Mixtos y unificados: deportes para todos

Hombres y mujeres en un mismo equipo; atletas con discapacidad y sin ella, también se unen.

13 Sep 2020 Por Mariana Apud
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JUNTOS. Deportista con discapacidad y su compañero unificado, arriba; el netball, abajo.

Deporte mixto y deporte unificado vienen a demostrar que la práctica de una actividad deportiva no tiene que ver con el género y tampoco con las capacidades físicas o intelectuales. No se trata de ser hombre o mujer, no se trata de tener un físico perfecto. Las dos maneras establecen que los deportes tienen que ver con cualidades, habilidades, actitudes y ganas, una lista que cualquiera puede cubrir.

“Tengo la experiencia de un primo que tuvo poliomielitis y no podía caminar. Sin embargo tenía sus botines y siempre jugaba al fútbol con nosotros”, recordó Pedro Gómez. “Sin querer, creamos unas reglas adaptadas ya en ese entonces”, contó. La anécdota del entrenador voluntario de Olimpiadas Especiales sirve para entender lo que en el presente está pasando. Ni más ni menos, en aquellos “picados de fútbol” familiares ya estaban practicando el deporte unificado que él, en el presente con un sustento teórico, hace practicar entre personas con discapacidad intelectual (los atletas) y personas sin discapacidad intelectual (los compañeros unificados).

“Es un deporte ideal para que lo practiquen juntos hombres y mujeres”, contó Mérida Barroso que, entre otros títulos, tiene el de coach internacional de netball. La profesora de educación física en la escuela Bartolomé Mitre percibió que el netball era perfecto para introducirlo entre sus alumnos. El detalle es que en su origen fue concebido como una actividad deportiva femenina, pero en el último tiempo se impulsa su práctica mixta. “Fue al revés del fútbol: las mujeres invitaban a los varones. Ellos estaban reentusiasmados”, comentó sobre la reacción de los estudiantes de la primaria.

Pensar en competencias oficiales puede estar lejos, pero que la práctica de ambas modalidades esté al alcance de la mano desde temprana edad es motivador, principalmente porque las barreras para que todo ser humano haga deportes pensando en el alto rendimiento son cada vez menos.

A Barroso la entusiasmó esa reacción y se capacitó más aún. El destino fue el Cenard y con ella fueron dos colegas que no llegaron a implementar todo lo que aprendieron porque la pandemia puso en pausa al mundo.

Algo parecido le pasó a Gómez, que en la escuela parroquial Santísimo Sacramento ya tiene todo listo con algunos de sus alumnos (ver aparte) para que el deporte unificado se practique. “Es armar un mundo de oportunidades donde quede demostrado que discapacidad y la supuesta capacidad están unidas y pueden coexistir”, definió Gómez.

“El deporte no se tiene que separar. Yo enseño fútbol. No fútbol para mujer, no fútbol para varón”, es el criterio de Barroso para educar a sus alumnos. “En la escuela hacemos torneos de distintos deportes y pueden anotarse varones solos, mujeres solas y varones con mujeres. Pueden armar los equipos como se sientan más cómodos”, explicó la profesora.

La calificación de “ideal” que Barroso otorga al netball para la práctica mixta viene por una característica reglamentaria: cualquier roce es una falta. Con esa regla, el contacto no está permitido. “No se puede tocar al rival, tenga o no la pelota, hay que estar a 90 centímetros”, contó. Así, la diferencia natural de fuerza que puede existir entre un hombre y una mujer, por ejemplo en un impacto, no tiene mayor relevancia porque esa acción no se producirá. “El objetivo del netball es encestar la mayor cantidad de veces en un aro como el de básquet, pero sin tablero. A la pelota se la puede tener sólo tres segundos, algo que lo hace muy dinámico. No da tiempo para buscar al mejor amigo del equipo porque los pases son rápidos. La cancha está dividida en tres partes iguales y cada uno tiene un rol específico en cada área. Ese rol está identificado por letras y por ello las camisetas no tienen números”, describió. Todo ese combo de características hace que los siete jugadores tengan un papel importantísimo según la entrenadora, más allá del género. “El que es veloz, tiene puntería y sabe anticipar va a ser un buen jugador de netball”, analizó Barroso.

