Aumentan los casos de justicia por mano propia

Durante este año se registraron 10 homicidios de estas características; seis de ellos se produjeron en lo que va del segundo semestre.

27 Sep 2020 Por Gustavo Rodríguez
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EL ÚLTIMO CASO. Los peritos trabajan en el barrio Toledo, de San Cayetano.

La oscuridad que reina en el pasaje Díaz Vélez se ha transformado en el principal obstáculo que tienen los especialistas para investigar el último caso de justicia por mano propia que se registró en la provincia. Son 10, en lo que va del año, seis de ellos se cometieron en el segundo semestre, según los casos publicados por LA GACETA.

En el barrio Toledo, como en cualquier sector de la provincia, la muerte de Diego Martín Campos genera polémica. El joven de 22 años fue ultimado de dos disparos por dos hombres que se movilizaban en una camioneta en la que también habrían estado al menos otras dos personas. Un sargento con prestación de servicios en la Legislatura, su hijo que también es agente de la fuerza y su yerno están siendo investigados, pero hasta el momento no se reunieron pruebas en su contra.

“En el barrio lo conocían bien. Era muy maldad. Su familia lo hacía a un lado por eso. Dicen que sus parientes le pidieron a la Policía que dejara las cosas así porque sabían que tarde o temprano terminaría de esa manera”, explicó Juana de Martínez. “La gente está muy cansada, ya no le interesa nada. Trabaja todo el día para que vengan los delincuentes y les quiten lo poco que tienen”, agregó.

Por la misma cuadra caminaba Carlos Caro. Venía caminando y renegando solo. “La gente no entiende, pero no entiende. No puede ser que los tucumanos nos estemos matando entre nosotros. No hay que salir a matar ladrones, hay que ir a reclamar a nuestros dirigentes que hagan algo para frenar los robos”, opinó desencajado.

Sólo en uno de los 10 casos se consideró que el victimario actúo en legítima defensa. En otro caso, aún se discute si un hombre murió por los golpes que recibió o si fue por mala praxis de los médicos que lo atendieron. Todos los otros fueron procesados, pero al menos cinco fueron imputados por homicidio agravado. Como la mayoría no tiene antecedentes, van recuperando la libertad con el transcurso de los meses. Sin embargo, en caso de que sean encontrados culpables por un tribunal, podrían pasar gran parte de su vida tras las rejas.

“Pero más allá de las cuestiones judiciales, la vida de estas personas se transforman en una pesadilla”, indicó una alta fuente judicial.

Marta, esposa de un procesado, dijo que después del hecho, se tuvo que mudar con lo puesto del barrio. “Fue todo un drama. Teníamos mucho miedo. A los chicos los tuve que cambiar de colegio porque vivíamos en lo de mi mamá. Lo dejaron sin trabajo porque estuvo más de tres meses preso por la macana que se mandó. Me terminé separando porque él nunca midió las consecuencias de sus actos. Siempre le dijimos que esa no era la solución a ningún problema, pero él no escuchó y lo terminó agrandando”, concluyó entre lágrimas la mujer.

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