¿Cuándo empiezo a enseñarle inglés a mi hijo?

Estudios neurolingüísticos y experiencias docentes indican que, probablemente, conviene arrancar antes de lo que te imaginabas.

27 Sep 2020 Por Claudia Nicolini
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APRENDER JUGANDO. Los elementos afectivo-intuitivos son una de las claves de la posibilidad de adquisición temprana de una segunda lengua.

“Abuela, ¿me ponés los dibujitos en Netflix? ¿Y me los dejás en inglés, porfi?”, preguntó Gonzalo Ruiz una tarde, cuenta la interlocutora, que todavía no lo puede creer. Gonzalo cumplió cuatro años en julio y está haciendo su primer ciclo de jardín de infantes en pandemia (por Zoom). Le gusta cantar y -cuenta la abuela-, posiblemente el Happy Birthday, ya hace unos años, haya sido la primera combinación de canto y lengua extranjera. “Precisamente, las canciones son una buena herramienta para que los chicos se vayan adentrando en una segunda lengua”, resalta la profesora tucumana María Rosa Bennasar, que desde 1994, con un grupo de colegas se dedica a ayudar a niños y adolescentes a zambullirse en el inglés.

“No trabajamos con bebés, pero sí con chicos de cuatro o cinco años, y son verdaderas esponjas: rápidamente arman frases, cuentan lo que les gusta, juegan... pero con ellos trabajamos sólo la oralidad -destaca-. Recién después de su primer grado, cuando arrancaron la escritura en castellano, empezamos a escribir en inglés. Lo bueno es que mientras tanto aprendieron un montón”.

Neurobiología

Algunas investigaciones indican que puede ser buena idea empezar bastante más temprano con el estímulo. Por ejemplo, según un estudio publicado en la revista Developmental Science, conducido por Naja Ferjan Ramírez, investigadora del Institute for Learning & Brain Sciences (I-LABS) de la Universidad de Washington, cuanto antes entran en contacto con la segunda lengua mejores serán los resultados.

Neurológicamente -según Ferjan Ramírez- los bebés tienen habilidad innata para aprender cualquier idioma.

“Ese aprendizaje depende del procesamiento de sonidos, y si juntamos todas las lenguas del mundo existen unos 800 sonidos diferentes. Cada idioma sólo utiliza unos 40 sonidos o “fonemas” que distinguen una lengua de otra -describe en un artículo que tras la investigación publicó en la revista The Conversation-. Al nacer, el cerebro de los bebés puede diferenciar los 800 sonidos. Esto significa que pueden aprender cualquier idioma al que estén expuestos”.

A medida que crecen, y porque los escuchan con mayor frecuencia, empiezan a acostumbrarse a los fonemas de su lengua nativa. A los seis meses balbucean, primera aproximación al lenguaje, y lo hacen con los sonidos de los idiomas que escuchan... así que podés empezar temprano a cantarle en el idioma que te gustaría que aprenda.

“La investigación demostró que los cerebros de los bebés se vuelven atentos a los idiomas que escuchan de sus cuidadores. Un cerebro monolingüe se sintoniza con los sonidos de una lengua, y un cerebro bilingüe se sintoniza con los sonidos de dos A los 11 meses, la actividad en el cerebro del bebé refleja la lengua o las lenguas a las que ha sido expuesto”, añade Ferjan Ramírez.

Otra investigación

“Existe una relación inversa entre la edad y la eficacia de aprender muchos aspectos del lenguaje. Así, cuanto antes se exponga el niño a la idioma, dominará incluso la gramática más fácil y rápidamente, asegura por su parte Ali Nouri, profesor asistente de la Universidad Malayer, Irán, en su trabajo “Neurociencia cognitiva de la educación en lenguas extranjeras: mitos y realidades”. Entre los mitos coloca el temor a que los chicos “se hagan un lío” y se les mezcle todo.

“Aprender un segundo idioma no sólo mejora las habilidades lingüísticas en el primer idioma, sino que también afecta positivamente el rendimiento académico de los estudiantes y su alfabetización general en la escuela”, destaca.

