DESAPEGO A LAS NORMAS. Frente a la pandemia, la juventud se erigió como marcando diferentes modos de existir, apuntó una especialista.

Por Nahuel Toledo.-
Especialistas opinaron sobre los motivos que llevan a transgredir algunas de las normas impuestas por la pandemia, cuando desde el Gobierno piden actuar responsablemente.
Por la cercanía a fin de año y los festejos que suelen registrarse en esta época, las miradas vuelven a enfocarse en la conducta social de los jóvenes. Este año, los brindis estarán marcados por la pandemia que generó el coronavirus, el aumento en la cantidad de contagios y el miedo latente a un rebrote de la enfermedad que puso en vilo al sistema sanitario.
Desde el Gobierno algunos funcionarios cargaron de lleno contra ciertos sectores a los que tildaron de irresponsables. José Ardiles, subsecretario de Seguridad de la provincia, llegó a manifestar días atrás que “a miles de tucumanos no les importó la salud del otro” y a pesar de las restricciones organizaron fiestas o reuniones de manera constante. En esta línea, el propio ministro de Seguridad, Claudio Maley, se preguntó por qué la Policía tiene que estar detrás de festejos clandestinos cuando ya se conocen los peligros que esto conlleva para la situación epidemiológica.
Para poder entender los motivos de estos comportamientos y el desapego a ciertas normas impuestas durante los últimos meses, dos profesionales nos dieron su visión.
La licenciada en Filosofía Belén Scigalszky aseguró a LA GACETA, que en los jóvenes hay una “rebeldía con causa”. “La desobediencia que ellos llevan a cabo tiene una lógica que los mayores debemos escuchar y no juzgar desde una mirada adultocentrista”, enfatizó.
En relación a esto, la docente secundaria también indicó que lo vivido en torno de la pandemia muchas veces nos excedió y desde ese lugar de diferenciación “la juventud se erigió como marcando diferentes modos de existir”.
Desde el área de la psicología, Francisco Viejobueno sostuvo que los jóvenes no fueron tenidos en cuenta en la toma de las decisiones y además en esa etapa de la vida hay una “rebeldía natural” en la que la persona busca hacerse un lugar en el mundo social. “Dentro del mundo adulto es un error frecuente no posibilitar el encuentro y el reconocimiento del joven. Cuando se generan condiciones de expresión, el joven como sujeto conocedor y responsable es un gran aportante de ideas”, agregó.
El psicólogo recordó que durante la fase de aislamiento social una de las frases más difundidas fue: “Quedate en casa”. “Que te digan eso, es en una forma decirte no necesito más nada de vos. Pero, el joven lo que necesita es ser incluido”, dijo.
Si bien las tecnologías permitieron mantener el contacto durante este tiempo e incluso se observó una mayor presencia de los jóvenes en las redes sociales, sería difícil pensar en el mantenimiento de esta realidad.
“En algún momento los jóvenes rompen eso por desobediencia, en obediencia a la necesidad afectiva de atravesar la instancia regulada o gestionada por el Estado y la necesidad de efectivizar la afectividad”, puntualizó Scigalszky.
Sobre este punto, Viejobueno enfatizó que la cuestión vincular con sus pares es de suma importancia para el joven. “En el proceso de transición al mundo adulto hay temores o inseguridades. En los encuentros el joven intercambia experiencias y esas ansiedades se atenúan porque se van encontrando indicadores que ayudan a resolver sus propias falencias. La liberación de actividades y la posibilidad de volver a encontrarse en comercios o lugares públicos contribuyó a que esa rebeldía implícita se vuelva más visible”, puntualizó.
Sobrellevar la ansiedad
En mayor o menor medida la covid-19 cambió la vida de todos y la ausencia de una vacuna o solución definitiva a la enfermedad impide visualizar un futuro alentador para que la vida vuelva a parecerse cómo era antes de la pandemia.
La filosofa dijo que por el virus parecemos “desfondados”. Eso que llamábamos finalidad última quedó en jaque. “Por la propia incertidumbre se dificulta para los jóvenes decidir qué estudiar o si eso que le gusta tendrá salida laboral en un futuro”, remarcó.
Sobre este punto, Scigalszky citó al autor portugués Boaventura de Sousa Santos, quien en su Epistemología del sur habla de achicar el futuro infinito y expandir el presente. “La incertidumbre de un mañana nos lleva a pensar que podemos hacer hoy con el otro. La pandemia también puso en jaque la salud integral, entonces debemos repensar la integralidad de la salud en clave de esta expansión de la experiencia del presente y de lo afectivo”, subrayó.
Francisco Viejobueno afirmó que el impacto de esta incertidumbre fue nocivo para la mayoría de los jóvenes y explicó que en dicha etapa, la persona construye ciertas certezas para la vida.
“La juventud es un tiempo de muchas incertidumbres y certezas que se sobrellevan a partir del encuentro con los pares y por sobre todo mirando al adulto que debería reconocerlo y contenerlo. Aquí, pasó que el mundo del adulto también cayó en la incertidumbre porque la pandemia generó condiciones disruptivas, alteró la vida cotidiana y rompió con lo obvio”, concluyó.







