Estados Unidos: las esculturas de mujeres negras simbolizan el nuevo poder - LA GACETA Tucumán

Estados Unidos: las esculturas de mujeres negras simbolizan el nuevo poder

Simone Leigh será la representante en la próxima Bienal de Venecia. Enormes objetos realizados con cerámica y bronce.

18 Nov 2020 Por Jorge Figueroa
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EN EL CAMPUS. Un monumento de cinco metros exhibe una imponente figura femenina.

Cuando los votos en las elecciones en Estados Unidos no habían terminado de contarse, un busto de bronce de altura de más de cuatro metros de una mujer negra se instaló en el corazón del campus de la Universidad de Pensilvania.

La obra de Simone Leigh se ubicó como un símbolo del nuevo poder; meses antes, sus emblemáticas figuras femeninas atrajeron las miradas en Nueva York.

¿Un anticipo de los tiempos que se avecinan para el arte?

Donald Trump había postulado el neoclasicismo, incluso para los edificios privados; el estilo imperio, tal vez. Se descontaba que en caso de triunfar firmaba su proyecto para imponer ese estilo a los edificios oficiales. “Haciendo los edificios federales bonitos otra vez”, era el título de esa iniciativa. Mármol y bronce; imponentes columnas.

La información de la agencia de Associated Press cuenta que la enorme escultura de Leigh, “Brick House”, fue levantada con una grúa el martes pasado desde un camión de plataforma y bajada a su nuevo hogar en la esquina de las calles 34th y Walnut, la entrada a College Green.

Pero lo más importante, quizá, es que a mediados de octubre se anunció que la artista haría historia en la Bienal de Venecia al representar a los Estados Unidos en 2022. Se convertirá en la primera mujer negra en ocupar el pabellón del país en el festival de arte más importante del mundo. “No hay mejor artista para nuestro tiempo”, dijo Jill Medvedow, directora del Instituto de Arte Contemporáneo de Boston, el museo que encargó el pabellón. Los expertos dan cuenta que esta inclusión modifica el relato del arte estadounidense. (Importa señalar, igualmente, que esa representación deviene luego del reconocimiento del establishment del arte).

Estas decisiones se asumen luego del derribo de estatuas que en sí, es también un poderoso símbolo del poder popular, de las acciones en las calles.

Derribar y erigir monumentos, un fenómeno que se desató luego del asesinato de George Floyd y que se extendió a Europa.

Pero además de la reivindicación de la comunidad afroamericana, otros artistas como Arjen van Lith tomaron una radicalizada posición: una estatua de la cabeza de Trump de casi dos metros de plástico ha ido colocando en contenedores de basura, cementerios de automóviles y depósitos de chatarra, “porque quería hacer una declaración política”, dijo. Una cabeza de tres milímetros de espesor plástico con un acabado de vinilo dorado metálico. El acabado dorado es una elección que refleja el gusto del presidente. “Le gustan las cosas brillantes y llamativas. Personalmente, creo que es de mal gusto, pero quería hacer la cabeza lo más trumpy posible”, dice Van Lith

Estilo arraigado

El neoclásico es un estilo arraigado entre los estadounidenses; muchos de los edificios gubernamentales en Washington lo representan. Desde mediados del siglo XVIII, la imitación de la antigüedad clásica se convirtió en el estilo de moda en todo el mundo occidental, tras el descubrimiento de ciudades como Pompeya y Herculano, enterradas por la erupción del Vesubio en el año 79 de esta era. En Estados Unidos, el neoclásico cobró una importancia especial.

La Universidad de Pensilvania se encuentra en una ciudad mayoritariamente negra y las grandes estatuas han proliferado, aunque estuvieron en una línea testimonial. En esta realidad, adoptaron un carácter reivindicativo, de lucha. “Realmente no hay representaciones públicas a gran escala de la historia de las mujeres negras o afroamericanas en el campus”, dijo Gwendolyn DuBois Shaw, profesora asociada de Historia del Arte de esa universidad.

La obra representa la cabeza de una mujer negra sobre una forma que sugiere una falda o quizás un edificio. “Brick House” es parte de una serie de Leigh que fusiona la forma humana con diversos elementos arquitectónicos. No hay que estar muy avisado para advertir que se examina la complicada historia de la identidad femenina negra en los Estados Unidos, incluidas las influencias africanas.

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