Cartas de lectores

30 Agosto 2020

Sanción a un juez

La Corte Suprema de Justicia de Tucumán acaba de sancionar con un llamado de atención, al Juez Enrique Pedicone por el voto coincidente  de tres de sus vocales (Daniel Leiva, Eleonora Rodríguez Campos y Antonio Estofán) mediante la Acordada nº: 782/2020. A los múltiples desaguisados que viene cometiendo la mentada mayoría, se le suma este, que de manera ostensible vulnera derechos y principios básicos de una sociedad democrática. Es que esos jueces supremos sancionaron al magistrado Pedicone sin respetar las más mínimas exigencias constitucionales, convencionales y legales. La mentada acordada vulnera e incumple la garantía a ser juzgado por un juez independiente e imparcial,  la del debido proceso y la de la defensa en juicio, reconocidas por la Convención Americana Derechos Humanos (art. 8, incs. 1 y 2) la Constitución Nacional (art. 18 ) y la Constitución Provincial (art. 24) y el Código Procesal Penal de Tucumán (arts. 1 y 2); todos de aplicación obligatoria para los señores jueces en cualquier tipo de proceso, incluido el administrativo, como es el caso. Qué podemos esperar los simples ciudadanos si nuestro máximo Tribunal sanciona a un juez amparándose en reglas de evidente menor rango (ley orgánica y estatuto del empleado público) desobedeciendo las normas que el Estado argentino y la Provincia de Tucumán se han obligado a respetar y hacer cumplir. ¡Dios nos libre y guarde!  

Arnaldo R. Ahumada ara@estudioahumadasalvo.com.ar

La grieta

Los 45 millones de argentinos hemos sido involucrados inocentemente en las noticias periodísticas de las peleas entre dirigentes políticos con declaraciones imputándose recíprocamente por el despilfarro de los dineros públicos con sospechas de corrupción. Nos colocan a ambos lados de la irritativa “grieta”, cual si fuéramos dos ejércitos enfurecidos listos para entrar en guerra. Se trata de los políticos de todas las denominaciones y colores que, cuando asumen el gobierno declaran: “hemos heredado un país fundido; fueron un desastre económicamente y dejaron al pueblo más pobre que nunca”; y ahí nace la “grieta”, pero entre ellos, y nos usan, involucrándonos. Mi intención en esta  carta es reseñar que lamentablemente este hermoso país, desde su primer presidente hasta hoy, se ha endeudado escandalosamente. Bernardino Rivadavia pidió un préstamo de 2,8 milllones de libras esterlinas  al banco inglés Baring Brothers, que únicamente envió 570.000 pero terminó cobrando 23,7 millones y como no teníamos ni un cobre para pagar tuvimos que malvender dos buques fragata de guerra ¿A quién? A los ingleses. El 01/07/1824 le pedimos otra vez un préstamo al banco inglés Baring por 1 millón de libras esterlinas; cinco años después, cuando los prestamistas ingleses invaden nuestras Islas Malvinas, no teníamos buques de guerra para la defensa.  Siguen los gobiernos de Juan M. de Rosas, Bartolomé Mitre, Domingo F. Sarmiento, Julio A. Roca, Nicolás Avellaneda y Juárez Celman, en cuyo mandato ocurre la llamada “fiebre británica” por la construcción de ferrocarriles; pero en el año 1890 el gobierno argentino se declara en bancarrota. No teníamos dinero para devolver ¿A quién? A los ingleses, y tras largos y penosos cuatro años recuperamos un poco de crédito pero la deuda seguía en 922.545 pesos oro. que siguió creciendo con los gobiernos de José F. Alcorta, Roque Sáenz Peña, Victorino de la Plaza, Hipólito Yrigoyen, Manuel T. de Alvear, José E. Uriburu, Agustín P. Justo y Pedro Pablo Ramírez, en cuyo mandato se creó el Banco de Desarrollo Industrial. Este movilizó fondos para el fomento de la industria, logrando éxitos cuyos superávits frenaron el aumento de la deuda externa. Al finalizar la guerra mundial, a raíz de haberles vendido a los países involucrados alimentos, insumos, toda clase o tipo de metales para ellos de utilidad, la reserva de oro en nuestro Banco Central era superior a los 1.300 millones de dólares. Juan D. Perón en 1952 pagó el total de la deuda externa, pasando a ser acreedor con $5.000 millones, que utilizó para construir hogares escuelas, hospitales y fomentó el deporte. Pero en 1955 Pedro E. Aramburu declaró “el país no tiene ni un peso” y contrató con bancos europeos préstamos por 700 millones de dólares. Al finalizar la llamada “Revolución Libertadora” la deuda creció a más de 1.100 millones de dólares; Arturo Frondizi después  deja una deuda de 1.200 millones de dólares. Vuelven los militares con Juan C. Onganía y Alejandro Lanusse y la deuda asciende a 4.800 millones de dólares. Al finalizar el mandato de Estela M. de Perón nuestra deuda creció a 7.800 millones, que con el gobierno militar trepó a 45.000 millones de dólares. De Raúl Alfonsín a Néstor Kirchner trepó a 250.000 millones; Cristina Fernández la deja en 145.000 millones y Mauricio Macri en 275.000 millones. Según información periodística internacional nuestra deuda hoy está en 332.000 millones de dólares. Pesos más, pesos menos. La “grieta” es verso creado por los altos políticos que gobernaron y seguirán gobernando, y nos quieren involucrar a los 45 millones de argentinos cuya jubilación mínima es de $18.000, a diferencia de ellos que sin aportes previsionales al final de su mandato, o antes, van a cobrar $400.000.  