Experiencias tucumanas

“Es cierto que ese proceso es más sencillo en lo que se llama ‘contexto de inmersión’: un hijo de argentinos que viva en un país angloparlante tendrá las cosas más fáciles para adquirir las dos lenguas al mismo tiempo -señala Bennasar-. Pero el estímulo desde chiquitos siempre es buena ayuda; empiezan por entrenar el oído. Y cuando ya hablan un poco en castellano, van aprendiendo que las cosas pueden tener dos nombres diferentes, según el idioma”.

“Según mi experiencia (la personal, en la infancia, y también la de docente) es importante que los chicos perciban afectivamente que esa ‘otra lengua’ es valiosa para su familia”, destaca Luciano Ruiz, que enseñó inglés durante 15 años, desde preescolar hasta el secundario. “Me refiero a desarticular creencias como ‘es muy difícil’, ‘no voy a poder’, ‘eso es de nerds’, y estimular lo contrario: la percepción de que la lengua extranjera es algo placentero, divertido, importante...”, agrega.

“Si se consigue esto, incluso en el caso de que los papás no sepan mucho inglés, puede ir lográndose un clima de semiinserción, que abra para los chicos la posibilidad de decir las cosas en lenguas distintas con naturalidad -añade Ruiz- y explica: “hay una diferencia importante. Cuando la lengua se incorpora desde lo afectivo/intuitivo no se aprende, se adquiere... se va tomando como propia. Y es lo que hacen los niños pequeños cuando se ponen los estímulos a su alcance... ¡son como de plastilina!”.

“Es bueno, por ejemplo, que en casa suene música en el otro idioma; aunque al principio no presten atención a las letras irán asimilando los sonidos”.

Herramientas

“Jugando, cocinando, caminando por el cerro... con casi todo de lo que hacemos juntos practicamos el inglés -cuenta Macarena Cárdenas Ypa, mamá de un adolescente y de dos niñas-. Cuando eran chiquitos, usábamos muchas canciones simples; así aprendieron los colores, los animales, las partes del cuerpo... también a contar pequeñas historias (incluso con los idiomas mezclados, no importaba). Buscaba canciones infantiles en inglés y las intercalaba, en casa o en el auto, con versiones en castellano. Les contaba lo que decían; no necesariamente sabían el significado las palabras. Eso fue apareciendo de a poco”.

“Ahora, por ejemplo, un ejercicio es poner palabras en inglés en charlas en castellano; sobre todo los sustantivos usarlos directamente en inglés. Y cuando cocinamos (cosa que nos encanta a todos) van aprendiendo los nombres de los ingredientes en inglés, y les doy instrucciones simples...”, agrega.

“Hoy contamos con programas de TV especialmente pensados para captar la atención de los chicos y llevarlos a la repetición (que es el primer modo de aprendizaje), de la mano de imágenes y música. Hay también un sinfín de videos, en Youtube, que les permiten durante un buen rato la inmersión en la otra lengua -agrega Ruiz-, y una inmersión en contexto audiovisual. Muchos son interactivos: proponen un aprendizaje y también les dan tiempo para que repitan. Son herramientas que los docentes hubiéramos querido tener hace 15 años. ¡Ningún maestro humano resiste horas dando clase!”.

“Ya más grandes podrán ir entendiendo el funcionamiento de la gramática, del mismo modo que lo hacen con la lengua materna: primero la aprenden por uso; varios años más tarde se les explica la teoría”, señala Bennasar.

“Y no hay que tener miedo de que las lenguas ‘se mezclen’. Es más, van a empezar traduciendo: la lengua materna es la lengua afectiva, y sin emociones no se aprende. Es el andamiaje que se necesita para todo crecimiento. Cuando el ‘arbolito’ del inglés se fortalezca y no necesite tutor, van a ser capaces de pensar en ambos idiomas”, resalta Ruiz.

“No te preocupes -aconseja Nouri en su artículo-. Tu hijo no se va a sentir confundido, e incluso aprender dos idiomas puede fomentar otras capacidades cognitivas”.

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