El estrés de la pandemia puede llegar a partirte una muela

Consejos de dos especialistas para prevenir lesiones y dolores en la dentadura.

30 Sep 2020 Por Claudia Nicolini
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BRUXISMO. Es el acto de apretar y rechinar no funcionalmente los dientes.

“El miedo, la preocupación y el estrés son respuestas normales en momentos en los que nos enfrentamos a la incertidumbre... Así que es normal y comprensible que la gente experimente estos sentimientos en el contexto de la pandemia”, destaca la OMS en la apertura de su sitio sobre salud mental y covid-19. Claro que el hecho de que el estrés sea una respuesta “normal” no quita sus consecuencias, muchas de las cuales pueden pegarle fuerte al cuerpo: por ejemplo, incrementar desde los índices de obesidad hasta la de la cantidad de cigarrillos diarios... Pero, ¿se te había ocurrido que el estrés puede partirte una muela?

“Cuando salimos del aislamiento y pude volver a atender pacientes mis colegas me derivaron constantemente casos de personas con muchísimo dolor muscular y articular por bruxismo, y varias fracturas dentarias”, cuenta Eleonora Raiden, jefe de trabajos de la Cátedra de Oclusión de la Facultad de Odontología de la UNT, y coordinadora del Centro de Estudio y Tratamiento de Trastornos Temporomandibulares y Bruxismo-. Muchos de esos pacientes son madres, que están viviendo la pandemia con gran sobrecarga”.

Y el problema tiene escala internacional, al punto de que el New York Times tituló “La epidemia de los dientes rotos” un artículo escrito por Tammy Chen, doctora en Cirugía Dental por la Universidad de Nueva York, que suma al estrés dos factores: por un lado, el hecho de que teletrabajo y teleescuela están haciendo que usemos “cualquier lugar donde se pueda improvisar un sitio de trabajo: el sofá, encaramados en un taburete, en una esquina de la barra de la cocina -destaca-. Las incómodas posiciones corporales que se producen pueden hacer que encorven la columna vertebral en algo parecido a una C”. Y por otro lado la falta de sueño verdaderamente reparador. Uno de los resultados de ese combo es el bruxismo.

De qué hablamos

“El bruxismo es el acto de apretar y rechinar no funcionalmente los dientes y su causa principal es el estrés”, explica Raiden y agrega que el paciente con bruxismo puede sufrir dolores dentarios, musculares y articulares. “Al tratarse de una actividad muscular anormalmente aumentada en intensidad y duración, afectará alguna de las estructuras que sufren esa sobrecarga. Dependiendo del organismo y de la capacidad de adaptación de cada estructura, el dolor o la alteración puede causar desde fracturas dentarias hasta fuertes dolores de cabeza”, resalta. “Por ejemplo -agrega-, Jorge, de 82 años, jubilado, vivió toda su vida con ruidos en la articulación que le parecían una gracia, pero en mayo notó que comenzaba a trabársele la mandíbula y sentía algo de dolor. Un día se levantó sin poder abrir la boca. Jorge, como casi todos, había cambiado sus hábitos con la pandemia: pasó a estar horas con el celular y a no levantarse de la cama. Con tratamiento recuperó su apertura bucal normal y va disminuyendo el dolor”, cuenta Raiden. “Con un tratamiento y ejercicios recuperó su apertura bucal normal y va disminuyendo su dolor”, añade.

Por eso puede ser importante la consulta con especialistas para ver si hay huellas de bruxismo. “Quizás pueda ser necesaria una placa que se llama oclusal, para evitar traumatismos y desgastes. Es un dispositivo de acrílico, intermediario entre los dientes de arriba y los de abajo. Según el tipo de placa actúa sobre la articulación, sobre los músculos o sobre las piezas dentarias”, explica Raiden.