Ángel Ricardo Salguero

salgueroricardoangel@gmail.com

On ne tue point les idées

Con relación a las consideraciones efectuadas en cartas de los señores Zelaya (22/8) y Mirande (28/8) sobre los alcances y/o traducción de la expresión de referencia aporto la siguiente información: en el libro Grammaire  du Français Classique et Moderne de los autores R.L. Wagner y J. Pinchon, librería Hachette, págs.397/402 (año 1962) se explica que las negaciones pas y point corresponden a lo que en la obra se tipifica como negación total en contraposición a lo que denominan negación parcial. Por su parte en  Grammaire Française de J.Dubois, G. Jouannon y R.Lagane, librería Larousse, pág. 124 (año 1961) se expresa que, tratándose del campo usual, la negación pas es la que se utiliza, mientras que point es una negación literaria. A mí me parece que, aunque ambas expresiones constituyen una negación, las consideraciones que dichos escritores realizan sobre el empleo de tales palabras contemplando el regionalismo, el medio social, el pensamiento de diversos literatos o tratadistas etc. induce a pensar que no existiría una absoluta coincidencia en el alcance de las mismas. El “Cuyano Alborotador” (así lo llamó a Sarmiento la agradable pluma de José Ignacio García Hamilton) escribió su obra Facundo con la frase que motiva estas cartas y cita a Fortoul (algunos dicen Fartoul). A continuación de la frase en francés aparece la frase en castellano (¿traducción de Sarmiento?) “a los hombres se degüella, a las ideas no”. Sarmiento conocía muy bien el francés así que es factible considerar que, culto como era, haya optado a sabiendas por el uso de point y no de pas y que lo manifestado en castellano sea un uso extensivo de la frase francesa a la realidad que lo rodeaba. En lo tocante al verbo tuer el diccionario Nouveau Petit Larousse Ilustrée, librería Larousse, año 1961, explica que significa quitar la vida de una manera violenta. No expresa que el significado de ese verbo, aplicado a los humanos, tenga la connotación de degollar. Sí dice que es aplicable para el caso de decapitar ciertos animales. A su vez el verbo égorger sí se define con aquel alcance. Aclaremos que al quitarle la vida a alguien no siempre se lo degüella. Pero siempre que a alguien se le corte la cabeza se le quita la vida. Párrafo aparte merece el pensamiento de que las ideas son inmortales. Algunas perduran en el tiempo, otras no.

Eduardo Nieto

edumaxini@gmail.com

Día del árbol

A partir del consabido concepto de calentamiento global, las gestiones municipales del  arbolado urbano deberán orientarse hacia nuevos paradigmas. La mirada como valor estético, ornamental y paisajístico, deberá girar hacia los beneficios físicos y biológicos que los árboles nos proporcionan considerando en su conjunto como un servicio público esencial. La Ley Provincial del Arbolado Urbano 8.991, aún sin reglamentar, acepta tal calificación, pero sin considerar su gestión como Política de Estado en igualdad con los demás servicios (luz, agua, gas, transporte, etc.) En esta circunstancia jamás se podrá lograr una gestión acorde a la dramática situación ambiental a la que está sometida la humanidad, s+olo si se confía en el aporte individual que puedan hacer los vecinos. La naturalización o selvatización de ciudades es la manera que más temprano que tarde deberá afrontar la especie humana. Es una tarea titánica que requiere de tiempo, que lo estamos perdiendo, costos y gestión sostenible que solo se logrará mediante política de Estado. Es necesario estudiar la factibilidad de crear empresas municipales de arbolado urbano autárquicas y autónomas con esquemas similares a los de otras empresas. La dificultad, sin dudas, es cómo originar presupuesto que permita su funcionamiento, tarea cuya responsabilidad e ingenio recae en los representantes ante la Legislatura provincial. El efecto invernadero a que estamos sometidos en nuestras ciudades las transforman en verdaderas islas de calor, más la contaminación de la atmósfera que respiramos atentando la salud pública y la calidad de vida de sus habitantes. La energía global que se utiliza para sostener la sociedad consumista, requiere cada vez más de energía fósil. Solamente el petróleo ya pasó los 30.000 millones anuales de consumo de barriles de 159 kg cada uno, cifra ya escandalosa para el incremento del calentamiento global. Alguien decía que la especie humana es la única que va hacia su propia destrucción.

Raimundo Pedro Buiatti

Presidente Sociedad Amigos del Árbol

raibui@hotmail.com

Pájaro sin hogar

Como nosotros queremos a nuestro hogar, también el pájaro ama la hoja del árbol. ¡Qué triste sorpresa será para él llegar, sin hallar de pie al amigo centenario! Con el alba se ausentaron las bandadas, del majestuoso árbol que les dio su abrigo; van por insectos sobre la tierra arada, algunas por fruta, otras, dorado trigo. Secretario de Dios, escribió en el cielo, feliz el pájaro cantando todo el día, agradecido del campo, el buche lleno y rumbo al hogar vuela henchido de alegría. Pero un hombre de corazón duro, egoísta, sin compasión libero el “tigre de acero”. Yace en el suelo un gigante que agoniza, con un gran tajo, mortal, limpio y certero.

Juan Ignacio Zamora Seco

juanizamoraseco@hotmail.com

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