La amenaza del efecto manada - LA GACETA Tucumán

La amenaza del efecto manada

22 Nov 2020
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Por Regina Martínez Riekes, asesora financiera.-

“¡La vecina de al lado me copia todo!

Si yo hago ravioles, ella hace ravioles. Si yo hago puchero, ella hace puchero”

China Zorrilla en “Esperando la Carroza”

Antes de ser dragón, se sufre como hormiga

Una nueva ola de contagios en Nueva York reavivó los confinamientos en la capital financiera internacional. Si bien la incertidumbre sobre el futuro reina, queda en claro que la pandemia continuará en el corto plazo.

A pesar del aumento en el número de infectados, la disminución de víctimas fatales es un gran aliento. Una recaída en la actividad económica si bien es probable sería menos intensa que la sufrida previamente.

La estadística esperanzadora sonaba con tonada tucumana. Era Fernando Marengo quien brindaba esta semana evidencia empírica en un desayuno “virtual” para un selecto grupo de empresarios del interior.

Dentro de esta nueva configuración mundial, 2020 produjo una interesante redistribución de la riqueza. Estimaciones del banco Credit Suisse señalan que la contracción de la riqueza mundial fue de U$S 7,2 billones. La región más afectada es Latinoamérica, donde la caída del PBI se ha visto reforzada por la pérdida de poder adquisitivo de las monedas domésticas.

Mientras la destrucción de valor en esta región se estima en U$S 1,5 billones, del otro lado del mostrador China termina con una acumulación positiva de U$S 3,5 billones. La economía asiática fue la primera en mostrar señales de recuperación y hoy se ubica como la gran preferida a la hora de asignar nuevos recursos. Los grandes portafolios de inversión están sobreponderando economías asiáticas, siendo la madre de la pandemia la gran predilecta. Paradojas de la vida.

Nadie se baña dos veces en el mismo río

Dentro de la nueva normalidad, las nuevas formas de trabajo y relacionamiento llegaron para quedarse. Ello implica una mayor demanda de comunicación y centros de almacenamiento, reconfigurando y amenazando las inversiones tradicionales en “Real Estate” (inmuebles).

Las carteras de inversión buscan anticiparse a los disparadores de esta nueva década, donde la tecnología será nuevamente protagonista. Los avances en materia de inteligencia artificial, biotecnología y 5G lideran las apuestas. La oferta de activos es numerosa.

A pesar de la diversidad y competencia, existe gran coincidencia en que los mayores flujos se dirigen hacia Asia y economías emergentes.

En esta última categoría, Argentina por el momento se cayó del mapa. Los bonos locales, con cupones de renta tan bajos en los primeros años, pierden atractivo frente a sus comparables. Las acciones domésticas acompañan la pérdida de confianza. Más allá del intento de “giro a la ortodoxia” de la política local, los ruidos internos cansan a cualquier analista. La reciente doble tributación sobre la riqueza, es una clara prueba de ello. Mientras no haya rumbo definido, el mercado local seguirá siendo transaccional y de bajo volumen. Pura especulación y chiquitaje.

Si no sabes a dónde ir, todos los caminos sirven

La impresionante escalada del bitcoin, con alzas del 75% en los últimos tres meses, ha acaparado nuevamente la atención de los inversores. A pasitos del máximo histórico de diciembre de 2017, cada vez más son los analistas que insisten en utilizarlo como reserva de valor.

Dentro de los precavidos, hay quienes advierten sobre el fenómeno conocido como “FOMO” bitcoin, es decir el “miedo a perdérsela” (FOMO, por sus siglas en inglés, fear of missing out). Algo muy común en el pensamiento del inversor poco sofisticado es comprar porque “todos están comprando”.

Estos activos digitales, basados en algoritmos encriptados para proteger la información, buscan cumplir con los requisitos básicos de una moneda: servir como medio de pago, poder expresar los precios en esa unidad de medida y usarse como atesoramiento. Mientras en una moneda tradicional el monopolio de la emisión lo tiene el gobierno, en el caso del bitcoin su emisión depende de un protocolo cuya validación se encuentra completamente descentralizada. Precisamente las criptomonedas fueron concebidas como una forma de rebelarse contra los gobiernos y las desmedidas emisiones de dinero para financiar déficits de turno. Por ello son quizás la mejor expresión de la democracia o el poder del “pueblo”. Se trata de transacciones entre pares que eliminan intermediarios financieros.

Más vale prender una vela que maldecir la oscuridad

Según un relevamiento de CoinMarketCap, en el universo cripto existen más de 7.000 protocolos o “tokens”. A pesar del rechazo inicial de varios sectores, de a poco va ganando adeptos. Hoy en ciertos países ya se permite a los bancos su custodia. En otros se está avanzando con la emisión de criptomonedas nacionales . En Argentina existe un proyecto de ley que busca dar un macro regulatorio e impulsar la creación de criptoactivos.

Tratándose del bitcoin, su protocolo establece una emisión máxima para 2041 de hasta 21 millones de unidades. El techo a la emisión arremete en contra de un eventual proceso inflacionario. En un mundo de megaemisión de dinero producto de la pandemia y abultados déficits fiscales ello explica su relevancia.

La volatilidad detrás de los criptoactivos atenta contra inversores conservadores. Pero, ¿qué habitante del suelo argentino podría considerarse dentro de esta categoría? Mientras el dólar perdió el 95% de su valor intrínseco en los últimos 100 años, el peso alcanzó idéntica desvalorización en solo los últimos 5 años.

Por eso las criptomonedas se recomiendan para inversores de perfil agresivo. Y cualquiera que lograra sobrevivir en Argentina, puede reconocerse dentro de esta categoría.

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