Qué pensamiento hay detrás de los pecados de juventud - LA GACETA Tucumán

Qué pensamiento hay detrás de los pecados de juventud

La semana de Los Pumas será para el olvido.

02 Dic 2020 Por Julio Marengo
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Nadie resiste un archivo, suelen decir en la política. Y a continuación, aparece el archivo, plagado de manchas de todo tamaño y color. El famoso carpetazo, como le dicen. Una vieja práctica que en estos tiempos de redes sociales se vuelve accesible a todo el mundo. Con internet y un poco de tiempo, se puede fácilmente recorrer la huella (honda) que dejamos en nuestra vida digital. No virtual, digital, porque la vida en las redes es tan concreta como pararse en una plaza a gritar lo que uno piensa.

La semana de Los Pumas será para el olvido. Tras la derrota deportiva del seleccionado argentino de rugby frente a sus eternos rivales de Nueva Zelanda y las críticas por el tibio homenaje que ofrecieron al fallecido Diego Maradona, se sumó un “carpetazo” digital contra tres de las figuras del equipo. Entre ellos, nada menos que el capitán, Pablo Matera, que hace nueve años había posteado tuits altamente xenófobos, misóginos y discriminatorios en otros sentidos. A ese historial se sumaron otros dos integrantes del plantel, Guido Petti y Santiago Socino, que en 2012 se habían dedicado a hacer “chistes” ofensivos en Twitter sobre sus “mucamas” y los “negros”, entre otros.

Claro, esos “exabruptos”, pecados de juventud como quisieron matizar en sus respectivos pedidos de disculpas, no han pasado inadvertidos, sobre todo en un 2020 que comenzó con el asesinato a golpes de Fernando Báez Sosa en Villa Gesell, en manos de un grupo de rugbistas.

¿La gente puede cambiar?

Hace un mes y medio, salieron a la luz tuits del humorista Martín Cirio, “La Faraona”, de contenido presuntamente pedófilo. Él salió a defenderse diciendo que la persona que hacía “bromas” con esa temática no es la misma persona que él es ahora. Que los “chistes” de entonces hoy le parecían una aberración y que Twitter era esa red social que premiaba al más incorrecto políticamente. En definitiva, y al igual que los rugbiers de Los Pumas, “La Faraona” dijo: “yo ya cambié”. ¿Pueden cambiar las personas?

A la psicóloga social Josefina Racedo le importa menos el caso puntual que el pensamiento que hay detrás de estos dichos. “Se suele hablar de ‘exabruptos’, pero muy difícilmente esas expresiones no tengan antecedentes en la formación que cada uno de nosotros hemos tenido. ¿Por qué otros no lo hacen, no manifiestan su sentimiento de superioridad? Porque no es algo universal, es algo de grupo de pertenencia. Nadie piensa su infancia fuera de su grupo, hay un grupo social detrás y anterior que configura la manera en la que nos expresamos. Cambiar... claro que una persona puede cambiar, ¿pero eso implica que lo hemos superado? Porque, ojo, hay personas que siguen aceptando esas conductas como válidas, que justifican o minimizan, porque cuestionarlas sería interpelarse a sí mismo”, analiza.

En el presente de esta sociedad, en el torrente de cambios que han generado los movimientos feministas, LGBT, indigenistas y las perspectivas de la diversidad en general, se ponen en cuestión  actitudes y pensamientos profundamente naturalizados. Para muchos, cada vez más, ya no es motivo de risas un “chiste” machista o xenófobo. Por el contrario, incomodan y se entienden como anacrónicos. Ya no hay lugar para eso. Es un proceso social, pero también profundamente individual.

“Estos chicos, más que preocuparse porque otros los reivindiquen o ‘perdonen’, que se preocupen por reivindicarse a sí mismos. Que le transmitan a su descendencia cómo eran, y por qué cambiaron. Si de verdad han entendido que estamos en una sociedad mal dividida, que pone a unos encima de otros, entonces que hagan su aporte para cambiarlo. Las disculpas por sí mismas no sanan”, aseveró Racedo.

Clasismo

“Una sociedad clasista. Partamos de la base de que hemos crecido en una sociedad que distingue entre grupos de personas. Y que el sentido de pertenencia es una construcción informal (en el ámbito familiar) y más estructurada en las instituciones, como los colegios ‘propios’ de cada sector social”, explica por su lado el psicólogo Arturo Gómez López.

“El problema -avanza- no es la distinción en sí, sino que una clase se sienta superior a la otra y eso es algo que se refuerza en los grupos de pertenencia a partir de, por ejemplo, festejar un ‘chiste’ con tono discriminador que puede ser muy doloroso para otro. Estamos en un momento de la historia en el que esos hechos discriminatorios están siendo fuertemente cuestionados por la sociedad y ese es uno de los motores de cambio de las personas que, por supuesto, podemos cambiar. En el aprendizaje por experiencia se puede uno replantear y revisar los conceptos  y los modos de actuar que se tenían arraigados, por más profundos que sean”.

La empatía es aquí la “herramienta” clave, sostiene Gómez López. “Ponerse en el lugar del otro y entender que nuestras maneras de pensar y de actuar les pueden hacer daño. Por más que las diferencias persistan, una persona es capaz de quitarles las valencias negativas a esas diferencias y encontrar maneras no dolorosas de expresarlas. Lo que permite cambiar es la construcción de la empatía que, cuando se genera un daño, provoca un conflicto interno, un sentimiento de culpa que permite la reparación y el cambio”, finaliza.

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