COMPROBADO. El alumbrado público no es la mayor fuente de polución.

La luz que procede de la iluminación artificial nocturna de zonas urbanas apenas representa un 20% del conjunto de contaminación lumínica de las ciudades.
Para llegar a esta conclusión -según informa la agencia Europa Press- un equipo de científicos empleó la tecnología de iluminación de “ciudad inteligente” en la Tucson, Arizona, Estados Unidos. Esta tecnología permite a las ciudades que atenúen sus luces.
El experimento que llevó a cabo el equipo consistió en cambiar el brillo de las farolas y observar cómo este cambio modificaba el brillo de la ciudad que se observa desde el espacio.
El experimento fue dirigido por el doctor Christopher Kyba, del Centro Alemán de Investigación de Geociencias. “Cuando se instalan sensores y sistemas de control en toda una ciudad, es posible realizar un cambio en el funcionamiento de la urbe y luego medir el impacto que ese cambio tiene en el medio ambiente, incluso desde el espacio exterior”, explicó.
Para poner en práctica el experimento se cambio la configuración de brillo de 14.000 de las 19.500 farolas de la ciudad. De este modo, se atenuaron las luces hasta el 30% algunas noches y se las iluminó hasta el 100% otras.
Mientras tanto, las luces de la ciudad eran observadas por el satélite Suomi National Polar-orbiting Partnership, operado por Estados Unidos, y que es famoso por confeccionar mapas globales de luz nocturna.
El satélite tomó imágenes de Tucson sin nubes durante cuatro noches durante la prueba, y otras dos noches con iluminación regular después de la prueba. Al comparar el brillo de la ciudad en las seis noches diferentes, los investigadores encontraron que en una noche normal, sólo alrededor del 20% de la luz en las imágenes de satélite de Tucson proviene de las farolas.
Implicaciones
Los resultados tienen importantes implicaciones para la sostenibilidad. “Tomados en conjunto, estos estudios muestran que en una ciudad con farolas bien diseñadas, la mayoría de las emisiones de luz y la contaminación lumínica provienen de otras luces”, explica el doctor John Barentine.
Estas otras fuentes de luz son las vidrieras brillantes de los comercios, los carteles luminosos, las fachadas iluminadas, o los campos de deporte. Los investigadores dicen que, por lo tanto, los gobiernos deben pensar en algo más que el alumbrado público cuando intentan reducir la contaminación lumínica. Agregan que la diferencia en el brillo del alumbrado público en las diferentes noches es apenas perceptible para la gente en la calle, ya que nuestros ojos se adaptan rápidamente a los niveles de luz.







