El acuerdo con bonistas quita presión al dólar oficial, pero no al libre

Los analistas consultados por LA GACETA consideran que el Gobierno sólo compró tiempo, con el entendimiento alcanzado con los acreedores, y que en ese lapso debe proyectar qué tipo de país será Argentina más allá de la pandemia del coronavirus.

06 Ago 2020 Por Marcelo Aguaysol
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ECONOMÍA BIMONETARIA. La constante emisión de pesos puede disparar el tipo de cambio y, a su vez, la inflación. reuters

“No hagamos una teoría de un solo día, a ver si mañana sube y me tienen que llamar otra vez”. Con su particular estilo, cada broma que lanza el economista Juan Carlos de Pablo lleva una profunda certeza. El acuerdo alcanzado entre el Gobierno nacional y los bonistas tuvo un efecto emocional en el mercado que se da cada vez que la Argentina encarrila su rumbo económico y financiero. Son las señales que el sector público lanza para recuperar cierta confianza de aquellos que invierten. Sin embargo, en la multiplicidad de cotizaciones que existen en la Argentina, el impacto de la “nueva normalidad” financiera argentina, la de un país que honrará sus deudas y que pretende no caer nuevamente en default en el tipo de cambio no será simétrica, coinciden los expertos consultados por LA GACETA.

Según el economista Gustavo Ber, el alivio por el acuerdo por la deuda externa otorga un alivio que debe ser aprovechado rápidamente para avanzar con los desafíos económicos, acentuados por la pandemia del coronavirus. “Ello se debe a que la acelerada emisión monetaria -para financiar el elevado déficit fiscal- representa un riesgo inflacionario y/o cambiario en el tiempo”, puntualizó el consultor durante un contacto con nuestro diario. Este escenario, de acuerdo con su criterio, se observa no sólo en los dólares financieros, sino también en la mayor presión sobre el dólar oficial, que viene dejando recientemente un saldo negativo para el Banco Central (BCRA) en sus intervenciones a pesar del gradual deslizamiento que valida, así como en la creciente demanda en el dólar solidario que presiona en las reservas.

Tras los festejos de los operadores por las auspiciosas perspectivas del canje externo, que se estima podría llegar a una elevada adhesión suficiente para activar las CACs y así evitar holdouts, se reconoce que el camino recién comienza. “Esto no sólo se debe a que queda avanzar con el canje ley local - que se descuenta será exitoso - y el FMI, sino que además las autoridades deberán encarar los desafíos económicos, acentuados por la pandemia, que requerirán articular metas fiscales y monetarias que transmitan confianza”, enfatiza Ber. A nivel cambiario, el economista apunta que se repite el gradual deslizamiento del dólar mayorista -que cerró en los $ 72,62- dado que el BCRA sigue validando dicho ritmo más allá del saldo negativo que vienen dejando recientemente las intervenciones. “Luego del marcado descenso por el acuerdo con los bonistas, los dólares financieros presentan una mayor calma mientras los operadores siguen atentos a la dinámica monetaria ya que reconocen que tiene asociados riesgos - inflacionarios y cambiarios - en el tiempo”, insiste.


Amplia variedad

La cotización del dólar para la venta al público cerró ayer en $ 76,88 en promedio, con una suba de 19 centavos con respecto de la víspera, mientras que en el mercado bursátil el contado con liquidación (CCL), cuya operatoria culmina en coincidencia con el cierre de la Bolsa de Comercio, marca un leve descenso de 0,1%, hasta los $ 119,05. Por su parte, el dólar MEP operaba en alza, en este caso de 0,5%, y se negociaba en $ 116,90 por unidad. Asimismo, el dólar con el recargo de 30% -contemplado en el impuesto País-, culminó la rueda en un valor final de $ 99,94.

El denominado dólar informal o blue marcaba un avance de un peso respecto a la víspera, a $129 por unidad. Gustavo Quintana, analista de PR Corredores de Cambio, señaló a la agencia Télam que la demanda para atender obligaciones con el exterior requirió ayer nuevamente de la asistencia oficial para suplir el faltante de oferta genuina en el mercado.

En una economía bimonetaria como la Argentina, el punto central para que se estabilice el dólar en las pizarras pasa por el hecho de que la gestión del presidente Alberto Fernández deje de emitir tanto dinero, afirma a LA GACETA el analista bursátil, Christian Buteler.

“El Gobierno tal vez pueda contener la cotización del dólar oficial; de hecho lo está haciendo con algunas restricciones que adoptó. Pero si le sigue dando a la maquinita, el dólar libre -con la que se mueve gran parte de los agentes económicos- seguirá moviéndose. Sería un milagro que no lo haga”, destaca. Al igual que Ber, Buteler señala que será acotado el período de tranquilidad cambiaria en el país y que, en ese tiempo, el Gobierno nacional debe adoptar las medidas macroeconómicas y proyectarlas para que la Argentina encuentre el rumbo hacia el crecimiento. “Claramente, si no hubiese habido acuerdo, la presión sobre el dólar sería mayor por el efecto desconfianza. El entendimiento arribado tal vez pueda quitarle presión temporal, pero todo dependerá de lo que emita la Nación”, subraya. El analista recuerda que, a fines del mes pasado, el Banco Central volvió a girarle fondos al Tesoro; fueron $ 55.000 millones en concepto de “Adelantos transitorios”. “De esta forma julio terminó con giros por $ 220.000 millones y en el año suman casi $ 1,5 billón”, remarca. “Es imposible que eso no repercuta en el dólar. Por eso creo, que el Estado puede llegar a controlar la cotización oficial, pero el valor libre se negará a esas intervenciones”, finaliza.


Un camino complejo

Tras meses de difíciles negociaciones, el Gobierno dijo que ajustaría algunas fechas de pago y cláusulas legales para mejorar lo que se había anunciado como la oferta “final” a principios de julio, sin modificar el pago general de capital o intereses. “Si Argentina no llegaba a un acuerdo con los bonistas, el país hubiera estado en una situación muy complicada”, dijo el economista Miguel Kiguel en declaraciones radiales, aunque recalcó que el camino por venir no deja de ser complejo. De todas maneras, el mercado está saludando el acuerdo. Por caso, el riesgo país, medido por la banca internacional JP Morgan, ha cerrado ayer en 2.027 puntos básicos, una baja del 4% para el caso argentino.

Dentro de la banca privada, los operadores comparan la situación argentina al de una olla a presión. “Es como que si el acuerdo arribado con los bonistas ha liberado una tapa y, lentamente, va cediendo esa presión sobre el tipo de cambio”, reconoce a nuestro diario una fuente de una entidad bancaria privada.

¿Qué es lo que se comenta en ese ámbito y cuáles son las proyecciones? Varios operadores lo resumieron del siguiente modo:

• El arreglo con los acreedores era una condición necesaria e indispensable para poder pensar en un proyecto de país a un plazo más largo.

• El acuerdo despeja la incertidumbre y alienta la posibilidad de que, en algún momento, la Argentina vuelva al mercado voluntario de créditos externos.

• La presión sobre el tipo de cambio volverá a reflejarse en la medida que el Gobierno no haga las cosas bien. Lo que ha hecho con el arreglo es comprar tiempo. Pero tiene que dar señales, internas y externas, de ordenar la situación del país con un plan macroeconómico.

• La Argentina sigue siendo un paciente terminal; pero dándole el remedio para regularizar la deuda, ahora puede concentrarse en otros órganos dañados. La situación seguirá siendo crítica en la medida que no se reactive la economía y, además, se sostenga la cuarentena, que viene destruyendo el nivel de actividad.

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