Historias de vida: hombres y mujeres de la mano con la ciencia

El titular de la Organización Mundial de la Salud; la primera ministra de Nueva Zelanda; una “patrullera polar”; un virólogo uruguayo; una bióloga que combate el dengue; el científico que publicó el genoma de la covid; la artífice del primer “encierro” de esta pandemia, en Wuhan; la desarrolladora de una de las vacunas; una astrofísica activista contra el racismo y el sexismo en la ciencia, y el inmunólogo amenazado de muerte en EEUU son los científicos del año para la revista Nature.

 Tedros Adhanom Tedros Adhanom
27 Diciembre 2020

Tedros Adhanom

Al director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) le tocó bailar con la más fea, una pandemia global velicísima, impredecible, desconocida y por ahora, imposible de frenar; y su gran esfuerzo estuvo puesto en tratar de unir al mundo para manejarla en un contexto complicado. Tedros recibió fuertes críticas, muchas relacionadas con supuesta lentitud de reacción y cierta “condescendencia” con China. Pero -afirma la nota de Nature- según muchos una respuesta más rápida podría no haber influido en el curso de la pandemia, y se ejemplifica: “incluso después de que la OMS declaró la emergencia, muchos países seguían siendo reacios a introducir medidas de salud pública”. Y, agrega, China podría no haber respondido bien a un Tedros más duro. El 14 de abril lo puso en una tormenta política: el presidente Donald Trump anunció que detendría la financiación de la OMS, en espera de una revisión de su respuesta a la pandemia de covid-19 y su trato con China. Pero en lugar de reaccionar a las acusaciones, describió a EEUU como “amigo generoso” y enfatizó el deseo de la agencia de servir a todos los países y socios durante la pandemia. “Debido a que estábamos muy alarmados por las tensiones geopolíticas entre las principales potencias, abogamos desde el principio por la solidaridad global”, le escribió en un mail a Nature. El objetivo de Tedros -dice el artículo- sigue siendo que todos los países disfruten del mismo acceso a las vacunas. Luego, “simplemente agachar la cabeza y pasar el poder”.

Kathrin Jansen

Como jefa de investigación y desarrollo de vacunas de Pfizer, sabía del riesgo de elegir la tecnología de ARN mensajero para la vacuna contra covid-19: nunca se había logrado aprobación para usarla en humanos. Pero Jansen lideró un esfuerzo urgente y sin precedentes para demostrar que era segura y eficaz, y su equipo lo logró en sólo 210 días, a contar desde el comienzo de las pruebas, en abril, y el final de la fase III, en noviembre. Manejó 650 personas, a menudo por Zoom; resolvió problemas clínicos; organizó la logística de fabricación y de requisitos de frío, navegó por los asuntos regulatorios y el 2 de diciembre las autoridades sanitarias del Reino Unido aprobaron el uso de emergencia de la vacuna. “El éxito se debe en gran parte a Jansen -dice a Nature Ugur Sahin, cofundador de BioNTech, socio de Pfizer-. Es implacable, pero basada en datos; con gran curiosidad científica y apertura a las opiniones divergentes. Es diligente y escucha”. Jansen tiene su historial contra patógenos desagradables en circunstancias difíciles. Trabajando en Merck abordó el virus del papiloma humano (VPH) aunque muchos colegas le dijeron que era pérdida de tiempo y dinero. Su esfuerzo resultó en la primera vacuna contra el VPH, que se espera que salve millones de vidas previniendo el cáncer uterino. Trabajó también en vacunas contra el ántrax y la viruela, pero el día que supo que la vacuna contra covid-19 tenía una eficacia superior al 90% -cuenta Nature- se puso a llorar.

