El turismo de la fe incluye las devociones populares, aunque no sean religiones

La libertad de culto se extiende en la industria sin chimenea y las celebraciones generan enormes movimientos de fieles.

15 Sep 2020
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OFRENDAS. La devoción por la Difunda Correa lleva a los fieles a su “santuario” en Vallecito, San Juan, donde le dejan toda clase de ofrendas.

Aunque ninguno fue santificado, sus fieles los llaman santos; y aunque no haya por detrás de estas devociones una religión o una iglesia, las celebraciones populares en honor al Gauchito Gil y a la Difunta Correa son considerados como parte del turismo religioso. La cantidad de personas y de recursos que movilizan estas expresiones de la fe son inmensas.

Entre los casos más populares y conocidos están el Gauchito Gil y la Difunta Correa, junto a las fiestas de la Pachamama y el Inti Raymi (o del Sol), que movilizan miles de personas el día de su celebración y en algunos casos mantienen expresiones de fe durante todo el año.

Pero también hay “fieles” de otros personajes, que también llaman santos y en algunos casos piden la santificación, aunque es probable que nunca se concrete, como los casos de Carlos Gardel, Eva Perón, Rodrigo, Gilda, el “Angelito” Miguel Gaitán y El Destapadito sin nombre de La Rioja.

Los números

La fiesta del Gauchito Gil, en Mercedes, Corrientes, reunió el 8 de enero de 2019 unas 700.000 personas, un número que dentro del turismo religioso pocos pueden igualar, como la Fiesta del Señor y la Virgen del Milagro, en Salta, o la catamarqueña Fiesta de la Virgen del Valle.

La Difunta Correa, con su santuario en el paraje sanjuanino de Vallecito, tiene actividad todo el año pero particularmente para Semana Santa; el Día de las Ánimas (o Día de los Fieles Difuntos), el 2 de noviembre; la Cabalgata de la Fe, 5 de abril; la Fiesta del Camionero, en vacaciones de invierno, y la competencia ciclística la Doble Difunta Correa, a fines de diciembre.

En 2019, la cabalgata de 60 kilómetros desde San Juan a Vallecito reunió más de 5.000 jinetes de todo el país, en tanto de la prueba ciclística con puntaje oficial, de 165 kilómetros, participaron deportistas locales y extranjeros.

En ambos casos, las movilizaciones de seguidores despiertan gran expectativa en el turismo, ya que activan el hospedaje, la gastronomía, la venta de recuerdos, artesanías, baratijas y excursiones a destinos y atractivos cercanos, con trabajo para guías y transportes turísticos.

Aunque ni el Gauchito ni la Difunta están reconocidos como santos, los curas católicos realizan misas por pedido de los fieles y cumplen algunos rituales particulares, como la bendición de vehículos a solicitud de sus dueños, quienes esperan así estar protegidos de la desgracia.

La mirada oficial

Desde el Ministerio de Turismo y Deportes, la referente técnica en Turismo Religioso, Claudia Boente, conversó con Télam sobre el enfoque de este tipo de turismo. “Aunque los historiadores en algunas devociones son bastante veraces, no hay documentación muy certera para verificar ciertos hechos, y por eso van de boca en boca, mediante una tradición oral, como con la Difunta Correa y otras de pueblos originarios menos conocidas, sobre las que no tenemos la certeza y nos movemos con aproximaciones”, señaló.

Boente contó que el Ministerio publicaba los folletos promocionales de los monasterios junto con las devociones populares. “Desde los monasterios dijeron que de ninguna manera querían estar con estas devociones no reconocidas por la iglesia católica, como la Difunta Correa y en particular con el Gauchito Gil. La política del Ministerio es que hay libertad de culto, no más el sostenimiento del culto católico, y entonces tenemos que tener todos los cultos habidos y por haber, siempre que sean turísticos”, añadió. La funcionaria hizo una salvedad: “por ejemplo, San La Muerte no está en el calendario turístico, porque no es una devoción que atraiga sino que aleja a la gente”.

La experta dijo que el Ministerio difunde todas las devociones que son turísticas, como el Gauchito Gil, la Difunta Correa, la Pachamama, el We Tripantu de los mapuches y ranqueles y el Inti Raymi, el año nuevo agrícola o Fiesta del Sol de los pueblos andinos, una celebración que se retomó en los Valles tucumanos desde hace algunos años.

“Hay devociones, como el caso de Gilda, que le pusieron Santa Gilda, y a Eva Duarte también la hicieron santa, después está Ceferino, que hace 70 años no lo tenían como devoción y ahora también lo llaman santo, aunque es sólo un beato. También hubo devociones que pasaron sin pena ni gloria, como Rodrigo, que no avanzó, y como otros cantantes tuvo su santuario pero después fueron abandonados, como ocurre con los cementerios, que la gente va a despedir a un difunto y primero lo visita seguido, pero con el tiempo lo va olvidando”, sostuvo.

La cantidad de personajes convertidos en devociones y que tuvieron ese proceso es numerosa, aseguró Boente, y entre ellos mencionó los cultos a Pancho Sierra, al paisano Antonio María, a Curuzú José, al Gaucho Olega, a los angelitos Adrianita y los hermanos Lucas Hallao, a Pedrito Sanhueso y hasta a Garrincha y Gardel querían hacerlos santos.

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