Sin párrafos finales…

Por Honoria Zelaya de Nader - doctora en Letras.

19 Octubre 2020

Sobre mi escritorio tengo una foto tomada en 1985. En ella está Alba Omil durante el acto de presentación de mi primer libro de cuentos: Un huevo… es una sorpresa. De pronto, siento que una brisa amiga me abraza y me dice al oído: - Alba está muy enferma. ¿Oramos? Tras elevar plegarias al Altísimo, abro las páginas del referido libro y con renovado fervor releo aquella dedicatoria impresa hace más de tres décadas: “a mi señorita Alba Omil”.

Desde aquellas horas ha corrido mucha agua bajo el puente. No obstante, siento que Alba Omil ha sido, es y seguirá siendo, mi “señorita” -lexema metafórico con el que intento expresar mi gratitud, consciente de que un nombre no satisface plenamente la pregunta de quienes somos, si no incluimos en la respuesta nuestra historia con los otros. No en vano en este instante la escucho decir con nitidez: es importante que los niños y los adolescentes lean libros de autores argentinos, allí se familiarizarán con el idioma y con una manera de ser que va creando los cimientos de la conciencia nacional y que, en definitiva, representa una barrera para la entrada de ideologías extrañas. A veces le damos excesiva importancia a lo que viene de afuera, y no miramos lo que tenemos cerca. En esos libros argentinos (sin desechar, por supuesto. La magia y el atractivo de los libros de países extraños y maravillosos) el niño se encuentra con un ambiente que le es familiar y empieza a conocer a nuestros narradores, a nuestros poetas. La poesía es no sólo un factor estimulante del gusto por la belleza, sino también un elemento enriquecedor del alma y de la mente.

Regreso del ayer y me interrumpen nuevamente. Esta vez son las alas de un colibrí lector quien me ha escrito en un rayo de sol: ¿No te parece que también sería bueno espejar aspectos de su vida?

Menuda tarea, respondo. Reseñar la vida y la obra de Alba Omil escapa a los límites de este encuentro. No, no es posible abordar ni someramente, su labor de creadora, investigadora, docente, editora, colaboradora en Páginas Literarias, directora de la Revista Sur (1981-1982), sus numerosas distinciones, todas y cada una de sus publicaciones, pero sí lo es, el subrayar con mayúsculas los símbolos nucleares que respaldan su obra: la búsqueda de lo absoluto…

Pero no puedo continuar. No sin asombro advierto que las alas de mi amigo colibrí se agitan, y esta vez escriben: ¡Gracias, Alba Omil!

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