Balance 2020: la pandemia visibilizó la precarización del arte

Las instituciones tuvieron respuestas distintas ante la cuarentena para “salir del paso”. Sin presupuestos.

CERRADO HASTA NUEVO AVISO. Literalmente, en franca caída. CERRADO HASTA NUEVO AVISO. Literalmente, en franca caída.
21 Diciembre 2020

Es un lugar común afirmar que todo lo visible se ha distanciado de nuestros ojos, de nuestra presencia, de nuestra mirada. Si el mundo virtual era una opción, desde este año ya no lo es: es la única alternativa.

Quienes más se perdieron en esta realidad son las artes vivas: el teatro, la performance o la danza; artes que dependen de lo que se llama el convivio (la relación entre los actores y públicos y la interacción). De repente, la presencia se advirtió como fundamental.

Toda la tecnología estaba preparada para el streaming y para el “efecto en vivo” y a pasos rápidos comenzó a reemplazar el formato anterior; al punto que en estos días se realizan conciertos, obras de teatro, shows y presentaciones diversas. Representaciones, mejor dicho.

En las artes visuales el fenómeno fue más sencillo. No pocas fueron las instituciones que ya funcionaban como galerías virtuales, o colecciones. La principal feria del país, arteBA, se realizó a fines de abril online en el sitio Artsy. Igual ocurrió con distintos eventos y exposiciones en todo el mundo.

El mercado del arte a través de las millonarias subastas y los mismos encuentros internacionales, no se detuvo.

Los museos han comenzado a abrir sus puertas en Argentina hace semanas; con limitaciones, es cierto. Pero se pueden visitar los espacios con turnos. Hay grandes exposiciones que se han inaugurado, como la de Leandro Erlich, la semana pasada, o la de Luis Felipe Noé en tres galerías.

En esta provincia, la mayor visibilidad de los artistas, en principio, depende de dos grandes eventos: el Salón del MUNT (UNT) y el Salón Tucumán de Ámbito Nacional (Provincia).

El MUNT aludiendo la pandemia suspendió su salón contemporáneo. Y el Ente Cultural pareció apostar doble. No sólo el salón, sino una Semana de Artes Visuales, con talleres, seminarios, charlas y murales colectivos en el Centro Juan B. Terán.

Desde principio de la cuarentena se habían impulsado galerías virtuales. Pero este evento del salón y la semana, que implicó un presupuesto de $ 1,6 millón, tuvo otro alcance.

1.- Cuando se inició la cuarentena todo quedó paralizado. En los últimos días de marzo la incertidumbre ganó en todas las actividades culturales, artísticas y de espectáculos. El temor y la prudencia se impusieron en las decisiones. Agendas suspendidas sine die y locales cerrados. El Museo Timoteo Navarro ya había cerrado sus puertas previamente porque le esperaba un largo proceso de refacciones (parecía finalmente que iba a comenzar, pero no se conoce que se haya avanzado; sí se confirmó que a fines de noviembre trozos de molduras se cayeron en la sala central). Así, con o sin pandemia, el imponente edificio continuará sin funcionar. En el Museo Casa Histórica fue a la inversa, según sus autoridades. Cuando llegó el virus se habían probado los arreglos en los techos de una de las salas y se habían solucionado los problemas del agua y los sanitarios. Todo estaba listo para arrancar, pero no pudo ser. En el MUNT se retrocedió en la programación a la espera de una situación distinta, que sigue sin llegar. Las instituciones, pues, se encontraban en coyunturas diferentes; la Nación, la Provincia y la UNT.

2.- ¿Y cómo reaccionaron? De modos distintos, ciertamente. La Universidad Nacional de Tucumán suspendió el Julio Cultural, el Salón del MUNT y el Megaconcierto. La información se conoció a través de LA GACETA. La Secretaría de Extensión es una estructura con muchos programas, políticamente muy vinculada al Ministerio de Desarrollo que encabeza Gabriel Yedlin. Tal vez fue esta la oportunidad elegida para reducir drásticamente el presupuesto (algo que ya venía en curso desde hace años). Y en el Ente Cultural sucede algo similar: los números no alcanzan; el millón y medio de pesos de la Semana de Artes Visuales no fue significativo (se informó que participaron más de 90 personas); tampoco las ayudas ni las salas virtuales. La contracara de estas cifras está en que todas o casi todas las actividades se realizaron: el Mayo de las Letras, Septiembre Musical, el Festival de Cine y el Salón Tucumán para el Ámbito Nacional. De manera virtual, obviamente.

En la Casa Histórica los programas sobre hechos del pasado se mantuvieron a modo de “presencia”. Pero, en la reciente Noche de los Museos hubo un show musical con artists en el patio.

En otras palabras: para las instituciones se trató de “cumplir”, de mostrarse, de poder decir “estamos haciendo”, de salir del paso. El MUNT quedó a la espera con “Relatos Imprudentes”.

3.- Como en otras oportunidades son los artistas los que tomaron la iniciativa de exponer-se. Profundizando el camino que ya lleva más de una década: el de las redes sociales y el de las aplicaciones (becas, seminarios, pasantías, talleres). La pandemia puso en evidencia la precarización laboral en todos los sentidos (también entre los trabajadores de los museos). Se crearon organizaciones para censar y hasta para defender con un grado de sindicalización, los derechos de los trabajadores del arte. Tímidamente, y con turnos, comenzaron a funcionar El Taller, Espacio Abasto y, con una decidida militancia feminista, La Veleta Cultural. No son muchos, pero un par de decenas de artistas pudieron vender sus obras a través de Instagram, (favorita en las redes). Mientras algunos modificaron sus trabajos (en las imágenes y soportes) el fenómeno de los murales y del llamado arte urbano se incorporó al diseño y muchos tucumanos optaron por estas pinturas en los interiores y exteriores de su casa.

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