Cartas de lectores - LA GACETA Tucumán

Cartas de lectores

28 Oct 2020 Por LA GACETA

Los costos de la cuarentena

Cuando llegó la pandemia de covid-19, una de las primeras decisiones que se tomaron en muchos de los países afectados fue cerrar las escuelas y elaborar planes de aprendizaje a distancia, acorde a sus posibilidades. Las razones esgrimidas fueron: proteger la salud de los niños, de sus familiares y maestros y resultaron mayoritariamente acompañadas por la sociedad. Sin embargo, otros importantes aspectos fueron subvalorados. Así, este método, un complemento y no un sustituto de la educación presencial, para el cual no todos los docentes y mucho menos los estudiantes y sus familias estaban preparados, mostró sus dificultades. Al prolongarse demasiado la cuarentena se volvió la tormenta perfecta que transformó a los chicos y chicas en las “víctimas invisibles del coronavirus” según Unicef argentina, porque “no solo está en riesgo su salud sino también su educación, su alimentación, sus rutinas y la exposición a situaciones de violencia y abuso”. De esto último fuimos testigos los tucumanos recientemente. Hasta los niños de mayores recursos, que mejor se adaptaron, expresaron problemas socioemocionales al perder la experiencia social que ofrece la educación en la escuela, pero fueron los de menores recursos los grandes perdedores, porque ellos y/o sus familias no pudieron acompañar estos cambios. Debido a la fragilidad de su inclusión en el sistema, muchos se caerían. El Banco Mundial estimó que siete a 10 millones de niños en el mundo terminarán abandonando el sistema por completo, que reinsertarlos es tremendamente difícil y esto traería inevitablemente costos económicos a largo plazo. John Kenneth Galbraith, asesor del presidente Franklin D. Roosevelt, llamaba a la educación “la escalera de ascenso de las clases sociales”. Para muchos, esa escalera se rompió. Se ha repetido hasta el hartazgo que los recursos más preciados de los países son sus recursos humanos. “Asistir a la escuela es fundamental para los niños más vulnerables”, dijo J. Mortensen, líder educativo de Dinamarca, reclamando la reapertura. Jaime Saavedra, economista, ex ministro de Educación de Perú, ex funcionario del BID y actual líder de la educación del Banco Mundial, expresó: “Ya vivíamos en un mundo donde la desigualdad de oportunidades era intolerable. Las escuelas siempre han desempeñado un papel importante en la reducción de la desigualdad de oportunidades”. En tiempos donde lo único cierto es la incertidumbre, abogo por la reapertura de las escuelas donde sea posible, aún acotada, aún temporaria y mejorar lo que se pueda la educación a distancia donde no lo sea. Al decir de Jaime Saavedra, el objetivo es no “perder” una generación de estudiantes y evitar que los ya intolerables niveles de desigualdad se incrementen aún más.

Nora Vázquez de Argiró

Las Rosas 99 - Yerba Buena


Pandemia social

Según publicaciones basadas en algunos analistas independientes, somos uno de los tres países de Latinoamérica con mayor corrupción, protegida bajo la vergonzosa alfombra cómplice de la impunidad, que es la corrupción en los poderes públicos y una clase acomodada. Impunidad significa sencillamente que los delitos cometidos por funcionarios, familiares, amigos y algunos empresarios, no son sancionados, pues en buena medida es generada y amparada por la corrupción de distintos agentes involucrados en los poderes (Ejecutivo, Legislativo, Judicial, fuerzas de seguridad, dirigentes, etcétera); la ineficacia de algunos jueces y la violación de los derechos de las personas permite suponer un grado importante de corrupción. Quizás esto justifique el bajísimo nivel de desconfianza que la sociedad tiene en las instituciones y en los cuerpos de seguridad, enfrentándose en la actualidad “al mayor descrédito popular de la historia”, siendo los mecanismos para sancionar el creciente delito de los funcionarios que hayan incurrido en actos de corrupción. Basta recordar que un juicio de corrupción por el delito de soborno, de tráfico de armas, duró más de 12 años, quedando luego los acusados libres. Nunca antes existió en la historia de nuestro país, en democracia, una concentración de poder económico del Ejecutivo como la actual, en menoscabo de las provincias, muchas de ellas administradas por personajes que por puras conveniencias personales, nada patrióticas, se someten a los caprichos del ejecutivo de turno. El sistema de valores democráticos no está integrado al modelo ansiado. Hay que cortar de raíz la violencia y encarcelar a los salvajes que cometen actos aberrantes contra la sociedad sin quedarse en la superficie de los hechos. Hoy existe una muy alta brecha distributiva entre una minoría rica, a la que se le sumaron “nuevos beneficiarios”, aumentando la grieta entre la clase media y el porcentaje de pobres e indigentes. La prepotencia y la intolerancia que se detectan en el lenguaje de algunos funcionarios, y la ineficacia, crean incertidumbre y desconfianza en el pueblo, que necesita dirigentes honestos y probos que garanticen la unidad nacional, la paz y la justicia social, y que tengan la voluntad real de poder y espíritu de patria. Los dirigentes deben ser conscientes de sus responsabilidades para que nuestra democracia no se convierta en libertinaje y nuestra sociedad no perezca tras la decadencia moral.

