La imprescindible tarea de pensar el país como proyecto - LA GACETA Tucumán

La imprescindible tarea de pensar el país como proyecto

De Alberdi y Sarmiento a Terán y Rougés.

22 Nov 2020
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EL FUTURO DEL PASADO. Lucía destaca el “optimismo teórico” de la generación de 1837, que buscaba un Estado. Y que lo hacía a través de la filosofía.

ENSAYO

ARGENTINA: IDENTIDAD Y UTOPÍA

LUCÍA PIOSSEK PREBISCH

(EDUNT – Tucumán)

Este libro reúne un conjunto de artículos centrados en el análisis de las preocupaciones de intelectuales y políticos, representantes de distintas generaciones de la Argentina, que indagaron sobre el rumbo del país como proyecto político o como comunidad posible e integradora. La selección de voces realizada por Lucía Piossek Prebisch abarca un abanico temporal que excede largamente la centuria. La autora refleja estos tópicos con claridad, plasmados en un relato de prosa clara y elegante, grato al lector y que permite avanzar sin contratiempo en la lectura del libro.

En la primera parte examina detenidamente la primera generación que reflexionó sobre el rumbo que debía adoptar esa nave todavía invertebrada que era nuestro país. Me refiero a la denominada “generación de 1837”, que no por casualidad se organizó en torno a la librería de Marcos Sastre formando un salón literario. Echeverría, Alberdi, Gutiérrez fueron las voces más importantes y expresivas de una generación nacida con la revolución, que observó con impotencia décadas de enfrentamientos armados suscitados por la difícil empresa de organizar el país mediante la creación del Estado. Como señala la autora con agudeza, esa generación tenía una utopía, se sentía unida por una “misión ineludible” que debía continuar la obra de la revolución de mayo a través del conocimiento y la razón.

Lucía destaca el “optimismo teórico” de esta generación que buscaba un Estado, y que lo hacía a través de la filosofía, actividad que contribuiría a encontrar el rumbo y el sentido del proceso histórico. Naturalmente, el optimismo de esta generación se situaba en el futuro, enmarcado en una filosofía de la historia que concebía la humanidad inmersa en un movimiento ascendente hacia su perfeccionamiento progresivo. En ese contexto, se examinan detenidamente las reflexiones de Alberdi, quien apela a la razón como vehículo ineludible para pensar, para obrar y para discernir. Y fundamentalmente para construir un Estado racional capaz de modelar una sociedad pacífica, trabajadora y estudiosa.

Este corpus de ideas se transmitió y resignificó en una nueva generación, la llamada “generación de 1880” que dirigió los destinos de la Argentina por más de una década. Entre sus integrantes se manifiesta con mayor consistencia la confianza optimista en el futuro del país. En este contexto, la autora acude a Pellegrini para expresar la misión histórica que se atribuye el grupo. Se trata de hacer habitable el país, de construir rieles, canales, puertos que lleven movimiento y vida a todos los rincones de la Argentina. En este caso, el progreso más que identificarse con la utopía, se identifica con un programa de realizaciones respetado con notable persistencia y que podríamos considerar a estas alturas como una suerte de política de Estado.

Babel argentina

Hacia el primer Centenario, el escenario optimista comienza a ser surcado por sombras. El cosmopolitismo juzgado medio siglo atrás como un factor positivo se torna una preocupación al reflexionar sobre el carácter nacional de la Argentina. A fines del siglo XIX, un protagonista de peso como Sarmiento había variado sus juicios respecto de la inmigración. Su áspera observación (y cito el libro de la autora), “¿Argentinos? ¿Desde cuándo y hasta donde?, bueno es darse cuenta de ello”, reflejaba las prevenciones a un movimiento que de manera lineal y automática se asociaba con el progreso argentino. Ese desplazamiento conceptual es analizado por Prebisch, que examina la noción de nacionalismo de Ricardo Rojas, quien rescata el concepto de la nación preexistente, juicio que se podría sintetizar en la siguiente frase: “fuimos una nación antes que un pueblo”, afirmación en la que se cuela también cierto desengaño respecto de la inmigración.

En esa búsqueda, Prebisch incluye autores como Juan B. Terán y Alberto Rougés, desencantados del modelo positivista del conocimiento histórico con su ideal de objetividad. En esa línea, Terán considera que el quehacer del historiador constituye una suerte de “prospectiva” que cambia según la luz, la ubicación del observador y sus circunstancias. Terán afirma que no sólo basta la reconstrucción; es necesaria también la intuición y la hermenéutica para descifrar el rumbo de la historia. Estas armas eran consideradas imprescindibles para acudir al rescate de la tradición, dimensión del pasado que, según Terán y Rougés, podría otorgar sentido y rumbo a nuestra Babel argentina.

En síntesis, el libro Lucía Piossek Prebisch desgrana y examina con perspicacia y delicadeza las preocupaciones de intelectuales y políticos a los que agrupa y concibe como generaciones. En consecuencia, analiza detenidamente las preguntas, las convicciones y las vacilaciones de pensadores preocupados por buscar respuestas y certezas para nuestro país. En esa óptica, el libro aporta claridad y sentido a nuestro pasado y permite dimensionar el componente de optimismo que permitió a intelectuales y políticos proyectar utopías, aportar convicciones y seguridades, estados de ánimo constitutivos de un clima de época que hoy se nos presenta distante.

© LA GACETA

María Celia Bravo

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