Una historia de amigos en el exilio

Secretos, recuerdos y conflictos en la diáspora.

15 Nov 2020
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ENTRE EXILIARSE O ANCLARSE EN CUBA. Padura convoca historias que se entrelazan y bifurcan, mostrando tanto los infortunios como las grandezas. TELAM

NOVELA

COMO POLVO EN EL VIENTO

LEONARDO PADURA 

(Tusquets - Buenos Aires)

El título de la novela remite a la canción de la banda Kansas -Polvo en el viento / Polvo somos y en polvo nos uniremos-. Anuncia la dispersión y la pérdida. Padura Fuentes apela al recurso de la comunidad fraternal presente en casi todas las novelas anteriores (como La novela de mi vida y las ficciones policiales de Mario Conde). Pero, sobre todo, en Regreso a Ítaca, guión de su película con Laurent Cantet. La narración fragmentaria juega con los tiempos, el pasado (1990, momento significativo de cierre del tiempo soviético que provoca sucesivas crisis) y 2016.

Aunque el escritor nunca se refiere al poder político de modo directo, ninguna acción está exenta del autoritarismo asfixiante y el fracaso. Los personajes, impactados por la crisis política y económica, ajenos ya a la “fantasía roja” revolucionaria, se debaten entre el exilio y la permanencia en la ciudad que aman.

Los sueños han sido arrasados por la catástrofe histórica. Las memorias han quedado ancladas a la gran casa de Clara en Fontanar, en La Habana, donde se afinca la historia de vida compartida. La mirada de los protagonistas es la de la generación nacida y criada con la revolución.

Como polvo en el viento es la historia de ese clan de sobrevivientes que han sido condenados a la diáspora en Barcelona, Estados Unidos, Madrid, Puerto Rico, Buenos Aires. Pero la amistad y el amor predominan sobre la desintegración. Cuba es “un país maldito y los cubanos su peor maldición”. Sin embargo, no pueden desprenderse de la isla. Como si lo que quedó de ellos en los otros -afectos y miedos- no desapareciera nunca.

El crimen es uno de los agujeros negros. Padura emplea los recursos de la novela policial y del relato de reconocimiento, uniendo hilos de distintos gestos narrativos. Muestra un “exilio eterno”, en las historias de Clara, Elisa, Bernardo, Darío, Irving, Horacio, Liuba y Fabio, Walter, Ramsés, Joel, Fabiola, Guesty, Marissa y Montse; todos personajes dañados por “los recuerdos o la nostalgia o la culpa. O el odio”. Manchados por la corrupción y el desengaño, pero, al mismo tiempo, ligados por la amistad.

Cruces y bifurcaciones

El modelo de la comedia humana es una constante en Padura, muy alejado del ideal de la “narración escuálida” de Salinger, preconizada por Conde.

En Como polvo en el viento se dan cita historias que se entrelazan y bifurcan, mostrando infortunios y grandezas: “es como si no existiéramos, es como si fuéramos fantasmas, o los invisibles… No estamos en la memoria de nadie y nadie está en la memoria de nosotros. Somos y a la vez no somos, y van a pasar una pila de años para que empecemos a ser algo más que espectros… acá no somos lo que allá éramos”. Por eso hay que recoger la memoria compartida.

Si Clara cuida y preside la vida del clan, Elisa, en cambio, es un personaje destructor. Los hijos realizarán sus propios trayectos para reconocerse y reconocer a sus padres. Clara -Santa Clara de los amigos- es el personaje más cercano al autor, la que se resiste a dejar Cuba y lucha contra la derrota. Hacia el final de la novela leemos: “Clara sintió cómo cada uno de esos jalones de su vida, muescas de su memoria, parecían llegarle de un sitio remoto en el tiempo e, incluso, en el espacio, como cifras de una vida extraviada”.

Cuando vuelve a la isla arroja las cenizas de Bernardo a la tierra y al agua, para compartirlas con la isla y el mundo.

Supervivencia y duelo

Rafael Rojas afirma que en la cultura cubana contemporánea “esa sensación de supervivencia y duelo es bastante nítida”. El duelo no lleva a la melancolía, sino a la memoria.

En el transcurso de la particular historia cubana los conceptos de patria y nación están unidos a sus variantes metafóricas: tierra, sangre y memoria. Padura los trabaja en una obra que, con moldes tradicionales, entrega una morada de voces, un entrecruzamiento de vidas.

© LA GACETA

Carmen Perilli

Perfil

Leonardo Padura nació en La Habana, en 1955. Es autor, entre otros libros, de Pasado perfecto; Vientos de cuaresma; Máscaras; Paisaje de otoño; Adiós, Hemingway; La neblina del ayer; La cola de la serpiente; La transparencia del tiempo y Como polvo en el viento. También es autor de La novela de mi vida, El hombre que amaba a los perros y Herejes. En 2015 recibió el Premio Princesa de Asturias de las Letras por el conjunto de su obra.

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