Pablo José Giunta

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Alba Omil

“Quisiera en estas breves líneas, rendir un sencillo homenaje a la memoria de la profesora Alba Omil, recientemente fallecida. Prestigiosa escritora, que llevó a las letras tucumanas a los más altos estrados de la provincia, de la nación y del extranjero. Tuve el honor de ser su amiga y acompañarla durante casi 40 años en la mayoría de los libros que presentó de su autoría, de Ediciones del Rectorado, de donde fuera su directora de lujo y también de su propia editorial. Aprendí mucho a su lado. Daba gusto escuchar sus justas palabras en las presentaciones de los libros; mencionaba detalles exquisitos que quizás sin su advertencia ni los hubiéramos notado. En la dedicatoria de sus libros, en el caso mío, ponía dos o tres palabras, pero de tanta profundidad que me llenaban el alma. La extrañaré mucho, mi querida Alba, y le agradezco haberme permitido estar tanto tiempo a su lado, lo que me posibilitó aprender mucho. Deja a su hijo Lucio, que también manejaba la editorial con usted y conoce el oficio, que no dudo será su fiel reflejo en el manejo de la misma. Hasta siempre, querida amiga.

Constanza M. Terán de Colombres

25 de Mayo 950 - San Miguel de Tucumán


Usurpaciones

¿Cuál es la necesidad de usurpar tierra con dueño? En Argentina y esto es de Pero Grullo, si hay algo de lo que se puede disponer sin mengua u ofensa alguna, es tierra. Además, nuestra cultura política –entendida como organización de la convivencia social- ha dejado huellas muy fáciles de seguir, desde la Constitución Nacional hasta leyes y ordenanzas vigentes en todo el país. Por ejemplo, el término “utilidad pública” es de uso consuetudinario a la fecha y abre el camino a las expropiaciones, también reglamentadas por leyes generales y aún particulares y referidas a cada caso, y consecuentemente, oportunas y justificadas. Obviamente, que el derecho de propiedad en los casos en que existan dueños, prevalece siempre en estos trámites y se compensa siempre con las consabidas indemnizaciones y a mayor abundamiento, en dos pasos, primero el administrativo y de no estar de acuerdo el sujeto expropiado, el judicial. En una circunstancia extrema, incluso la ley que dispone la expropiación puede ser recurrida por ante los Tribunales tachada de inconstitucional por causas varias, con lo cual se multiplican los filtros legales para que el cambio de dominio se legitime dentro de un armonioso marco legal. Con todas estas posibilidades a disposición, reiteramos… ¿Cuál es la necesidad de usurpar terrenos con dueño? Hoy un agorero me dijo ¿no te das cuenta? El objetivo es abolir la propiedad privada. No le creí, pero me dejó pensando.

José Risso

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Cambio climático

Con respecto a vuestro informe sobre los desastres climáticos que se vienen todos sabemos que provienen por el hecho de ser muchos habitantes en el planeta. O sea por la explosión demográfica. Pongo algunos datos. Se estima que en el año 1 de nuestra era habitaban la Tierra unos 200 millones de seres humanos. Por el año 1800 éramos casi 1.000 millones; al 26/10/20 www.worldometers.info/es nos indica que somos unos 7.820 millones. Y seguimos aumentando dramáticamente: en lo que va del año nos acrecentamos en 66 millones (que es la diferencia entre 114 millones de nacimientos y 48 millones de fallecimientos). Esto obliga al incremento de todo lo que el hombre produce: multiplicación de viviendas, maquinarias civiles y militares, superestructuras y vehículos de todo tipo, vestimentas, alimentos, etc. Y de esta manera vamos destruyendo, agotando y contaminando la naturaleza en general. ¿Hasta cuándo soportará la Tierra esta progresiva descompensación y destrucción? Es de suponer que habría mucha menos dificultades climáticas en el planeta –tal vez ninguna- si los humanos fuéramos menos. Creo que es hora que los gobernantes busquen la solución para frenar este crecimiento que hasta ahora es imparable.

Juan Rosselló

Cornelio Saavedra 1.630 - San Miguel de Tucumán


Necesidad de arbolado urbano

Deseo adherirme y enfatizar lo expresado por los lectores Roncedo (en dos oportunidades) y Barrionuevo en esta sección, con referencia a la dramática carencia de ejemplares arbóreos en el ámbito de la ciudad, sus consecuencias nefastas para el medio ambiente y el bienestar social y los beneficios innegables de una conciencia mínima forestadora por parte de la autoridad. Los lectores mencionados han sido harto claros con sus consideraciones y argumentos, por lo que no voy a reiterar los mismos. Solo deseo reforzar las ideas de que un adecuado arbolado urbano mitiga las altas temperaturas que se producen varios meses al año, en razón de la considerable masa de cemento y asfalto de edificios y calles que se concentra, sobre todo en el microcentro; contribuye al rendimiento de los aparatos acondicionadores de aire aliviando la carga al sistema de energía con la ventaja consecuente de disminuir sus colapsos. Todo tucumano padece la experiencia de caminar por las veredas castigadas sin clemencia por el sol del verano, generando una insoportable sensación de opresión y malestar; un buen arbolado urbano contribuye, sin olvidar la múltiple crisis que nos afecta a todos, a atenuar con su reparadora sombra nuestros vapuleados ánimos.

Fernando Padilla

Corrientes 490 - San Miguel de Tucumán

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