Los músculos y las articulaciones que nos permiten abrir y cerrar la boca no podemos mantenerlos completamente en reposo, porque los utilizamos para masticar, hablar y deglutir, pero no debería causar dolor, agrega la experta tucumana. El dolor suele ser el resultado del uso excesivo de los músculos o de un traumatismo en la mandíbula. “Y podemos limitar ese uso excesivo -resalta Raiden- disminuyendo lo que se llama ‘hábitos parafuncionales’: son el uso habitualmente inconsciente de los músculos de la mandíbula en funciones diferentes a las normales, como masticar chicle, morderse las uñas, fruncir los labios, apretar o rechinar los dientes durante el día, fumar, morder lapiceras, protruir (empujar hacia adelante) forzadamente la mandíbula y presionar la lengua contra los dientes y el paladar”.

Otros factores

Además de los usos parafuncionales (que el estrés puede incrementar), incide ese cuello en C, que describe la doctora Chen. “Una mala mecánica de la cabeza y del cuello puede provocar fatiga muscular que produzca dolor, cefaleas y dolor mandibular. Además los músculos de cabeza y cuello son una fuente bastante frecuente de tensión cuando se experimenta estrés”, destaca Raiden.

“Y como seguiremos trabajando desde casa durante meses, es imperativo establecer un lugar de trabajo adecuado. Lo ideal es que, al sentarse, los hombros estén alineados con las caderas y las orejas con los hombros”, resalta Chen y advierte que como no es raro salir del escritorio para ir al sofá y de a allí pasar a la cama, hay que hacer un esfuerzo consciente para moverse, incluso si salir de casa no es una opción. “Es importante utilizar cada descanso para ir al baño, o cada llamada telefónica como oportunidad de dar más pasos, sin importar lo pequeño que sea el lugar donde vives”, agrega Chan.

Ejercicios estando quieto

“Por de pronto, es importante tomar conciencia de nuestras actividades parafuncionales y practicar la posición de boca relajada -conseja Raiden-. Para ello conviene practicar esta posición: colocar los dientes ligeramente separados con los labios relajados. La lengua debe estar relajada (sin presionar sobre los dientes o el paladar). Expulsar aire entre los dientes colocará la mandíbula en buena posición. Repetir durante un minuto seis veces al día”.

Además, ponernos recordatorios cada 15 minutos o media hora podemos revisar a lo largo del día si estamos realizando alguna actividad parafuncional de manera inconsciente y corregirla volviendo a la posición de boca relajada. La constancia de este proceso ayudará a eliminar gran parte de los hábitos parafuncionales.”, agrega. Y para no estar tantas horas sentados, podemos intentar actividades acostados: lo que Chan llama “menearse como un pez”: acostados boca arriba, con brazos y piernas extendidos, mover mueve suavemente brazos, hombros, caderas y pies de un lado a otro. “El objetivo -explica- es descomprimir y alargar la columna vertebral, así como liberar y aliviar la tensión y la presión”.

Respiración diafragmática: cómo revertir reflejos que nos genera el barbijo

La respiración diafragmática es la que levanta el abdomen; disminuye las hormonas del estrés, promueve relajación muscular, favorece el sueño y facilita la distribución del oxígeno y la glucosa por todo el cuerpo. Por la falta de entrenamiento tendemos a respirar más rápidamente, y utilizamos para eso los músculos de cuello y tórax. En estas condiciones, se exhala el dióxido de carbono con demasiada rapidez, lo que incrementa los niveles de hormonas del estrés, explica la odontóloga Eleonora Raiden. “El uso del barbijo suma la adquisición de nuevos hábitos parafuncionales: movimiento forzado de la mandíbula contra el elástico con el que intentamos mejorar el ingreso de aire o el intento de bajar con el mentón el barbijo cuando se sube y obstaculiza la mirada”, describe. “La solución es el ajuste adecuado del barbijo; el juego mandibular trae como consecuencia.

Para prevenir contracturas

- No leer acostado o reclinado; intente colocar el libro, el  celular o la pantalla de la PC a la altura de los ojos.

- En llamadas telefónicas largas, si necesita usar las manos para el teclado, utilice auriculares o manos libres; evite inclinar la cabeza para sostenerlo.

- Haga pausas frecuentes cuando realice una actividad que requiera una posición estacionaria. Levántese cada media hora y muévase un par de minutos. Vuelva a colocar la cabeza en posición natural relajando músculos del cuello y los hombros.

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