HÉCTOR LARREA. El conductor sigue haciendo radio a sus 82 años. TÉLAM

El jueves se celebrarán los cien años del nacimiento de la radiofonía en la Argentina, con la transmisión por streaming desde el Teatro Coliseo. Fue allí donde, la noche del 27 de agosto de 1920, se transmitió la ópera “Parsifal” -de Wagner- interpretada por la orquesta del Teatro Constanzi de Roma y la compañía lírica del Teatro Municipal de Río de Janeiro, de visita en Buenos Aires. La señal era irradiada mediante un transmisor de 5 watts ubicado en el “paraíso” del teatro. Solo en Holanda y Canadá se habían registrado hasta entonces emisiones radiales de este tipo. Recién unos meses después se produjo la primera transmisión de radio en los Estados Unidos.
Los artífices serían conocidos como los “locos de la azotea”. Eran integrantes de la clase porteña más acomodada: Enrique T. Susini, Teodoro Bellocq, Miguel Mujica, César Guerrico y Luis Romero Carranza. Tras su emisión de prueba, comenzaron a transmitir de manera regular en un horario preestablecido.
Héctor Larrea, conductor del homenaje que producirá Radio Nacional y en el que participarán desde diferentes emisoras destacados protagonistas de la radio argentina, sigue en plena actividad a sus 82 años y actualmente conduce “El carromato de la farsa”, que se emite de lunes a viernes de 14 a 16 por Radio Nacional.
“Yo tuve la suerte de tener dos padres que eran dos seres angélicos, buena gente, me enseñaron lo que me tenían que enseñar pero sin decírmelo, con mucho amor, con mucho cariño, con actitud. Ellos me consiguieron la primera radio, antes yo escuchaba radio en la casa de mis tías”, recordó el locutor nacido en la localidad bonaerense de Bragado.
Fanático del tango y de Carlos Gardel, el conductor comentó que recibe el reconocimiento de la gente, sobre todo en los últimos años. “A veces voy a algún lugar y viene gente a saludarme y me hablan de sus infancias, me dicen que me escuchaban con su abuela, su papá o su mamá”, relató.
Sobre las limitaciones que impone la pandemia y la forma en que debe armar el programa desde su casa confesó: “es un despelote”.
“El programa lo armo en mi casa y se lo tengo que pasar a otra persona y esa persona a otra persona. Después, cuando lo selecciono lo disfruto, porque yo tengo que escuchar todo y cuando lo pongo en el aire es un festival de disfrute”, dijo.
Con respecto a su receta para mantenerse tan activo a su edad, Larrea lo atribuye a su carácter. “Tengo la fortuna de una buena garganta, una voz vigente, me cuido, no fumo, no bebo, no he trasnochado nunca porque yo siempre quería darle a la radio lo mejor, porque la radio me daba cosas muy buenas a mí -reconoció-. Hay una cosa que se llama farándula o ambiente artístico, entre comillas, que es una pavada, porque eso implica siempre acostarse tarde. Esas cosas son nocivas siempre. A mí la radio siempre me requirió trabajar de mañana, yo he llegado a levantarme diariamente a las cuatro y media de la mañana durante años para salir a correr y poder respirar bien durante cinco horas, que era lo que llevaba la radio”.
Futuro promisorio
Por su parte, el periodista Víctor Hugo Morales (72), ícono de la radiofonía argentina desde su llegada desde Uruguay a principios de los ‘80, resaltó la permanencia de la radio como soporte mediático y opinó que seguirá vigente.
“Uno no tiene la exacta dimensión de lo que ocurrirá con el paso de los años, pero cree en la perdurabilidad de la radio, en la sensación de que seguirá viva aún con el tiempo”, dijo el comunicador .
“La TV parece tener los días contados. La irrupción de otras plataformas la ha dañado severamente”, consideró el conductor de “La mañana de Víctor Hugo”, por AM 750.
“Los jóvenes de hoy casi no ven televisión. El medio ocupa una franja menor de tiempo del que ocupaba años atrás. La TV está más agredida por los demás medios audiovisuales -amplió Morales-. Programas de televisión que hace años hacían 25, 30 puntos de rating hoy a duras penas llegan a 10. Y eso no es culpa de que no hay figuras”.
Víctor Hugo, reconocido como un gran relator de fútbol, comparó a los narradores actuales con músicos de jazz. “Deben saber de lo que hablan; son como los músicos de jazz. Si no pueden tocar, la gente se daría cuenta que desafinan - ejemplificó-. La radiotelefonía ha ido evolucionando de manera tal, que el narrador debe mostrar una concentración superior a la de cualquier espectador”.
“Cada uno va encontrando su estilo. En mi caso busqué, dentro de un cierto desenfado, un intento literario para promover una mayor creatividad”, dijo. Y se manifestó entusiasmado por las nuevas formas de hacer radio, por internet.







