La pospandemia vendrá con cambios de costumbres

Psicólogos entienden que será complejo el proceso desde las conductas. “No será una puerta que se abre”, dicen.

22 Oct 2020 Por Juan Manuel Montero
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NUEVO ACCESORIO. El barbijo se volverá indispensable. ARCHIVO LA GACETA / FOTO DE ANALÍA JARAMILLO

Ya nada será igual. En el futuro cercano al menos. Muchas de nuestras costumbres sociales se vieron modificadas con la pandemia de coronavirus y si alguien cree que la cura, de la mano de una vacuna, permitiría volver a la normalidad que vivimos por ejemplo durante 2019, se equivoca. La cuarentena y las advertencias sanitarias nos han ido modificando y hasta en forma imperceptible cambió nuestros modos. ¿Se dio cuenta de que, por ejemplo, uno no puede pararse es una esquina a esperar el semáforo para poder cruzar sin mirar a los que están alrededor para ver si tienen barbijo? O hasta el común gesto del saludo ahora nos pone incómodos. ¿Cuántas veces al ver a un amigo, a un familiar, a un compañero, nos acercamos con la intención de un abrazo, de una palmada, de un apretón de manos al menos y quedamos a medio camino con esa cosa antinatural de chocar codos o puños? Ya nada será igual, y deberemos acostumbrarnos por la fuerza. Y así lo dicen los expertos en salud mental. Nuestra cabeza ya es otra.

“Estamos viendo muchas patologías entre los pacientes. Son reacciones esperables pero como el tiempo se va a alargando y esto no pasa, hay cada vez más. Va a haber trastornos. Las mujeres están estresadas con el teletrabajo y las escuelas, haciendo de maestras, de docentes. Se perdió el espacio de privacidad, todo el tiempo están haciendo cosas, incluso las que trabajan afuera, que deben dejar los niños al cuidado de alguien. Las relaciones de pareja se están resintiendo”, explica la licenciada Paola Brito, miembro de Psicólogos sin Fronteras.

El presidente del Colegio de Psicólogos de Tucumán, Roberto González Marchetti, afirma que la llegada de las fiestas de fin de año también será un punto de inflexión. “Existe la fantasía de la celebración, de recibir el nuevo año con expectativas de nuevos proyectos o agradecimientos, pero la mayoría no lo va a vivir así. Hay muchísimas pérdidas de vínculos y de vidas. Muchos se aferran a poder tener encuentros sociales permitidos, y están los que lo van haciendo lo hacen en forma clandestina”, indica.

La doctora en psicología Gabriela Abad también da su punto de vista. “No imaginemos que salir de la pandemia será como una puerta que se abre, sino un proceso de cambio de costumbres arraigadas. Pensar en pos pandemia resulta muy complejo cuando estamos todavía sumergidos en ella, y hasta podría resultar irresponsable plantear escenarios posibles, cuando todavía no logramos elaborar el presente”, opina.

Brito advierte que “desde Psicólogos sin fronteras pensamos estrategias para cuando se agote el aislamiento y se retomen actividades. No creemos que la escuela retome en marzo, excepto tal vez los que terminan etapas. La incertidumbre es enorme. Muchos tienen miedo a contagiarse o a morirse y muchos siguen haciendo su vida lo más normal que se pueda, pero otros tienen pánico, aunque no salgan, tienen miedo a contagiarse. A todos nos afecta de manera diferente, hay mucha ansiedad. Incluso el hecho de no poder despedirnos de nuestros muertos es un obstáculo para nuestros duelos que nos modifica”.

Y ¿en qué aspectos se modificaron más nuestras costumbres? González Marchetti responde: “aumentó la sensibilidad, con una gran movilización de las emociones. Estamos con una población depresiva, las fiestas van a estar basadas en la esperanza, pero si seguimos con tantas restricciones los síntomas depresivos se van a agudizar, hay que pensar la salud como algo integral, física y mental”

Abad sostiene que “es difícil siquiera permitirse pensar cómo será la salida. Hasta hace poco, algunos pensaban que contagiarse los libraba de la cuarentena y ahora resulta que la ansiada inmunidad dura poquísimo. Otros cifraban esperanzas en la vacuna, que cada día se aleja más en el horizonte. Por lo tanto, lo más sabio es comenzar a pensarnos con algunas prácticas distintas. Primero ir incorporando conductas sanitarias mucho más cuidadosas, incluso en la privacidad de nuestro hogar. Ir tramando nuevas formas de divertirnos, dado que nuestros lazos y reuniones tomarán otras formas, menos multitudinarias, con ciertas precauciones que antes no teníamos, porque será de estos cuidados de los que va a depender nuestro futuro por un tiempo prolongado”. “Las escuelas y universidades implementarán nuevas formas en la que conviven virtualidad y presencia. Las vacaciones y las fiestas podremos disfrutarlas de una manera distinta, más acotada, pero sí es necesario y hasta imprescindible, ir inventando formas, que sin exponernos, nos permitan algunos encuentros”, explica.

Brito sostiene que para esta época del año siempre se piensa en las fiestas, sea un año normal o 2020. “Son fechas que nos marcan mucho, es el final de una etapa y el inicio de otro. Algunos van a respetar el aislamiento y otros no. Es un momento para tener esperanzas, que nos mueve como seres humanos. Debemos tener la certeza de que todos los días va a salir el sol, pero con todo esto tomamos conciencia de nuestra finitud, de la caducidad de nuestro cuerpo. Como ahora estamos viendo pérdidas en todo momento, hay quienes ahora valoran la vida de otra manera”, explica.

Abad, en tanto, no cree que suceda lo que fantaseamos al inicio de la cuarentena, que un día todo esté abierto, sin restricciones ni protocolos. “Esto será un largo proceso. Mientras tanto, que la inventiva nos acompañe para ir diseñando modos que permitan salir de la endogamia de los hogares, cuestión que a muchos los tiene agobiados. Pero ojo, salir no es necesariamente algo físico, hay diferentes modos de salida. También salir con los cuerpos, pero incorporando cambios en los rituales cotidianos”, agregó.

Según el presidente del Colegio de Psicólogos, “cuando las personas están desbordadas emocionalmente transgreden las normas. Hay un aumento de la irritabilidad en los vínculos interpersonales. Hay que tener acciones sobre la salud mental, uno no está acostumbrado a estar todo el tiempo junto, la privacidad ahora es compartida. El enojo aparece cuando no sabemos resolver un problema. Hoy hay un alto nivel de hartazgo, y para peor no se ve un liderazgo fuerte, alguien que nos tranquilice. Por eso, repito, hay que atender la salud mental y las estrategias del gobierno debieran entenderlas”.

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