CAMBIO. Luna Marini comenzó siendo vegetariana y ahora ya es vegana.

Tras ver muchos documentales e informarse sobre los efectos negativos de la carne animal en la salud y el medio ambiente, Sofía Berrerta (19 años), decidió hacerse vegetariana. “Al principio me lo propuse por un año; no pensé que me iba a durar tanto. Estoy contenta, me noto mucho mejor. Nunca me sentí débil o con menos energía. Me hice análisis de sangre y salieron muy bien”, cuenta. “En mi casa me apoyaron desde un primer momento porque entendieron mis razones”, agrega la joven. Si bien nunca fue a un nutricionista, cuenta que leyó y se informó mucho sobre cómo reemplazar la carne con los nutrientes adecuados que su cuerpo necesita.
Conocer cómo funciona la industria alimentaria es lo que llevó a Solana Flores Heredia (17) a cambiar lo que había en sus platos. “Empecé a informarme qué es lo que comía y como era su proceso y así decidí dejar de ingerir carnes. Me alegra saber que mientras la gente se va sumando a esto, hay menos explotación animal y cuidamos más nuestro medio ambiente. Por suerte en mi casa siempre fueron de apoyarme en todas las decisiones. Sí les costó acostumbrarse. De hecho, varias veces me sirvieron carne con ensalada por error. Si bien no fui a un nutricionista, sí me informé muchísimo sobre las legumbres y me puse a investigar qué podría tomar para que mis defensas no bajen”, explica.
Luna Marini, de 17 años, empezó a cambiar a los 15. Primero fue vegetariana y desde hace unos meses ya es vegana. El veganismo, según sostiene, implica una filosofía de vida que, al combatir el maltrato animal, trasciende los alimentos. Por ejemplo, ella tampoco usa ropa de cuero ni visitan zoológicos o hipódromos, donde se lucra con los animales.
“Empecé a leer sobre todo el impacto ambiental que tenía la industria cárnica, una de las más contaminantes, y eso me dejó helada. Yo no apoyo la explotación de otro ser vivo”, resalta. Y dice que su cuerpo y su mente se lo agradecen. “Me siento mucho mejor. Ves las cosas desde otro nivel: ya no te importa cuántas calorías tiene lo que comés sino saber si otro ser vivo sufrió o no para llegar a tu plato”, evalúa.
Luna nunca fue al nutricionista. Pero admite que eso está mal. “Alguien tiene que guiarte, sobre todo porque dejás de ingerir vitamina B 12 y es muy necesaria. Recomiendo buscar ayuda de profesionales que sepan y apoyen el veganismo”, concluye.
Otros testimonios
Gloria La Bruna siempre tuvo en claro que si su hija iba a dejar las carnes sería con la condición de ir a un médico. “El paso fue lento y muy bien cuidado. La endocrinóloga y el nutricionista le hacían el seguimiento y la controlaban con análisis”, cuenta. Micaela le hizo el planteo el año pasado, cuando tenía 17 años. “Cambie mi alimentación después de informarme sobre la realidad de los alimentos que antes consumía; no sólo para ayudar a que la demanda de carne descienda, sino también porque le agarré cierto desprecio; dejé de encontrarle sentido a comer algo que tenía tantas cosas malas por detrás”, expresa la joven, en referencia a lo que sufren los animales.
“No me costó dejar la carne. Además, me noto más abierta a opciones diversas de comidas que antes no conocía y me gustan mucho. Un nutricionista me ayudó a entender cómo asegurarme de consumir hierro y proteínas”, cuenta.
Para Guadalupe Belli (18), la transformación empezó cuando sintió que a su organismo le costaba mucho procesar las carnes. “Si no comía carnes, me sentía mucho más liviana. Necesitaba un cambio y la verdad estoy mucho mejor. En casa al principio fue como una molestia, así que tuve que aprender a ser mi propia comida. Y a las reuniones familiares siempre iba con mis preparaciones. En un momento me sentí muy cansada y por eso busqué la ayuda de un nutricionista, porque además como no sabía bien qué opciones podía comer pasaba horas sin consumir nada. Ahora estoy muy bien”, resume.








