Cartas de lectores

31 Agosto 2020

AUTOBOMBAS FORESTALES

A propósito de la carta al director del 28/08/2020 “Lucha contra el fuego”: me resultaron desconcertantes las expresiones vertidas debajo de la imagen de nuestras autobombas forestales estacionadas en nuestra repartición ubicada en el predio de la ex estación ferroviaria de El Bajo. Resulta que el lector Esteban Margaría ejerce su legítimo derecho de denunciar, pero no su obligación de estar debidamente informado. Podrán verse a través de este mismo medio, en los últimos meses, diversos artículos que dan cuenta de nuestra labor de coordinar y combatir esta reprochable práctica de los incendios. Allí también se verá a nuestras autobombas operando en medio de estos siniestros. Ofende más, el hecho que estas autobombas son conducidas incansablemente por jóvenes brigadistas que, aunque en escaso número, con profesionalismo y destreza se ocupan de estas arriesgadas labores. No obstante, la carta reconoce que estos vehículos se encuentran muy bien estacionados, limpios y en aparente buenas condiciones. Le informo que es así como se los debe conservar para usarlas bien donde se las necesite. Para finalizar, puedo brindar más información al respecto en nuestra repartición.

Fernando Torres

Director de Defensa Civil

cafetorres@arnet.com.ar

ESCRITORES

Estimo que críticos, periodistas, profesionales de las letras deberían pronunciarse en relación a la opinión de un escritor que afirma que Tucumán no tiene una tradición literaria (LA GACETA Literaria, 23/08). Muchas son las personas competentes que seleccionaron y compilaron trabajos de escritores tucumanos (Alba Omil, Honoria de Nader, Ana María Mopty de Kiorcheff, etc) acercando así las publicaciones a los medios periodísticos que seguramente las leyeron y tendrán una idea y conceptos acerca de los autores por lo que tendrían el modo de llenar tal supuesta carencia arriba mencionada y a la que alude Fabián Soberón. Sin tener la destreza necesaria puedo inferir que Tucumán tiene la tan mentada tradición. Lamentablemente, con frecuencia, es posible comprobar aquí y allá el modo de promover y difundir valores parcialmente, ignorando a otros. Para reconocer la capacidad y talento de un escritor hay que tener la visión profunda para reconocerla y aceptarla (no solamente del “canon oficial” que advierto no contempla un panorama amplio). Además, ¿cómo se debería proceder para que los libros que se publican sean leídos, conocidos, sopesados y discutidos por los lectores, los críticos, los estudiosos, los investigadores, los periodistas, etc.? Las publicaciones hechas con esfuerzo y en ediciones mínimas (no mayores a 200 ejemplares) son la mayor parte regaladas para dar a conocer la obras. Las redes sociales es evidente que generan una difusión me amplía de los escritores y no se puede hablar de desconocimiento -sí podría aceptar la palabra indiferencia- para llegar a un estudio general y completo de los autores tucumanos. En ese sentido, mi crítica al área cultural que debería ser precursora y responsable, principal difusora de nuestra literatura. En ese aspecto coincido con Soberón en que se precisan políticas estatales y privadas para posibilitar la difusión y valoración de nuestros escritores.

Nelly Elías de Benavente

San Miguel 675

San Miguel de Tucumán

SERVICIOS ESENCIALES

El presidente Fernández tomó la magnífica decisión de decretar como servicios públicos esenciales a la telefonía móvil, internet y televisión paga y con ello un congelamiento de tarifas hasta fin de año. Esta medida beneficia a todos los argentinos, no discrimina entre votantes o no del actual Gobierno. Sin embargo, y la verdad que no logro salir de mi asombro aún por esto: algunos comunicadores de medios tucumanos (también de medios nacionales, obviamente) manifestaron su desagrado y oposición a esta medida. Realmente increíble, pareciera que les molesta tener que pagar de menos por estos servicios. El problema es que quienes así se expresan son formadores de opinión y entonces terminan haciéndoles creer a sus seguidores que lo que es un beneficio termina no siéndolo. Indudablemente, una vez más, el odio al kirchnerismo los obnubila y les hace perder el eje sobre lo conveniente o no. Me parece apropiado informarles y así “llevarles tranquilidad” que las empresas más importantes que se “perjudicarán” con esta medida son muy poderosas, una de ellas es propiedad del grupo de medios más grande de la Argentina, otra es de uno de los hombres más ricos del mundo, el mexicano Slim, y otra pertenece a una multinacional de origen español. No se aflijan tanto entonces estos opositores a la medida ya que ninguno de los empresarios afectados dejará de “llegar a fin de mes” por esto. Lo que sí, millones de argentinos podrán tener un pequeño alivio en sus bolsillos en estos tiempos de pandemia en lo que estos servicios son absolutamente imprescindibles, ya sea para trabajar desde los domicilios o recibir clases y capacitaciones y también para tener acceso a esparcimientos mientras se respeta la cuarentena. Tal vez el presidente Fernández debería fijar como optativa la adhesión al congelamiento de tarifas así los detractores de esta medida pueden elegir, si quieren, por pagar con aumentos sin ningún problema. Obviamente que ninguno se anotará para hacerlo porque al final siempre terminan acogiéndose a los beneficios que les otorga el tan odiado kirchnerismo (durante 12 años hicieron eso sin ponerse colorados). En todo caso, lo que sí podrían hacer es donar lo que se van a ahorrar a comedores infantiles u otras entidades benéficas. Por suerte uno ya no los toma en serio pues sabemos que se opondrán a todo, no soportan ni siquiera las medidas que los favorecen a ellos mismos. A tal punto esto que, por ejemplo, si el kirchnerismo descubre una vacuna contra el dengue, son capaces de salir a “cacerolear” en solidaridad con el “pobre” mosquito.

