
El confinamiento es difícil para los niños y adolescentes. Tantos meses sin poder hacer cosas que antes solía hacer con amigos, como jugar en un parque, en una plaza provocan alteraciones en las emociones, entre otras consecuencias.
Los expertos advirtieron sobre los cambios de conducta de los niños. La psiquiatra infanto-juvenil del hospital Obarrio, doctora Abigail Grosvald, remarcó en la importancia de crear espacios lúdicos para los chicos, como así también concurrir a la terapia ante ciertos síntomas.
El asilamiento social
“Con la cuarentena hubo un cambio de rutina bastante brusco en ciertos pacientes -dijo la médica-, algunos se pudieron adaptar bastante bien en los primeros meses pero últimamente comenzaron a presentar alteraciones en las emociones, en la conducta, sintiendo la falta de las actividades y debido al aislamiento social”, resaltó.
Esto -agregó- puede estar relacionado al contacto que tienen los niños con sus pares, algo que algunos pueden hacer y otros no. “Se observa una alteración a nivel emocional, los chicos comienzan a sentirse tristes o desmotivados, pierden las ganas de hacer las tareas -explicó Grosvald-. Habitualmente cuando llega fin de año, suelen estar cansados, pero ahora además están cansados de la virtualidad. Entonces surgen síntomas de diferentes tipos, algunos en lo conductual (momentos de agresividad, llanto, angustia, ansiedad). Hay chicos que tienen hiperactividad y necesitan la descarga de energía pero no pueden ir al club, no pueden hacer deportes ni otras actividades. Comienzan con estos problemas conductuales, con ansiedad, y los padres no saben qué hacer”, detalló.
Otros cambios
Por otra parte, pueden presentar alteraciones en el sueño: se levantan tarde, no duermen bien por la noche, existe un trastorno de insomnio. “Ha pasado que niños que no tenían ninguna sintomatología, totalmente sanos, presentaron casos de angustia severa como hiperagudas, que quizás no estando en la pandemia, no se hubiera precipitado -afirmó-. Estar todo el tiempo en casa, cambiar la rutina, llevó a que se desencadenaran esas cosas que estaban latentes y ha producido cuadros de ansiedad aguda con necesidad de ayuda psicológica y medicación, de acuerdo a la crisis”, aseguró.
En cuanto a los adolescentes, Grosvald, sugirió poner en práctica el encuentro con los padres, donde pueden hablar un poco más abiertos: “Quizás antes no estaba tan presente el tiempo, y ahora pueden hablar de situaciones pasadas como un abuso sexual de un adulto a un menor -precisó-, se empiezan a abordar temas que son necesarios. Hay que acompañar también a la familia del paciente”, dijo.
En la guardia, donde se desempeña la doctora, tuvieron casos de pacientes con brotes psicóticos, chicos que quizás tenían alguna característica sospechosa, pero se produjeron delirios y alucinaciones. Los profesionales actuaron de inmediato para atenderlos de manera urgente.
¿Cómo actuar ante esta situación?
“Hay que orientar a los padres, ellos deben conocer sus límites y si necesitan ayuda, solicitarla. En cuanto a los niños trabajar en espacios de dispersión, juegos, momentos de salir al aire libre, caminar o andar en bicicleta; por supuesto con todos los resguardos que debemos tener por la pandemia”, resalta la especialista.
Compartir espacios, de ser posible, como piletas o juegos al aire libre para que los chicos puedan descargar allí sus energías. En cuanto a la tarea de la escuela, advierte que hay chicos que tuvieron mucha exigencia durante todo este tiempo y hay algunos que no; a los primeros sería aconsejable bajar un poco esa exigencia hasta que mejore el cuadro clínico, es decir la ansiedad o lo que fuera que esté transitando.
Las recomendaciones
“Organizar los horarios del sueño, alimentación, estudios, tratar de mantener una cierta rutina. Eso les da seguridad a los niños -remarcó-. Es una contención. Si se puede compartir con pares, cuando sabemos que no hay riesgo de contagio de coronavirus, ayuda”, afirmó.







