El documental “Seis letras” (por la palabra “cáncer”) fue nominado como mejor filme por el voto del público en el Milan International Film Festival (MIFF) y estará disponible desde el miércoles hasta el domingo en el link que se consigna más abajo. Se lo puede ver mediante el pago de una entrada. Sin embargo, quienes ya la vieron o aquellas personas que deseen votar igual, pueden hacerlo sin pagar en la parte inferior de la página: https://www.miffawards.it/film/six-letters?utm_source=sito&utm_medium=web&utm_term=com&utm_content=banner&utm_campaign=acquista

En diálogo con LA GACETA, Bosso comentó que la historia registra paso a paso su propia experiencia con el cáncer.

Narrado por ella misma, en un tono intimista comparable al de la charla con un amigo, la protagonista combina videos que fue grabando en cada momento de su epopeya personal, con cámaras fotográficas, celulares o tablets. Muchas de esas imágenes no parecen específicas del tema pero ayudan a crear la sensación de paso del tiempo y de introspección, con un destacable criterio estético, vinculado a lo real cotidiano. Esto funciona como un atenuante de las instancias dolorosas y a la vez acentúan la franqueza y frescura del relato. Allí sobresale el trabajo de edición, que también fue nominado a una mención especial.

Dejar testimonio

“No hice la película para presentarla en festivales, sino pensando en la gente que debe atravesar una experiencia similar. A mí no me daban ni seis meses de vida, hace cinco años. Comencé a filmarla pensando que yo no lo iba a superar y que iba a quedar como un testimonio. Quise contar la historia desde adentro”, explicó la cineasta.

- ¿Por qué parece tan difícil hablar sobre esta enfermedad?

- Cuesta hacerlo desde la propia experiencia. Sobre el cáncer no hay muchos testimonios fílmicos en primera persona. Tampoco encontré otra gente que haya pasado por esto y que quiera contar su historia. Gracias a Dios, a mí me ha ido yendo mejor y ahora estoy bien. La película está hecha desde la honestidad brutal, mostrando todas las etapas por las que he ido pasando. La realidad del cáncer muchas veces no es tan oscura como la muestran en algunas películas.

- Suena muy duro que un médico diga que es una sentencia de muerte.

- Yo tenía un tipo de cáncer muy agresivo y de entrada los médicos fueron muy sinceros. Me dijeron que era una condena de muerte a corto plazo. Pero cuando supe a qué me estaba enfrentando, saqué fuerzas que no sabía que tenía. Si lo hubiera subestimado, tal vez hasta hubiera dejado la quimioterapia. Me la hicieron en Buenos Aires y era muy dura. No sólo se me cayó el pelo sino también las pestañas y hasta las uñas de los pies.

- ¿Cómo obtuviste el ánimo que se necesita para luchar?

- La película se trata no sólo de lo que me pasa sino de qué hago con eso. En mi caso, como soy escritora y documentalista, me sostuve del arte. Cuando estaba iniciando el tratamiento comencé a escribir una novela (”Musha”, ambientada en el Tucumán de los 70, que ganó un premio en Perú) y el concentrarme en eso me hizo sentir mejor, olvidarme un poco del malestar por los químicos que me aplicaban. Aferrarse de lo que a uno le apasiona ayuda a superar esas situaciones límite.

- La calidad de la edición del documental es notable.

- Yo edité todo. Estuve más de dos años. Me costó mucho, porque tenía mucho material filmado y además tuve que vencer mi rechazo por mi propia imagen. Al principio quería borrar todo. Después no me animaba a mostrarlo. Pero me convencí de que tenía que exhibirlo porque el ver la película tal vez le ayudaría a alguien a seguir luchando. Por eso, me animé a mostrarlo. Y sintetizar cinco años, en una hora, a veces se complica, sobre todo porque quería contar la historia, que se entienda y que sea honesta. Es decir, que refleje cómo sentía y qué me pasaba. Por eso, también decidí editarlo yo. “Seis letras” es una película muy personal, muy íntima. Y al principio no me animaba a mostrarla, por esa misma razón. Porque es como salir desnuda a la calle, y a uno le da pudor. Pero si le sirve a alguien para saber que se puede, y que en el futuro va a estar bien, a pesar de los pronósticos de los médicos, valió la pena. Hay que conocer el diagnóstico, pero desconfiar del pronóstico”.

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