“Si la curva no se estabiliza en tres semanas, el Gobierno debe evaluar volver de fase”

El decano de la Facultad de Medicina de la UNT señaló que el sostenimiento del actual esquema dependerá del comportamiento social.

20 Sep 2020 Por Martín Soto
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PROTECCIÓN. Agentes de la salud realizaron controles de temperatura. la gaceta / foto de franco vera

El 19 de marzo, las autoridades sanitarias de la provincia confirmaban el primer caso importado de coronavirus en Tucumán. Seis meses después, con circulación viral comunitaria, el Ministerio de Salud reportó hasta anoche casi 11.000 positivos y más de un centenar de fallecidos. Además, se informó que el índice de ocupación de camas para pacientes con covid-19 ronda el 70%. Con una curva de contagios en ascenso y que se mantendrá así por varias semanas, ¿qué posibilidad tiene la provincia de retroceder a una fase 1?

El decano de la Facultad de Medicina de la UNT, Mateo Martínez, considera que no sería adecuado por el impacto económico, pero no lo descartó. De todos modos, analizó que dependerá -una vez más- del comportamiento que muestre la sociedad.

“Creo que no es conveniente (retroceder a una fase 1), pero es posible. No es conveniente porque hay un daño, sobre todo a la microempresa, y es muy alto. Pero si la curva no llega a estabilizarse en dos o tres semanas, algo depende mucho de la responsabilidad ciudadana, creo que el Gobierno debería evaluar la conveniencia de volver (de fase), explicó el médico a LA GACETA.

El también integrante del Comité Operativo de Emergencia (COE) se expresó muy preocupado porque mañana se celebra el Día del Estudiante, y recordó lo ocurrido el Día del Amigo, que fue el preludio de la circulación viral comunitaria. “¿Cómo nos vamos a comportar ese día? Para el Día del Amigo teníamos 100 casos. Al 30 de julio eran 200, y al 10 de agosto, 300. Y empezamos a duplicar cada 10 días, que es un indicador de escalada brutal. ¿Nos va a pasar lo mismo ahora? Se viene también la fiesta del 24 de septiembre (Batalla de Tucumán y Día de la Virgen de la Merced). ¿Qué conducta vamos a tener?”, planteó.

Indeseable, no improbable

Martínez analizó que en Salud se mira con preocupación la ocupación de recursos del sistema de salud. “Están llegando a una fase crítica, y no quieren llegar allí porque lo que hay que cuidar es la vida. Pero no es el Sistema de Salud el que debe decidir (si se retorna a fase 1), es el Gobierno y la conciencia ciudadana. Si la conciencia social no asume que estamos sentados sobre un polvorín y jugando con fuego, nos va a ir de mal en peor. Al Gobierno no le va a quedar otra que una medida dura, que es indeseable pero no es improbable”.

La autoridad académica destacó que Argentina no tiene tasas dramáticas de muertes como sucede en Brasil, Chile o Perú, y que viendo en perspectiva hacia atrás “se hizo lo que razonablemente se debía hacer”. En cuanto al escenario actual de Tucumán, la máxima autoridad de la Facultad de Medicina opinó que la cifra de contagios seguirá multiplicándose. “Mi opinión es que podemos llegar cerca de los 1.000 casos diarios, y allí tendríamos que empezar a estabilizarnos”, dijo.

Pero, ¿qué significa estabilizarse específicamente? Martínez graficó: “hagamos de cuenta que hay 100 personas en un tablero de ajedrez de 10 por 10 casilleros, cada una en uno de ellos. Si en un extremo del tablero hay una persona enferma, contagia a las más cercanas. Pero esas personas cercanas, a su vez, tienen otros cercanos, y así se va desparramando, como una mancha de aceite. Pero a medida que pasa el tiempo, muchos de los que se contagiaron se han recuperado. Inicialmente hay 99 susceptibles y un contagiante. A la semana, hay cinco contagiados y 95 susceptibles. Y a medida que pasa el tiempo, puede ser que la mitad de la población ya ha sufrido y se ha recuperado, con algunas bajas lamentablemente. Y los susceptibles ya no son 99, son 49 o 40. La probabilidad de contagiarse va estabilizándose primero y bajando después”.

El médico subrayó, en tal sentido, que esa estabilidad puede demandar unas seis u ocho semanas para comenzar a bajar. “Tiene que ver con que va disminuyendo gradualmente el número de personas que pueden sufrir la enfermedad. Ese es el comportamiento de una epidemia en general”, dijo.

Vacuna y futuro

Martínez evidenció que los casos de covid-19 en algunos meses bajaron del avión al ómnibus; de la clase alta a la clase media y baja; y de lugares confiados a la vía pública. Al respecto, marcó que lo que preocupa justamente es que, dado el escenario actual, los transeúntes pueden contagiar al personal de las trincheras: de salud y de seguridad. “Ese es un punto crítico. De ellos depende prácticamente la paz social de alguna manera”, manifestó. A su vez, dijo que el Gobierno oscila entre proteger los derechos colectivos y restringir los individuales. Pero planteó: “muchos ciudadanos protestamos por nuestros derechos, pero no siempre cumplimos con nuestras obligaciones. Nuestro deber no es sólo cuidarnos por nosotros mismos; toda la gente tiene que convencerse de que nadie está exento de esto”.

El titular de Medicina, no obstante, dejó en claro que hay varias vacunas en desarrollo, lo cual genera esperanza. También que han surgido tratamientos para manejar mejor la enfermedad. Por ese motivo instó a la sociedad a cuidarse especialmente en las próximas semanas, hasta que se estabilice la situación, e incitó a ir pensando en la vida que viene después. “Todas las pandemias y epidemias se han manejado por oleadas. ¿De qué depende que no vuelvan? Una es la vacuna; otra es que se descubran tratamientos eficaces que permitan cortar la cadena de transmisión; y otra mucho más seria y difícil son los cambios culturales”, detalló.

Sobre el último punto, Martínez planteó que la sociedad mundial y los Gobierno deben tomar conciencia respecto de la necesidad de cambiar algunas prácticas. “Una epidemia no es un problema médico únicamente, sino un problema social. Por ejemplo: el rediseño urbano para que no estemos todos amontonados en la peatonal, es esencial. Modificar las prácticas de animales hacinados para ganar productividad y en un galpón de 10 x 10 tener 5.000 pollos. Hay que revisar esas prácticas que predisponen a la aparición de enfermedades que pueden ser zoonóticas. Muchas o casi todas las enfermedades infecciosas surgen por una mala relación del hombre con el medioambiente”, indicó.

A modo de ejemplo, el profesional recordó que en su época de estudiantes no aprendió sobre dengue, zika o chikunguña porque dichas enfermedades no existían. “El mosquito (aedes aegypti, vector de la enfermedad) era selvático. Le empezamos a invadir la selva, la zona pedemontana con cultivos y emprendimientos inmobiliarios, y el bicho salvaje se hizo peridomiciliario. De ahí, intradomiciliario, y ahora lo tenemos en invierno. Si seguimos depredando el medio ambiente, el medioambiente se desquita mutando, cambiando, adaptándose, mutando a nuevas formas biológicas y esta es la respuesta que nos da. No es un tema menor. Tiene que haber cambios”, señaló Martínez. Y sintetizó: “las pandemias suelen moverse en forma de oleadas. Que haya una o más va a depender de si el hombre descubre o no cómo frenarlas. Y cómo frenarlas, depende de tres cosas: tratamientos eficaces que corten la cadena de contagios, vacunas que permitan adquirir inmunidad y el tercer modo son los cambios culturales”.

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