Verena Mohaupt

Es la coordinadora de logística de una misión conocida como Observatorio multidisciplinario a la deriva para el estudio del clima ártico (MOSAiC), proyecto que desde fines de 2019, en un rompehielos alemán y con elenco rotatorio de unos 300 científicos, recopila datos sin precedentes sobre el cambio climático. Mohaupt era la encargada de seguridad y preparó a los participantes para protegerse de los peligros del Ártico: saltaron a un fiordo con trajes de supervivencia y salieron de las gélidas aguas usando solo picahielos; aprendieron a salir de un helicóptero estrellado y discutieron los efectos de estar lejos de casa. Su mayor preocupación era el frío, pero cuando el hielo comenzó a derretirse y a quebrarse, se transformó en peligro, en pesadilla logística para los investigadores... y casi los transforman en comida de osos. “Mohaupt y un puñado de colegas quedaron atrapados en un trozo flotante de hielo mientras el oso los miraba, olfateando el aire”, describe Nature. “Ahí es cuando todo comienza -dice- y te concentras en lo que es importante”. “Un colega disparó una bengala al cielo como advertencia, ella se comunicó por radio con el barco de investigación y por suerte el helicóptero del navío llegó rápidamente y Mohaupt no tuvo que usar el rifle que colgaba de su hombro”, agrega el artículo. “Estaba allí para asegurarse de que estuviéramos protegidos -cuenta Allison Fong, bióloga y colíder del equipo MOSAiC-. Verena es sin duda la campeona de eso”.

Gonzalo Moratorio

Historias de vida: hombres y mujeres de la mano con la ciencia

El virólogo que ayudó a la respuesta uruguaya exitosa al coronavirus es único latinoamericano de la lista. Lo ven por la calle en Montevideo y lo saludan. Él y su equipo del Instituto Pasteur y de la Universidad de la República diseñaron un test y un programa nacional para administrarlo que ayudó a tener a raya el covid-19 mientras los brotes se extendían por Latinoamérica (Uruguay sigue registrando uno de los índices de mortalidad más bajos del mundo). Había vuelto de un posdoctorado en París a estudiar cómo mutan los virus y cómo hacerlos menos dañinos. Pero en los primeros días de marzo, investigadores de Pasteur de toda América se reunieron en línea para discutir qué hacer con el brote. Varios colegas pensaban que Uruguay “zafaría”. “Pero Gonzalo salió corriendo de la reunión y se puso a trabajar -dice Carlos Batthyány, director el Pasteur de Montevideo-. Cuando está convencido de que hay que hacer algo, derriba montañas. Es un Quijote en ese sentido”. Moratorio anticipó que la forma de evitar los brotes debía ser realizar pruebas amplias entre la población y aislar a quienes den positivo, pero también que la demanda mundial de kits de diagnóstico comerciales haría imposible que Uruguay adquiriera pruebas y reactivos. El 13 de marzo, el país confirmó los primeros casos; para entonces el equipo había desarrollado su propia prueba de PCR, y en pocas semanas, habían transformado su prueba en un kit simple y eficiente.

Adi Utarini

A esta profesora de Salud Pública de la Universidad de Gadjah Mada, Indonesia, Nature la describe como “comandante de mosquitos”. En agosto, su equipo informó de una gran victoria que puede ser el camino hacia la derrota del dengue, enfermedad que afecta hasta a 400 millones de personas al año, y posiblemente también de otras transmitidas por este vector: lograron reducir los casos en un 77% en zonas de una gran ciudad indonesa liberando mosquitos genéticamente modificados. “Fue el primer ensayo controlado aleatorio, el estándar de oro en la investigación clínica”, destaca la revista. Crían Aedes aegypti que portan una bacteria que somete los virus y evita que los transmitan a humanos. Luego colocan los huevos de mosquitos modificados en la ciudad, a menudo en las propias viviendas. Ya habían logrado buenos resultados, pero en Yogyakarta (con 400.000 habitantes y altas tasas de transmisión), se dio un escenario mucho más grande y fue prueba importante de que la gente estaría dispuesta a albergar los mosquitos: para informar usaron anuncios en los medios, murales, reuniones cara a cara y un certamen de cortometrajes. “Eso fue lo que tuvo tanto éxito en el equipo que dirigió Adi”, dice Oliver Brady, especialista de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres. “Incluso antes de los resultados finales, en la comunidad preguntaban ‘¿Cuándo se puede hacer en mi área?’ -dice Utarini a Nature-. Es un sueño hecho realidad”.

