Análisis: la clase media tucumana trata de evitar el descenso en la pirámide socioeconómica

Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 17 Diciembre 2020

Seis de los 10 deciles que componen la escala de ingresos familiares totales están por debajo de la línea de pobreza. Esa referencia estadística es una clara muestra de la profundidad del problema socioeconómico que no sólo embarga a los más pobres, sino a la clase media tradicional, a la que no sólo le cuesta llegar a fines de mes, sino que también no pueden reunir los $ 43.608 mensuales para cubrir sus necesidades alimentarias y costear los servicios más esenciales para vivir, como son los gastos de transporte, de servicios y de salud.

La pandemia de la Covid-19 ha profundizado esta situación. El informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) ha sido revelador en tal sentido. Según ese diagnóstico académico, el 44,2% de los argentinos está en situación de pobreza. Tucumán puede llegar a evidenciar dos puntos más que ese promedio nacional estimado por la UCA. La fotografía es más grave si se toma en cuenta el total de ingresos familiares: más de la mitad de los hogares no puede dejar de ser pobre en el principal aglomerado urbano de la provincia.

“Las ayudas sociales, tanto preexistentes como implementadas en el marco de la cuarentena, brindaron un piso mínimo de ingresos entre los sectores más pobres y vulnerables, sin embargo, no sólo fueron insuficientes, sino que además no llegaron a todos los que sufrieron pérdidas de ingresos”, explica el Observatorio de la Deuda Social. Por lo mismo, caerían en la indigencia y pobreza segmentos no pobres cuasi informales cuyos ingresos dependían fundamentalmente del trabajo, muchos de ellos auto excluidos de la asistencia pública, completa el reporte académico.

Sin ahorro

Llegar a fines de mes es una meta casi imposible sin apelar al endeudamiento. Entre julio y octubre, en el marco de la pandemia de la Covid-19, el 43,9% de los hogares y el 48% de la población declaró que los recursos monetarios corrientes recibidos por el hogar no les alcanzaron para cubrir sus gastos básicos (corresponde a una medida de autopercepción), según la UCA. En el otro extremo, un 9,8% de los hogares pudieron ahorrar y un 46,3%, declararon que los ingresos les alcanzaron para cubrir sus gastos. En términos de población, estos porcentajes descienden al 8,1% y 43,9%, respectivamente.

La caída de la actividad ha llevado a que el 10,4% de la población económicamente activa del principal aglomerado provincial esté desocupada. Peor es la informalidad, que alcanza al 45,2% de los asalariados tucumanos. Ese porcentaje históricamente ha sido siempre elevado en el distrito, un poco por las regulaciones, la carga impositiva y por la falta de control del Estado y otro poco por las conductas de empresarios para abaratar costos de mano de obra. Esos trabajadores en negro son los que permanentemente caen en situación de pobreza si no logran ubicarse en otro puesto laboral para mejorar sus ingresos.

Con todo, hay otra parte de la sociedad que no puede abandonar ni el último ni el penúltimo umbral de la pirámide social, el de la indigencia y el de la pobreza. El que condena a 73.130 tucumanos a no poder conseguir los ingresos para alimentarse y a otros 372.794 habitantes para reunir aquellos $ 43.608 mensuales para sus gastos más necesarios. Hasta allí llegó la mano del Estado nacional que la UCA ha descripto en su último reporte.

El 47,4% de hogares recibió alguna de estas asistencias sociales en este pandémico 2020. Esto representa a alrededor de 55,5% de las personas dentro del universo analizado.

En consecuencia, la asistencia social habría crecido significativamente entre 2019 y 2020 y, a pesar de su incremento transversal a la estructura social, se habría concentrado en estratos de trabajadores marginales y hogares de nivel socio-económico muy bajo, lo que redunda en la correcta focalización de estas medidas.

La salida será lenta. Este año, la actividad económica caerá entre un 12,9% y un 14%; la inflación rondará el 36%, mientras que el salario real experimentará una caída de entre un 3% y un 5%. Nadie se anima a pronosticar qué sucederá durante el año electoral que se avecina. El Gobierno (nacional y provincial) necesita modificar este escenario socioeconómico para cambiarle el humor a la sociedad. La clase media tradicional seguirá transitando al borde de la línea que divide ese escalón social respecto de la pobreza. Un aumento salarial volverá a ponerlos en carrera en la recuperación de los ingresos, pero en el camino puede llegar a cruzarse el impuesto a las Ganancias, el reajuste de las tarifas y un sinceramiento de otros precios. Así no hay bolsillo que aguante.

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