“OBSESIONADOS POR EL APOCALIPSIS”. Intervención sobre el paisaje.
En las fotografías de las redes sociales puede verse a Marisa Rossini en un festival de cine en Nueva York, en los subtes de México; en las bienales de San Pablo (Brasil), en Chile y en ferias argentinas como arteBA. Antes, en Bélgica, estudiando en la Academia Real de Bellas Artes.
Si a ello se suma su profesión de docente, investigadora categorizada y militante política y gremial (en diferentes momentos) y madre de dos hijas, se podrá tener en cuenta el esfuerzo que realiza. Es una de la responsables, además, del Simposio de Arte Impreso de la UNT. Por si fuera poco, instaló el año pasado una residencia rural para artistas en la ruta camino a Raco, asumiendo a pleno la gestión.
Realizó exposiciones en distintas provincias, Bélgica, Francia, Chile, Austria, México, Inglaterra, Estados Unidos, Japón, Australia y España. Participó en más de 100 exposiciones y 30 salones. La pandemia no influyó negativamente en su producción: “ahora se puso de manifiesto que sobrevivir en épocas de crisis implica acercarnos al arte de muchas maneras”, reflexiona durante la entrevista con este columnista.
- Venís trabajando desde hace 30 años ¿ Lo gráfico es lo tuyo?
- Desde muy joven me encontré con la gráfica. Aún cuando no había egresado de la Facultad de Artes y estuve dos años en Bélgica, trabajé técnicas de grabado tradicional en la Real Academia de ese país, me especialicé en grabado sobre cobre y piedra. El estudio y la militancia política me hicieron comprometer con el grabado y comprender lo importante de la multiejemplaridad, en función a los movimientos de cambio social. Esto fue por 1993. Ya desde los 16 años trabajaba técnicas de pintura en un taller particular. La gráfica me hizo entrar en contacto con el Libro de Artista, la Poesía Visual, para luego conectarme con el mundo editorial donde la publicación-especialmente la del fanzine-, implica asumir la misión de brindar opciones ante la uniformidad de ofertas de grupos hegemónicos. El fanzine es una forma económica y fácil de acceder a la reproducción de una idea, que puede ser artesanal. Tampoco creo que la técnica o la división en especialidades sean lo más importante, éstas son sólo un medio para transmitir una idea. Mi temática tampoco es lineal y depende de lo que me toca vivir. El año pasado reflexionaba sobre una selección de piezas de la colección del Museo Casa Padilla donde realicé una serie de grabados a través de los cuales propuse un análisis acerca de los criterios de conservación, documentación e interpretación de los bienes culturales. Este año, me puse a trabajar con Luda Lab (Laboratorio de Artes Electrónicas y Digitales), sobre la confección de matrices para grabado con impresión y el escaneo 3D del monte tucumano - en “La Residencia La Rural”, lugar ideal para realizar el aislamiento que necesita el momento por el que transitamos. Las imágenes surgidas de la experiencia inspiraron mi nueva serie.
- Se ve que siempre estás en una u otra exposición...
- En lo particular opino que uno no aprende viendo, sino viviendo. Cuando me desplazo a un sitio, trato de conectarme con personas del lugar para conocer algo más que una capa superficial de lo que sucede. Un ejemplo de eso es que cuando me mudé a Chile mi intención fue estar en contacto con la naturaleza, más específicamente con el mar y literalmente residía frente a la playa, por la ventana del cuarto entraba su olor, la brisa y las paredes del mismo se estremecían cuando las olas chocaban entre sí. Ahí conocí lo que era una zona franca y la actividad que se desarrolla en torno a ese tipo de economía: me metí a los galpones donde llegaba la mercadería, visite donde clasificaban el cargamento de los barcos y vi cómo se manejaban los sistemas de los mercados populares.