Zhang Yongzhen

El primer paso contra el SARS-Cov-2 se dio el 11 de enero: en Shanghai, este virólogo publicó el genoma del virus que causaba una enfermedad similar a la neumonía en Wuhan y demostró que era un nuevo coronavirus. Científicos del mundo lo analizaron urgentemente buscando sus proteínas clave, para producir tests y diseñar vacunas. “Fue el día más importante del brote de covid-19”, afirma Linfa Wang, viróloga de la Facultad de Medicina de Singapur. Pero no fue sencillo. Zhang recibió una muestra el 3 de enero; el mismo día, el Gobierno chino prohibía publicar información. Después de 40 horas de trabajo, el 5 de enero, un miembro del equipo alertó a Zhang: el virus era un SARS; Zhang notificó a la autoridad de salud de Shanghai, cargó los datos en el Centro Nacional de Información Biotecnológica (NCBI), de los Institutos Nacionales de Salud de EEUU y esperó que procesaran la carga. Envió un artículo sobre el genoma a Nature (en su respuesta, lo instó a publicar la secuencia) y visitó Wuhan. El 11 de enero Edward Holmes, un colaborador de la Universidad de Sydney, le pidió que publicara los datos. Zhang se arriesgó y dio el OK. Hoy ve la vacilación de China como precaución para no equivocarse, y recuerda que en 2003 se había juzgado erróneamente que SARS era causado por bacteria. “Dicen ‘el 11 de enero fue un punto de inflexión para entender que esto es serio’ -reflexiona-. Fue un punto de inflexión para China. Fue un punto de inflexión para el mundo”.

Chanda Prescod-Weinstein

Es cosmóloga y científicamente, tuvo un año increíble: ganó dos becas y codirige un grupo que traza las próximas dos décadas de investigación, con observaciones astrofísicas, de la materia oscura. Terminó su primer libro; comenzó otro; escribió una columna mensual para New Scientist; publicó dos capítulos en libros sobre investigación educativa y guió a dos graduados en sus primeras publicaciones de doctorado; todo mientras ingresaba a su segundo año como profesora titular en la Universidad de New Hampshire. Pero además, a principios de junio, con otros científicos organizó la Huelga por Vidas Negras, campaña en línea para exigir que las instituciones confronten el racismo en la ciencia y en toda la sociedad. “Estaba cansada de seguir como de costumbre en la comunidad de la física”, dice a Nature Prescod-Weinstein. A lo largo de su carrera había descubierto que casi siempre era la única física negra en cualquier habitación y a menudo tuvo que luchar para justificar su lugar en el campo, y sintió que era su deber denunciar el racismo y el sexismo en la ciencia. “Las consecuencias de permanecer en silencio no fueron soportables”, dice. El 10 de junio, los principales grupos académicos (cientos de miles de miembros) se sumaron a la huelga. “La revolución no sucedió ese día, pero tal vez plantamos semillas para que la gente reconsidere radicalmente lo que sea necesario para salvar vidas negras”, dice Prescod-Weinstein.

