Unidos y fortalecidos en el amor

Cuando competían, se entendían en la derrota y en el triunfo; ahora también equilibran la vida sin descuidar la familia.

30 Ago 2020 Por Mariana Apud
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VELOCIDAD. Los Carrasco sólo quieren acelerar.

Un príncipe azul completo

“Soñaba con correr, pero no me animaba hasta que apareció él”, cuenta Ingrid Lorenzo Mazza. A la dama se le presentó “el” príncipe azul de los “fierros” que después fue el de los cuentos. “Nos conocimos un 20 de marzo de 2016 y nos casamos el 10 de enero de 2019”, detalló la monteriza las fechas clave de la formalización del amor con Marco Carrasco.

Ella, aspirante a la alta velocidad en sueños, él piloto de rally y karting, esa fue la combinación que el destino quiso hacer. Ingrid cumplió su anhelo en la butaca de navegante de “El Bandido”, el Fiat 128 que manejaba su esposo. “No le tenía mucha fe”, recordó Carrasco cuando le armó por primera vez el karting, pero después de debutar en el podio con una tercera posición ya se entusiasmó. No es que era necesario, pero el deporte fue determinante para querer consolidar la relación en el altar. “‘En la única que confío es en vos’, me dijo cuándo me propuso ser su navegante”, contó Ingrid. En aquella carrera a “El Bandido” le falló la caja de cambios y tuvieron que abandonar. “Lo mismo fue tremendo para mí”, dice con pasión la navegante y piloto.

Tanto es que el deporte atraviesa la vida del matrimonio “fierrero” que los souvenirs (foto de la esquina superior derecha) y las invitaciones para la boda estaban relacionados al automovilismo. Parece que con la misma pasión que sus padres llegó Lina, que prefiere ver videos de carreras en el regazo de su papá, antes que le lea un libro. “Desde que está en la panza, me subo a un auto o a un kart, y se mueve terriblemente. Ahora, es una loca por los autos”, contó su mamá.

Pablo Cerisola-Carolina Schwab

Pablo dice que no estaban juntos cuando llegaron a Tucumán de Gimnasia, ella remarca que sí. “Llegó al club a los 20. Habíamos estado de novios, pero nos peleamos y volvimos cuando ella tenía 22 o 23. O sea que no estábamos de novios”, contó con humor Cerisola. “Su” mundo está marcado por el voley: Pablo es el presidente del club, Carolina jugó hasta los 35 años y sus dos hijos juegan en Tucumán de Gimnasia.

Martín Pintado-Daniela Domínguez

Separados por la camiseta, pero unidos por el amor, Martín Pintado y Daniela Domínguez pudieron mantener una relación saludable desde adolescentes hasta hoy porque estaban en la misma: ambos en las primeras divisiones de los equipos de rugby, él en “Uni”, y de hockey, ella en Tucumán Rugby. “Lo bueno de haber sido deportistas los dos es que entendíamos las cargas horarias y si estábamos ausentes para algún evento especial, era entendible porque los dos lo vivíamos”, explicó la ex Leoncita. Antes de la pandemia, ambos mantenían el amor por el deporte jugando al fútbol en torneos amateurs con los horarios bien acomodados para no descuidar a sus tres hijas: las mellizas Felicitas y Trinidad y Juliana.

Nicolás Cappetta-Agustina Landers

“En nuestro caso, ya nos conocíamos de antes, de la vida. Nos entrenábamos en el mismo grupo, pero en distintos horarios. Después empezamos a hacerlo juntos”, contó Cappetta. “A pesar de no vivir para el deporte que hacemos, es nuestra forma de vida”, explicó el sentimiento común que alimenta en gran medida a la relación. “No hubiese llegado a lo que soy, si no fuera por ‘Nico’”, reconoció Landers. Ambos se entrenan para competir en pista en fondo y medio fondo.