Oscar Alberto Beltrán

oscarbeltran4765@gmail.com

CUARENTENA

“La única verdad es la realidad”. Esta frase, de uso común en la jerga política, define que la contundencia de los hechos supera a la retórica de los enunciados. Y luego de más de cinco meses de confinamiento podemos decir que la cuarentena más larga del mundo, dudoso privilegio, ha fracasado en su cometido. La explosión de infectados y muertos por el virus parecen dar cuenta de que el famoso y trágico pico de la pandemia ha llegado. Con el diario del lunes en nuestras manos nos preguntamos: ¿esto no fue calculado por el equipo de infectólogos que asesoran al presidente, que le aconsejaban no levantar las restricciones para evitar el contagio, mientras el virus esperaba pacientemente en la puerta de nuestros hogares a que saliéramos, para comenzar a hacer su tarea? Seguramente este momento ya hubiera quedado atrás hace mucho tiempo si se hubiera flexibilizado todo más rápidamente y no se hubiera terminado de fundir la maltrecha economía nacional heredada. Porque el desastre económico que el Gobierno nacional deberá arreglar ahora es culpa de la cuarentena, y no de la pandemia, lo contrario de lo que afirma el presidente Fernández. Este desmanejo sanitario es más evidente cuando hay países hermanos que no impusieron restricciones, como Uruguay por ejemplo, colocando la responsabilidad en la ciudadanía. Para redondear el concepto, en el origen chino de esta pandemia, todo volvió a la normalidad, conciertos musicales populares incluidos. Pero el punto cúlmine de este despropósito lo constituye el brutal atropello cometido a los derechos individuales y constitucionales, que bajo la invocación de la salud pública, hicieron el Gobierno nacional y los gobiernos provinciales. Así, nuestra Constitución quedó bajo la suela de los zapatos de la dirigencia política y fueron a prisión ciudadanos que osaron sacar a pasear el perro, andar en bicicleta, jugar al fútbol en la puerta de sus casas o simplemente salir a correr por un parque. El colmo de la indignación llegó con la prohibición de ver a su padre por última vez para una desesperada hija, afectada por una enfermedad terminal. Encabeza la lista el oprobioso gobierno de Santiago del Estero, amo y señor de la vida y voluntad de sus habitantes, que este diario reflejó oportunamente. Y no nos olvidamos de los muertos por la brutalidad policíaca de varias provincias, con los casos Luis Espinoza y Facundo Astudillo como triste ejemplo. Y cuando la suma de todos estos desatinos volcó a la ciudadanía a la calle, al presidente Fernández sólo se le ocurre decir que nadie va a doblegar su voluntad y fue más allá aún, echándole nafta a la grieta, diciendo que la gestión macrista fue peor que la pandemia. Queda así perfectamente aclarado que la división de los argentinos no será cerrada por esta obtusa dirigencia.

Ricardo A. Rearte

ricardorearte333@gmail.com

DÍA DE LA INDUSTRIA

El próximo 2 de septiembre se celebra el Día de la Industria. De la industria que trabaja y produce con pandemia, con la cuarentena más larga del mundo, con los impuestos más altos del mundo, con leyes laborales perversas, con altas tasas de interés, sin plan económico, sin financiamiento externo, sin horizonte y sin reglas de juego claras a largo plazo. Diríamos que es el día de la industria estoica, cuyo ejemplo fue la industria azucarera tucumana, donde hombres como don Alfredo Guzmán llevaron a la industria a una posición de liderazgo en el país, acompañada de una política social y cultural que fue verdadero ejemplo. Además de azúcar hacían escuelas, hospital, clubes, biblioteca para obreros y obras de beneficencia para la comunidad, como hogar de ancianos, etc. Pero hoy en el país, la gran industria es la política, que junto con el sindicalismo, ofrece para las ganancias atajos mucho más rápidos que el trabajo verdadero. Y algunos empresarios, cuya principal fuente de riqueza es la intriga en los pasillos de los ministerios. La mayoría de los políticos y sindicalistas de altos cargos, salvo honrosas excepciones, que las hay, rápidamente se hacen estancieros, se mudan a la avenida Alvear o viven en Parque Leloir (apellido de un ilustre premio Nobel e investigador científico). Sería interesante hacer un estudio de los padrones de Catastro para ver cuántas hectáreas del país pasaron a poder de políticos, sus cónyuges o testaferros. Pero lo claro es que hay en el país 200.000 productores menos que hace 40 años. La hoy principal industria es la gran hacedora de pobreza y villas miseria, transformando a los ciudadanos en pobres e incultos votantes por un poco de comida y sin ilusiones ni dignidad. Pero esta decadencia moral es tan profunda que va acompañada del relajamiento de los vínculos familiares y la difusión del aborto. Saldremos de estar en los últimos lugares en el ranking de países por baja competitividad, alta pobreza y miseria si volvemos a la industria productiva y al trabajo genuino y honesto. Y desmantelamos definitivamente la industria de la política y el sindicalismo. Así volveremos a festejar con orgullo y esperanza el día de la industria que hizo grande a este país, y dio trabajo y bienestar en la Argentina.

José Manuel García González

Josemgarciagonzalez@yahoo.com.ar

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