Un tesoro oculto bajo nuestros pies

22 Nov 2020

Por Alfredo Tineo, instituto Superior de Correlación Geológica (Conicet UNT).-

El bienestar social y el desarrollo económico de Tucumán dependen de la disponibilidad de agua subterránea. Como en la provincia casi no existen obras de infraestructura que permitan encauzar las lluvias torrenciales hacia embalses y canales de distribución, desde hace tiempo la demanda de agua ha debido cubrirse a través de la perforación de pozos profundos para la explotación de los acuíferos, puesto que esta tiene menores costos de ejecución y distribución. Sin embargo, ya es hora de mirar hacia el futuro y buscar una gestión sostenible de estos embalses subterráneos, porque si continuara su uso inadecuado, habría serias consecuencias: sobreexplotación, salinización, inundaciones y contaminación.

En un acuífero, como en cualquier depósito de agua, las entradas y salidas deben permanecer equilibradas, porque si saliera más agua de la que entrara, el depósito terminaría vaciándose. Esto es lo que ocurre cuando hay sobreexplotación. Pero además, cuando bajan los niveles de un acuífero, el agua se saliniza y pierde calidad. Lo mismo sucede en los casos en que un pozo está muy cerca de la superficie y es muy vulnerable a la infiltración de líquidos cloacales, efluentes industriales y agroquímicos, entre otros contaminantes. Tanto en caso de salinización como de contaminación, la explotación debe abandonarse por pérdida de la seguridad del agua. Y a su vez, una explotación hídrica subterránea abandonada puede recibir nuevos niveles de agua, rebasar en superficie y producir inundaciones, con lo que el cuadro caótico se completa.

En consecuencia, el modo en que se explotan los acuíferos es importante para el medio ambiente, la agricultura y la población urbana, puesto que de él dependen la protección y regeneración de este recurso vital. Debido a sus buenas condiciones climáticas, que desde hace décadas mantienen promedios importantes de precipitaciones, Tucumán se destaca en el Noroeste por su abundancia de recursos hídricos superficiales y subterráneos. Si bien la red de ríos y arroyos es caudalosa y desemboca en el Embalse de Río Hondo, ella tiene importantes pérdidas por evaporación (a causa del calor) y por infiltración en depósitos de agua subterránea que abastecen gran parte del territorio provincial, incluidos el 90 % de los centros urbanos del interior, los municipios periféricos del Gran Tucumán y la mayoría de las zonas de cultivo.

Por eso decimos que existe un tesoro oculto bajo nuestros pies: aunque invisibles, las aguas subterráneas son la única fuente segura, sustentan el riego para el desarrollo agroindustrial y se han vuelto esenciales para cubrir la demanda urbana. Es tiempo de apoyar la investigación y el seguimiento de los reservorios profundos, invertir en el uso de fuentes superficiales y adoptar técnicas de ahorro y eficiencia que prevengan la mala praxis y garanticen la disponibilidad del recurso.

El agua es un bien público, por lo que todos tenemos el deber y el derecho de estar informados acerca de ella y participar activamente en su gestión. Y aunque ella no tiene precio, ponerla a disposición de los usuarios sí lo tiene. Por eso creemos que es necesario, como una exigencia de responsabilidad social y ambiental, aproximar el precio que pagamos por el agua a los costos reales del servicio.

Esta nota fue anteriormente contenido exclusivo, sólo accesible para suscriptores.

 

Comentarios