
Por Pbro. Marcelo Barrionuevo.-
Jesús, a quien hemos contemplado en Navidad como un pequeño que no puede valerse por sí mismo y que fue bañado, vestido, abrazado, besado, criado y educado por María y José, esto es: un Jesús de carne y hueso, hombre verdadero, es la Palabra que originó todo lo que vemos y no vemos.
Jesucristo es Dios. No es un hombre tan sólo, ni siquiera un hombre excepcional o el más perfecto que haya existido, sino una criatura humana perfectísima que también es Dios, como declara el Símbolo Atanasiano. Jesucristo, el Hijo de Dios, vive desde siempre en el seno del Padre. Sólo desde esta filiación eterna se puede explicar la filiación terrena en el seno de María, como explicó S. Tomás de Aquino (S. III, q. 32).
Jesus es la Palabra y en él encontramos la dimensión de la verdad sobre Dios, el Hombre y el Mundo. En su enseñanza adquirimos el sentido, el significado y el contenido de todo lo humano y de todo lo eterno. Pero hemos de considerar que hoy esta Palabra no es escuchada, no es atendida. La vertiginosidad de la vida ha llevado al hombre a un aturdimiento interior.
El hombre de hoy se siente permanentemente asediado por mensajes y palabras que pueden acabar convirtiéndose en “pura palabrería”. Y esto genera desconfianza. Más aún: a veces se le presentan palabras y mensajes que pretenden ser la última palabra, la definitiva y única sobre algo. Más que nunca se hace necesaria la capacidad crítica.
En la era de los medios de comunicación de masas, el hombre experimenta en muchas ocasiones una tremenda soledad, se siente profundamente incomunicado porque no acaba de comprender el lenguaje o porque los mensajes no le interesan o no le incumben, o se hace el desentendido. No es que esté solo. Es que está aislado en medio de la masa. Lo cual es peor.
Hemos de retomar en este 2021 un camino de mayor introspección interior, de mayor profundidad espiritual La pandemia nos hizo entender que no todo está en nuestras manos y no todo lo podemos hacer. La Palabra de Dios lleva muchos siglos transitando el derrotero existencial del hombre. Las sociedad y su modernidad existen pero pasan, la Palabra de Señor sigue vigente y esclarecedora. Sepamos escucharla.







