Mercedes era muy querida. Mercedes era muy querida.
20 Diciembre 2020

Rosana Herrera

Integrante del Taller Literio Animarse a Gritar

Se me fue la Mer y tengo que arreglármela para seguir gritando sin ella. Mercedes es una mujer que apareció en mi vida “causalmente” hace unos años, a raíz de una carta que ella enviara al correo de lectores de La Gaceta y que motivó mi apoyo absoluto a sus palabras. La carta se llamaba “El valor de la palabra” y generó su agradecimiento hacia mi defensa por messenger. Desde ahí no nos separamos más, ella ingresó al “El manifiesto argentino” y yo me inscribí en el taller Animarse a gritar. Ella con intención de integrar un colectivo que la representara ideológicamente y yo con el propósito de ponerle poesía a lo que me atormentaba y me enamoraba desde siempre. ¡Y la pucha que lo logramos!. Pude conocer un costado escondido de ella y ella logró sacar de mí, todo lo que tenía que salir para lograr mí sanación. Conocerla marcó una bisagra en mi vida, hay un antes y un después de Mercedes Chenaut. La orfandad en que nos deja a todos los gritones es imposible de describir. Huele a jazmines, a azaleas, a agapantos, suena a Borges, a Edgar Keret, a Ángeles Mastretta, sabe a medialunitas, a papas fritas y a galletas semoladas y tiene la silueta de su sonrisa. “Me encanta pintarme como una puerta”, nos decía siempre desde sus ojos cleopráticos y mientras nos abría las puertas de su ternura y de su enorme generosidad. Chau, maestra, compañera, amiga, hermana elegida. El desconsuelo sólo será remplazado por la imperiosa necesidad de honrar tu memoria todos los días.

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