Lucas Victoriano-Paula Palomares

Empezaron siendo amigos en Zaragoza, España. En esa ciudad Lucas Victoriano y la española Paula Palomares Valiente formaron un equipo entre ellos, mientras jugaban en las ligas de básquet para CAI y Mann Filter, respectivamente. “Cuando me retiré fue cuando le pedí tener un hijo porque sentía que iba a tener tiempo y porque quería ser un padre presente”, contó en una entrevista el jugador que se inició en Juan Bautista Alberdi, fue subcampeón mundial con Argentina y es papá de Carlota.

Pescaron una buena relación

Si bien los dos son jujeños, se conocieron en Tucumán. Ni Marcos Gutiérrez, exarquero de San Martín con sello de ídolo en La Ciudadela ni Cristina Arrueta, jugadora de voley en Tucumán de Gimnasia, sabía quién era uno y otro. “Habrá sido casualidad o causalidad que los dos éramos deportistas y será por ese motivo, suponemos, habrá nacido la atracción”, cuenta Arrueta desde Rosario donde “El Anguila” ahora es técnico y ella sigue siendo jugadora de voley. La pandemia frenó la última experiencia del ex arquero en el club Renato Cesarini y sólo queda esperar, elegir alguna de las propuestas y que la actividad se reactive. “Nunca sabemos dónde nos llevará el fútbol”, reconoció Arrueta. Entiende, al igual que Gutiérrez, cómo funciona la dinámica del “mundo deporte”. “Que los dos seamos deportistas ayuda mucho a la pareja. Entendemos muy bien lo que siente el otro cuando pierde o gana, sabemos muy bien lidiar con esos estados de ánimo. Marcos principalmente porque el fútbol es su trabajo y conlleva miles de presiones y responsabilidades que no los tiene un deporte amateur como el que yo practico”, analizó Arrueta.

“De Tucumán tenemos los mejores recuerdos. Está nuestra casa, los mejores amigos y nuestros hijos anhelan volver”, comentó. Sin embargo, Rosario le pelea el primer puesto a “El Jardín de la República” porque tiene buen pique. “Estamos a unas cuadras del río Paraná. A los dos siempre nos gustó pescar, pero antes no íbamos mucho porque cuando Marcos jugaba no tenía tanto tiempo libre y no había lugares cerca. Nuestros hijos, además, eran muy chicos. En Rosario, con nuestras actividades cotidianas suspendidas, lo hacemos muy seguido y con Mateo y ‘Cande’. Lo disfrutamos muchísimo, es un momento hermoso cuando vamos solos los dos y más en familia”, relató Arrueta.

Juntos en la línea de cal

“El deporte tuvo que influir en nosotros porque sentíamos lo mismo. ¿Qué hombre suele conversar u opinar de un partido con su mujer? Nosotros lo hacíamos y la seguimos”, comenta feliz Claudia Marcela Lencina de origen deportivo en el hockey. “Tenemos toda una vida juntos en el deporte”, dice Florencio Robles, director de los planteles de fútbol femenino de Atlético. Entonces fútbol y hockey son, luego de 33 años de casados, bases de la relación que tienen.

El deporte los acompaña fuertemente desde que se conocieron porque la hermana de Florencio era compañera de escuela de Claudia. “Los dos fuimos deportistas de jóvenes. Algunas veces la acompañaba al complejo de San Martín a verla en sus partidos. Cuando ya estábamos casados, me contó que tenía ganas de jugar al fútbol. ‘Dale si, a vos te gusta mucho’, le dije y ahí empezó a practicar los dos deportes. En 2003 empecé a ayudarle al técnico, Alberto Barraza, que dirigía a las chicas de San Martín y a mediados de 2004 empecé yo a dirigirlas”, detalló Robles. Colgados los botines y el stick, Claudia se puso el buzo de DT. Primero dirigió a San Martín B y luego empezó a formar dupla en selecciones tucumanas. “Dirigimos con total normalidad porque ya veníamos trabajando juntos. Somos exigentes al armar un equipo porque nos gusta ganar y no tenemos diferencias”, sintetizó la filosofía “Robles-Lencina” que sus hijos no comparten. La primera DT diplomada del NOA comentó entre risas lo que piensan Tamara, Michelle y Kevin: “no son para nada futboleros, ni deportistas, sólo van al gimnasio. Es más, siempre nos dicen que los cansamos hablando de fútbol”.

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