
Por Danilo Arbilla
PARA LA GACETA - MONTEVIDEO
Crece la fila de los que sostienen que Argentina será una nueva Venezuela. Si se detiene la mirada en los sucesos de hoy y el caos creciente, es probable. Hay diferencias, sin embargo.
Venezuela en lo económico depende del petróleo y quizás algo más que haya bajo tierra y que ya está hipotecado.
Son muchas y muy variadas las fuentes de riqueza del país sureño, en cambio.
Nicolás Maduro y sus cómplices han sido señalados por la propia ONU como responsables de crímenes de lesa humanidad. “Ejecuciones arbitrarias y uso sistemático de la tortura”, acusa el informe de casi 450 páginas de los expertos del organismo mundial. En Argentina hasta tanto no se ha llegado; ni cerca.
En Venezuela no hay un poder judicial independiente. En Argentina aún hay jueces rescatables que hasta ahora muestran una cierta independencia. Pero ¿hasta cuándo? Tres de esos magistrados, los que venían actuando en varias causas por corrupción contra la vicepresidenta Cristina Kirchner, a instancia de ella han sido trasladados. Esto es, sancionados y separados de dichas causas.
En Venezuela mandan los militares. Maduro es un mero testaferro. En Argentina los militares de hecho no existen. Tras más de medio siglo -desde 1930 hasta principios de los 80- en que los uniformados tomaron el poder ilegítimamente en seis ocasiones, desde el año 1983 no se meten en nada. Y eso que en alguna ocasión los quisieron tentar.
Hace unas semanas el expresidente Eduardo Duhalde deslizó la advertencia o idea del riesgo de un golpe de estado. Provocó gran revuelo. Los más sensatos preguntaron quién lo iba a dar y concluyeron que los militares no, pues estos se mantienen apartados desde hace mucho. Puede sí, fue la respuesta más repetida, que lo den los Kirchner -Cristina y su hijo Máximo- para lo cual aquella definitivamente desplazaría al presidente, y asumiría efectivamente el poder que ya ejerce en gran medida en su condición de vicepresidenta de la República.
La situación es caótica. El citado Duhalde expresó que “Alberto Fernández está groggy (mareado)” y que no está capacitado para gobernar en tiempos de crisis. ¿Y en quién piensa?
Mientras tanto los números no ayudan; baja y mucho la imagen del presidente, mientras crece la pobreza extrema, es atroz la inseguridad pública, la inflación está desbocada, turismo cero, desocupación creciente, cierran miles de empresas.
Y por si fuera poco, en el país donde se ha aplicado la más estricta cuarentena cada vez es mayor el número de contagiados y fallecidos por efecto de la pandemia. Hace dos meses era una de las pocas cosas buenas de la que podía hablar el presidente Fernández, pero ya no. Los contagiados superaron los 650.000 y hay más 13.000 muertos. Ya superó a Chile y se ubica en la posición 14 en el mundo.
Y el presidente Fernández habla y habla todos los días y cada vez se enreda más y para peor los hechos no lo ayudan para nada. Tomó nuevas medidas restrictivas para la compra de dólares y en el mercado paralelo -“blue”- el valor de la unidad norteamericana se ha disparado, legando a una cotización record.
El presidente explica que no hay razón para que los argentinos compren dólares y que tengan ahorros en esa moneda. Simultáneamente -y como muestra del momento que se vive- la prensa reveló que uno de los mayores tenedores de depósitos en dólares en la política -más de 3 millones- es el diputado Máximo Kirchner. ¿Será, nomás, el heredero? ¿Y por qué vía?
¿Camino a Venezuela? Puede que sí, puede que no, pero sin duda transita por terreno muy pedregoso y no se vislumbra un buen destino.
© LA GACETA
Danilo Arbilla – Periodista, ex presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa.







