Despiden a un destacado escribano y “amigazo”, Héctor “Bombero” Colombres

Directivo del Colegio de Escribanos, la Sociedad Rural y la comisión vecinal de Raco. Tenía 68 años.

FIGURA ENTRAÑABLE. Héctor Colombres deja un vacío entre sus amistades. FIGURA ENTRAÑABLE. Héctor Colombres deja un vacío entre sus amistades.
04 Octubre 2020

Muchos recordarán a Héctor Antonio Colombres por su destacada trayectoria como escribano, otros por su sensibilidad para resolver los problemas del campo, especialmente si se trataba de su amado Raco, donde tenía casa y disfrutaba desde su niñez. Pero la mayoría lo tendrá presente por su rápida reacción frente a los problemas de los demás, generoso con sus conocimientos, ágil con sus respuestas para dar solución a quien estuviera en apuros. Así era el “Bombero”, nunca mejor puesto el apodo que llevaba desde que era niño, cuando su madre, Raquel Mónica Teresita Viaña, lo vestía con una gorra colorada. Su padre se llamaba igual que él, Héctor Colombres.

A los 68 años, después de una vida llena de amigos y de una familia muy unida, que fundó junto a Beatriz S. López Domínguez, Héctor falleció de una rápida enfermedad. Sus hijos Raquel, Héctor y Beatriz le habían dado 13 nietos: cuatro mujeres Bernasconi Colombres, uno Colombres Martínez, tres Colombres Stephan y cinco Terán Colombres.

En el plano profesional, este tucumano fue productor ganadero y desarrolló una importante labor en bien de su sector. Fue impulsor de la ganadería en el norte de Tucumán, a través de distintas acciones que él llevaba a cabo por sus múltiples y diversos contactos.

Por ser un gran conocedor del sentir y los problemas del campo, fue elegido varias veces en distintas comisiones directivas de la Sociedad Rural. Fue también encargado del Registro de Créditos Prendarios de la Nación, además de miembro activo del Colegio de Escribanos de Tucumán, donde fue tesorero en dos oportunidades. El presidente de este cuerpo, Marco Padilla (h), lo recuerda como un destacado profesional, que disfrutaba de la vida, de los amigos y de la familia. “Era muy bromista y desde chico se destacó en todos los grupos que integró”, sostuvo.

“Su trato prolijo, amable y comprensivo, su picardía elegante, su gran generosidad y la gran confianza que ofrecía convertían cualquier trámite en un requisito agradable. A propios y ajenos les dispensaba igual atención y consideración. Activo y decidido, no dudaba de acudir en auxilio de cualquier persona”, lo recuerda Luciana Colombres.

“Era un adulto pero conservaba su corazón de niño, tenía el arte de solucionar los problemas y te hacía ver el otro lado de las cosas”, lo describe Adela Cassone. Federico Colombres lo define así: “tenía esa forma de humildad que sólo los grandes tienen. Siempre te hacía sentir grande y él se achicaba. Tenía tiempo para escuchar, disposición para ayudar y energías para servir”.

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