"Madre de la Merced, ayúdanos a presentar hoy batalla contra las cautividades del poder"

En su homilía, el arzobispo de Tucumán, Carlos Sánchez, hizo un parangón entre el combate que se libró en setiembre de 1812 y las luchas actuales que se les presentan a los tucumanos.

24 Sep 2020
1

MENSAJE. "Madre de la Merced, redentora de cautivos, ayúdanos a presentar hoy la batalla, no sólo contra esta pandemia, sino especialmente contra las cautividades del poder, las riquezas, las adicciones y la indiferencia", dijo el arzobispo de Tucumán, monseñor Carlos Sánchez, durante su homilía. LA GACETA / DIEGO ARÁOZ

De igual modo en que la virgen de la Merced inspiró al general Manuel Belgrano, al Ejército del Norte y al grupo de "decididos" que se les sumó aquella jornada heróica del 24 de Septiembre de 1812, el arzobispo de nuestra provincia, monseñor Carlos Sánchez, rogó a la patrona de Tucumán que vuelva a inspirar a los ciudadanos para que triunfen en las batallas que se libran en estos tiempos.

El religioso comenzó su Tedeum con el saludo a obispos que participaron de la santa misa. "Mis hermanos, que no siendo tucumanos se han quedado a vivir aquí: monseñor Francisco Polti, obispo emérito de Santiago del Estero; monseñor José María Rossi, obispo emérito de la Santísima Concepción, y monseñor Luis Villalba, arzobispo emérito de Tucumán y cardenal de la Iglesia", dijo Sánchez.

Y luego destacó la figura de este último. "Hoy cumple 60 años de sacerdote. Muchas gracias por su sí al Señor y a la Iglesia. Deseo que nos unamos a la acción de gracias por sus 60 años de consagración sacerdotal; años que nos alientan en la esperanza de seguir sirviendo a Cristo y a la Iglesia", dijo.

Durante su discurso, Sánchez puso el acento en la condición primigenia de la virgen. "Madre de la Merced gracias por tu presencia maternal siempre, por tu ternura y protección en los momentos difíciles de nuestra vida", indicó.

En especial, destacó la presencia de María en el momento culmine de la vida de su hijo. "Jesús, sin dejar de ser Dios, asumió nuestra humanidad; nacido de una mujer y sujeto a la ley para redimir a los que estaban sometidos a la ley. Él, con su muerte redentora nos recata de la cautividad. Y María participa de una manera especial en la redención: acompaña a su hijo en la obra de la redención de la humanidad hasta el pie de la cruz. Ella es testigo del amor de su hijo Jesús, que llega a entregar la vida y redime, rescata, salva y concede vida eterna", dijo Sánchez.

A renglón seguido, el arzobispo refirió a la actualidad. "En este tiempo de pandemia aumentó el dolor, el miedo y el sufrimiento, la enfermedad y la muerte. ¡Cuántos hermanos contagiados, cuántos internados, cuántos fallecidos sin que hayamos podido despedirlos como hubiésemos querido, cuántos desesperados!", lamentó.

Inmediatamente propuso, sin embargo, volver hacia María. "Pero hermanos, tenemos una madre, Jesús nos ha dejado una madre. Está siempre, en cada situación, consolando, animando, sosteniéndolos y orando por nosotros. Es la que nos recibe en los momentos de profundo dolor, es tierna madre. ¡Cuánto consuelo habrá experimentado Jesús al ver a su madre al pie de la cruz!", expresó.

Sánchez invitó a los ciudadanos a que busquen la contención en esa madre de Jesús, y de todos los hombres. "Que ella pueda sostener nuestros pasos, pueda siempre decir a nuestro corazón: '¡levántate!, mira adelante, mira el horizonte', porque ella es madre del pueblo y esperanza nuestra. Miremos a María de la Merced y nos dejemos atraer por sus ojos limpios, por sus brazos extendidos y por su corazón lleno de misericordia", convocó monseñor.

Pero del mismo modo, pidió a las personas -y, velada y sutilmente, a los gobernantes, que son quienes tienen la posibilidad de tomar las decisiones- que asuman un compromiso. "Queremos ser servidores de la esperanza. (Eso) significa abrir espacios de salvación, que un mundo diferente es posible, que podemos salir del pozo en el que nos encontramos. Somos servidores de la esperanza si presentamos batalla al egoísmo, saliendo de nosotros mismos y entregando lo que somos y tenemos en servicio de los demás. Somos servidores de la esperanza cuando enfrentamos la ambición y la combatimos con generosidad y solidaridad, ¿para qué sirve acumular? Hay que compartir. Somos servidores de la esperanza cuando soñamos una Argentina unida, fraterna, libre de corrupción, de injusticias y agresiones", manifestó Sánchez.

Más adelante, y casi como un cierre, precisó su discurso, y lo direccionó con mayor precisión hacia los Gobiernos: "Madre de la Merced, redentora de cautivos, ayúdanos a presentar hoy la batalla, no sólo contra esta pandemia del coronavirus, sino especialmente contra las cautividades del poder, las riquezas, las adicciones, la indiferencia y la manipulación de los que deben ser tratados con dignidad, como hermanos. María, madre del Pueblo, esperanza nuestra, ruega al Señor por nosotros para que seamos una patria de hermanos. Como Manuel Belgrano soñó noche del 24 de septiembre de 1812".

Comentarios