Punto de vista: un nuevo consenso fiscal, la historia se repite

07 Diciembre 2020

Luis Alberto Comba

Tributarista

Las provincias argentinas firmaron un “nuevo consenso fiscal”, que supuestamente otorgará -según manifestaciones públicas de algunos de los firmantes- la previsibilidad necesaria para que el desarrollo “brote y desaparezca la pobreza”.

Quizás el poder político debiera preguntarse qué se necesita para que esos objetivos loables sean alcanzados. Qué hacer para iniciar el camino hacia una prosperidad que le es esquiva desde hace décadas a este país. Es necesario que la dirigencia política logre consenso sobre las causas de estos problemas, para ver si, entre todos, pueden buscar soluciones alternativas, sinceramente consensuadas para el logro del bien común.

En este “nuevo consenso” la previsibilidad solo se busca generando mayores recursos a los gobiernos provinciales, revirtiendo el camino que se había iniciado en el 2017, con la reducción de la carga fiscal de las pymes argentinas.

A esta altura del conocimiento, es difícil encontrar quienes aún no apoyen la idea de que la reducción de los niveles de pobreza se logra generando empleo genuino y dando de esta forma trabajo digno a miles de argentinos, que se encuentran marginados en una sociedad cada vez mas empobrecida.

Pero ahora existen algunas diferencias en la continuidad del análisis. ¿Quiénes pueden generar este trabajo genuino? ¿el estado? ¿las pymes?. Las aguas se bifurcan en este punto. Claramente la clase política entiende que el motor del crecimiento será el sector público. Y ahí “necesita previsibilidad”, de ingresos para mantener -y ampliar- la estructura que posibilitará -según este criterio- sacar de la pobreza a miles de argentinos.

En cambio otros sostienen que es el sector privado el único capaz de generar empleos de calidad que permitan avanzar en la dirección deseada. Solo el crecimiento de las pymes nos permitirá ir en este rumbo.

La diferencia de análisis no es menor. Porque a partir de ahí se privilegiarán decisiones. Y esto resulta tan claro que basta un ejemplo. La Ciudad Autónoma de Buenos Aires no firmó el reciente consenso fiscal y tiene en carpeta implementar un impuesto especial sobre el consumo de tarjetas de crédito y sobre las leliqs. ¿Qué sucedió? Se criticó fuertemente el impuesto a las leliqs, señalando entre otros aspectos que encarecerá el crédito. Y nos preguntamos ¿el impuesto sobre los consumos de tarjetas de crédito ¿no provocará efectos negativos en el ciudadano?¿no merece reproche alguno?. El impuesto de leliq afecta a los bancos y por ende más directamente a la clase política. El gravamen sobre tarjetas de crédito solo afecta a millones de personas (y la clase política no usa tarjeta…maneja mucho efectivo). De paso señalemos que Tucumán hace 20 años que lo cobra.

La previsibilidad es hacer más fácil la situación de los gobiernos y no de las personas o empresas. Esa es una clara decisión y definición.

En todo este análisis no puede dejar de pensarse de dónde salen los recursos con que genuinamente cuenta el Estado para afrontar sus erogaciones. Y esto no genera discusión: desde el sector privado. Pero si son las pymes esencialmente el motor de la recaudación, no sería deseable que estas crezcan a los fines de incrementar los recursos?. A lo mejor lo sería. Pero faltaría la previsibilidad para el sector público que no permitiría que éste genere empleos.

Y en este circulo viciosos se encuentra viviendo el país desde hace muchos. El Estado es el gran empleador. Pero necesita más recursos. Genera nuevos impuestos. Las pymes ya exhaustas, solo piensan en achicarse y subsistir, las que logran no desaparecer. Aumenta la actividad informal y se general más empleo marginal.

Muchos hemos perdido las esperanzas que esta rueda se revierta. Y que se trabaje para motorizar a las empresas, que son quienes con su empuje y su tributación harán poner esta Argentina de pie.

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