La reflexión de Gómez engloba la naturaleza de las dos jóvenes modalidades. “Tenemos que dejar de tenerle miedo a algo que es común a todos y natural. Todos coexistimos en un mismo mundo”, observó el voluntario. El universo del deporte cada vez tiene menos gobernadores absolutos y muchos más en conjunto.

PUNTOS DE VISTA

La generación unificada

María Bárbara Ledezma / Voluntaria de Olimpiadas Especiales

Una de las prácticas de la carrera de Educación Física fue en el complejo Ledesma. Así conocí Olimpiadas Especiales y me terminé enamorando. Mis profesores al principio no sabían que era voluntaria. Cuando nos encontrábamos en el bar surgía el tema. Desde que se enteraron, empezaron a trabajar más e involucrar a la discapacidad en las materias. 

Cuando el profesor Carlos Reynoso me contó sobre el deporte unificado pensé que era necesario que la sociedad cambie la mirada, que se rompan estas barreras que no son inexistentes, pero son innecesarias porque la persona con discapacidad puede hacer lo mismo que una sin discapacidad; es cuestión de darles lugar. 

Decidimos llamar al proyecto -en el que también están Rosario Leal y Lourdes Facio- “Generación unificada” y que esta generación empiece a cambiar la perspectiva para poder incluir a las personas con discapacidad. Vamos a hacer lo posible para que de verdad hablemos de un mundo unificado y sin discriminación.

Los atletas se sienten cómodos para aprender

Mario Montes y Vanesa Muguel sintieron lo mismo cuando empezaron a practicar el deporte unificado. Los dos atletas de Olimpiadas Especiales, el movimiento internacional que nuclea a deportistas con discapacidad intelectual, ayudaron a que su compañero unificado entendiera las reglas del hockey de piso. No es muy diferente al que se juega regularmente: cambia el palo, que es mucho más delgado, sin pipa y más largo y en vez de bocha, se utiliza un disco con un agujero en el medio para deslizarlo por el piso. “Me gusta demostrar que puedo entrenarme con mi compañero unificado”, dijo orgulloso Mario, que extraña las prácticas en el complejo Ledesma, pero su ansiedad pasa un poco con los encuentros que se hacen vía Zoom.

“Todo cambió cuando nos conocimos y vio que podíamos entrenarnos juntos y hacer las mismas cosas”, aportó Vanesa. La atleta contó un aspecto bastante especial que le enseñó a su compañero unificado. “Le enseñé a divertirse, no siempre debemos entrenarnos de forma seria”, sugirió.

PROTAGONISTAS. Melina y Juan harán deporte unificado.

Juan Ferreyra cree que la sociedad todavía no está preparada para convivir con el deporte unificado. Pero es algo que él quiere cambiar. “Es algo nuevo. Estoy emocionado y nervioso, pero voy a poner todo de mí para cumplir con el objetivo, que es la integración en el deporte”, sintetiza el alumno de la escuela Parroquial Santísimo Sacramento. Ferreyra, de 14 años, será un compañero unificado de los atletas con discapacidad en cuanto la actividad se reanude. Melina Toledo, compañera del jovencito, también está ansiosa. “Es muy lindo porque incluye a personas que creían que no podían hacer nada. El deporte unificado les da la oportunidad de cumplir sus sueños”, destacó.

Nagasato mantiene la tendencia

Tal como pasó en los Países Bajos con Ellen Fokkema, Japón también tendrá a una mujer jugando en un equipo de fútbol masculino de manera profesional. Yuki Nagasato es la primera en su país, segunda en el mundo y es probable que se vengan muchos casos más en el planeta. La línea de apertura es plenamente apoyada por la FIFA y las federaciones que forman parte de ella, en su mayoría, también promueven la formación de equipos mixtos en el fútbol. Nagasato jugará en Hayabusa Eleven donde también juega su hermano. El combinado nipón está federado en la segunda división de la liga de la prefectura Kanagawa, al sur de Tokio. “Quiero ayudar a crear una comunidad en la que no haya fronteras entre los géneros y las razas”, afirmó la jugadora de 33 años, campeona mundial en 2011.

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