Li Lanjuan

Nature describe a esta epidemióloga de 73 años como “la arquitecta del encierro” en Wuhan: 11 millones de personas quedaron aisladas en la gran ciudad china, centro del primer brote de coronavirus, durante 76 días para frenar la fuga de infecciones. Muchos se quejaron y lo consideraron exagerado. Pero funcionó. “Sin duda, condujo a un excelente control de la epidemia en China y a frenar una epidemia mucho más catastrófica”, dice Raina MacIntyre, epidemióloga de la Universidad de Nueva Gales del Sur, Australia. Se estima que retrasó la propagación por China entre tres y cinco días, y dio tiempo a otras regiones para prepararse. Y el número de casos exportados se redujo en un 80% durante algunas semanas. Ya lo había hecho en 2003, a cargo del departamento de salud de Zhejiang, con miles de contactos de personas con síndrome respiratorio agudo severo (SARS); también hubo críticas, pero luego se supo que fue clave para contener el virus. Mientras duró el nuevo encierro, Li no volvió a casa: se quedó en Wuhan; ayudó ayudar a cuidar a personas enfermas y se convirtió en símbolo respaldado por sus colegas. A menudo se la veía con su atuendo médico, y se la llamaba “abuela Li” en las redes sociales. La suya -dice Nature- fue una acción decisiva. “Muchos países parecen haber olvidado los principios básicos del control de epidemias. Pero no China”, resalta MacIntyre.

Jacinda Ardern

El 14 de marzo, con sólo seis casos importados, la primera ministra de Nueva Zelanda anunció medidas estrictas para viajeros; menos de dos semanas después, el país entraba en bloqueo nacional. Arden logró unificar  a cinco millones de habitantes detrás de medidas inéditas que hicieron de Nueva Zelanda una rara historia de éxito: eliminó dos veces brotes de covid-19, y limitó los casos a poco más de 2.000, y las muertes, a 25.

A pocos países les ha ido tan bien: el número de muertos en EEUU, por ejemplo, es más de 170 veces mayor cuando se ajusta al tamaño de la población. Es una isla con poca gente. “Pero incluso con esas ventajas, pocos líderes han superado las incertidumbres científicas tan hábilmente”, dice a Nature Michaela Kerrissey, experta en administración de la Escuela de Salud Pública de Harvard. “El grado de empatía y de honestidad con el que comunicó cada decisión fue, creo, bastante único y poderoso”, agrega. El Gobierno enfrentó críticas por la inadecuada vigilancia comunitaria, y por las pruebas al personal y a los viajeros en instalaciones de cuarentena, lo que provocó el cierre en la ciudad más grande, Auckland. Y la economía del país se hundió en la peor recesión jamás registrada. Aun así, una inmensa mayoría de neozelandeses reaccionó positivamente a las restricciones, y las encuestas muestran que hay más del 80% de apoyo civil a las acciones tomadas, incluidos los cierres.

Anthony Fauci

En sus más de 40 años de carrera como investigador de enfermedades infecciosas fue aclamado como héroe y condenado como asesino. Como director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de EEUU guió a seis presidentes y a una Nación ansiosa a través del temor a los ataques con armas biológicas y de los brotes de VIH, Ébola y Zika. Ahora, su rol de asesorar al Gobierno y comunicarse con el público durante la pandemia  lo convirtió en el médico del país. Dio orientación sobre la respuesta de EEUU al brote y se tomó tiempo para tratar a las personas con covid-19 y VIH. “La escala de la pandemia y la politización de la respuesta de salud pública lo obligó a ir mucho más allá de lo que ha hecho antes -dice el epidemiólogo Michael Osterholm, director del Centro de Investigación y Política de Enfermedades Infecciosas en el Universidad de Minnesota-. Fue fundamental para ayudar al público a comprender lo que significa la ciencia y lo que podemos hacer al respecto, y eso incluye, por supuesto, a nuestros líderes electos”. Su defensa constante de las medidas de salud pública le valió duras críticas del presidente Donald Trump y de otros políticos, en busca de minimizar la pandemia y reactivar la economía. Steve Bannon, exasesor de Trump, dijo que le gustaría ver la cabeza de Fauci en una pica. Pero él -dice- está “más enojado que asustado; trato de dar un mensaje de salud pública para salvar vidas”.

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