SON HISTORIA. Las vallas fueron trasladadas por personal de la Municipalidad. la aceta / fotos de osvaldo ripoll LA GACETA / FOTOS DE OSVALDO RIPOLL
La ansiedad desbordante finalmente estalló en reencuentros emocionados. Las cuatros manzanas valladas del barrio Municipal de Concepción se inundaron ayer a la mañana de lágrimas y sonrisas de alegría. No hubo abrazos en razón del protocolo de bioseguridad que está en vigencia. Pero las miradas y las charlas animadas, contenidas durante 14 días, reflejaron los pesados afectos.
Hasta el intendente, Roberto Sánchez, en un momento de su discurso acusó el impacto de la emoción. El ahogo suspendió sus palabras unos segundos. Y siguió con mucho esfuerzo. “Hoy llegamos a un final feliz gracias a la comprensión de todos”, sentenció. Exactamente a las 9.20 de ayer autoridades del Sistema Provincial de Salud (Siprosa), municipales, ediles y vecinos del lugar procedieron al levantamiento del cerco sanitario que estableció en el barrio Municipal hace dos semanas el Comité de Emergencia de la provincia (COE).
La medida fue instrumentada con el objetivo de evitar la propagación de la covid-19. Se hizo tras confirmarse en el lugar seis casos con ese virus. “El resultado de este trabajo fue positivo porque se frenó el avance del coronavirus en el barrio a partir del trabajo del equipo sanitario y el hecho de que la gente respondió a todas las medidas de prevención”, dijo la médica Aida Carrizo, jefa del Área Programática Sur del Siprosa. “Aquí se realizaron unos 400 tests rápidos y de anemia que llevaron a descartar la mayoría de casos sospechosos o de contactos y a confirmar cuatro positivos. Así este lugar sumó 10 covid-19 en total”, añadió la profesional.
Rossana Ibáñez, jefa del área operativa Concepción del Siprosa, agradeció a los vecinos “que hicieron el aguante cuidándose y permitiendo que los cuidemos”. También lo hizo extensivo al personal sanitario desplegado en el lugar y a “otros que no fueron visibles en esta tarea -dijo-, pero que estuvieron haciendo el acompañamiento”. “La batalla no está ganada. Hay que seguir cuidándose respetando las medidas de bioseguridad”, advirtió.
El intendente Sánchez también reconoció el esfuerzo que hicieron los vecinos al permanecer aislados para evitar la propagación del virus. “Al principio estuvieron muy ansiosos y con el paso de los días entendieron de lo que se trataba. Hoy llegamos a este final feliz en que procedemos a sacar estas vallas”, agregó. Agradeció el trabajo del personal municipal, de la policía, del Ministerio de Salud, del Interior y de Desarrollo Social de la provincia. La primera valla desplegada en la esquina de Almafuerte y Juramento fue levantada por el vecino Martín Albino Salgado. Después fueron desfilando otros para sacar a las restantes, hasta que con la labor de operarios municipales el paso quedó totalmente libre. Del lado externo del vallado había numerosas personas esperando el reencuentro con sus parientes.
Reencuentros
Hilda Alincastro fue una de las primeras en llegar al acceso en un ciclomotor con las ansias de volver a ver a sus padres Carlos Alincastro y Mercedes Trejo. “Son personas enfermas que desde hace dos semanas no las veo. Sé que están bien porque la Municipalidad y la gente de salud estuvieron asistiendo a todos los vecinos. De todas maneras a mis viejos los extraño un montón y ahora no hallo la hora de encontrarme con ellos”, apuntó.
Doña Felisa Herrera (67 años) es una paciente oncológica que lloró emocionada al volver a levantar en sus brazos a su nieto Feliciano, de ocho meses. El pequeño y su madre Cristina Mansilla viven en el sector que estuvo vallado. “Fueron días interminables al no poder ver a quienes uno más quiere. La enfermedad me enseñó a ser fuerte y luchadora. Pero el estar lejos de mi nieto e hija a veces me quebraba. Hoy estoy muy feliz”, comentó Felisa. “Fueron días duros. Al principio había mucho miedo. Cuando nos hicieron los estudios pensábamos que todos estábamos contagiados. Luego nos tranquilizamos porque los resultados dieron negativo”, contó Cristina. “La gente de la Municipalidad y de Salud nos asistieron muy bien. Estamos muy agradecidos de ellos”, apuntó.
Francisco Basualdo dijo que es un paciente con Covid-19 recuperado que estuvo un tiempo aislado en la Casa de Caná. “Lo vivido fue como una pesadilla ya que pensé lo peor de la enfermedad. Los síntomas que tuve no fueron fuertes y los días pasaron hasta que finalmente me dieron de alta. Entonces regresé a casa”, contó el hombre. “Aquí me di con el vallado y sin la posibilidad de ver a mis padres. Fue terrible. Muchos salimos adelante gracias al acompañamiento de la intendencia y el personal de salud”, reconoció.
Guillermina Romano por momentos lloraba y otros reía, mientras celebraba su reencuentro con su madre Amalia Almaraz y su hijo Guillermo. “Vivo en Los Vegas y los días se me hacían interminables al no poder venir a ver a mi madre y mi hijo que quedó aquí cuando se instalaron las vallas. Hoy finalmente estoy de nuevo de ellos. Es un gran día”, concluyó.








