INCERTIDUMBRE. Siempre hay recursos psicológicos para afrontar la situación.

“Hoy ser mayor implica tener más riesgos frente a la covid-19, sin embargo eso no implica tener menos recursos psicológicos. Ante las dificultades, cada uno toma diversos caminos pero a veces nos aferramos a los ya conocidos”, asevera Ricardo Iacub, psicogerontólogo, subgerente de Desarrollo y Cuidado Psicosocial del PAMI.
En diálogo con Télam, Iacub compartió reflexiones que escucha de sus pacientes, que pueden ayudar a pensar esta situación de incertidumbre, temores y cansancio que genera esta pandemia.
El psicólogo entiende que quedarse en la casa, más que aislamiento o distanciamiento social, debería generar oportunidades de desarrollo, nuevos contactos y hasta aprendizajes, que permitan seguir activos, incluidos y vinculados socialmente. “Sin embargo, sostener esta reclusión no resulta sencilla y menos aun cuando el panorama sigue siendo incierto”, admite. Y explica que todo este conjunto de factores aumentan la tensión psicológica de estar en riesgo, lo que implica más ansiedad y acudir a nuestros recursos y temores muchas veces menos racionales.
Luego, clasifica las reacciones. Están -dice- los que no dejan de pensar en el peligro: “Cuando salgo a la calle, siento que me altero por cualquier cosa, porque cada cosa que toco siento que me va a contagiar”. Iacub aclara que este tipo de vivencia “puede provocar intentos de control obsesivo, como limpiar exageradamente o rumiar sobre el contagio. Sabemos que cuidarse es importante pero también, si no confiamos en lo que hicimos esto puede convertirse en un tormento innecesario y peligroso”.
Están los que no pueden cambiar sus objetivos: “Siento que me robaron mi tiempo”. Iacub les responde: “Muchos debieron aplazar proyectos y sabemos lo doloroso que resulta, pero si persistimos en lo que perdimos, habrá menos posibilidades de modificar las metas que nos lleven a nuevas satisfacciones y logros. Sabemos que a lo largo de la vida tuvimos que abandonar objetivos e incluso seres queridos, pero el ser humano tiene esa capacidad de seguir adelante aun ante los mayores tropiezos.
Están los que bajan las manos: “Ya no tengo ganas de nada, no sé adónde voy a ir a parar”. “Una de las respuestas ante lo difícil de esta situación es no querer ni poder hacerse cargo. Por ello poder verlo como un desafío y dejarse ayudar, por seres queridos o si resulta necesario por un profesional, lo convierte en una alternativa factible”, destaca el especialista.
Los que se enojan: “El problema no es la pandemia, es el gobierno que nos prohíbe salir”. Ante ello, Iacub señala: “Poner la culpa en el otro es uno de los mecanismos psicológicos más habituales. Pensemos cuántas veces ante una dificultad proyectamos la culpa y nos deshacemos de la responsabilidad. Sin embargo sabemos que nada bueno sucede con esta posición, ya que alojar la culpa en los otros nos alivia momentáneamente, pero nos deja enojados y mortificados mucho tiempo, y sin recursos internos para modificar la situación”.
Iacub recomienda: mantenerse activos, con lo que a cada uno le resulte y pueda; estar comunicados y abiertos a nuevas formas de encuentro, ya sea Facebook, Whatsapp, Zoom o el teléfono y apoyarse en recursos internos y cultivarlos. ¿Cuáles? La paciencia, la tolerancia, el buen humor. Mantener una buena motivación, una actividad interesante, una charla a tiempo, o aprender algo nuevo pueden hacer de esta una experiencia valiosa.







